1 Crónicas

Primer Libro de las Crónicas

1 Crónicas - Primer Libro de las Crónicas

La sección «1 Crónicas» del Libro Histórico de la Biblia es una de las partes más interesantes y detalladas del Antiguo Testamento. Este libro, también conocido como «Primer Libro de las Crónicas», es una crónica histórica que relata la historia del pueblo de Israel desde la creación del mundo hasta la muerte del rey David.

A lo largo de sus capítulos, «Crónicas 1» presenta una gran cantidad de detalles sobre la vida y las acciones de los reyes de Israel, así como sobre los ritos y ceremonias religiosas que se llevaban a cabo en el Templo de Jerusalén. También se destacan las genealogías y linajes de las tribus de Israel, lo que proporciona una visión detallada de la estructura social y política de aquellos tiempos.

El Primer Libro de las Crónicas se divide en dos partes principales: la primera (capítulos 1-9) contiene una serie de genealogías que vinculan a David con Adán, el primer hombre, y con las doce tribus de Israel. La segunda parte (capítulos 10-29) relata los acontecimientos de la vida de David, desde su elección como rey hasta su muerte, pasando por sus victorias militares, sus pecados y arrepentimientos, sus preparativos para la construcción del templo, y sus disposiciones para la sucesión de su hijo Salomón.

Además, «1 Crónicas» también presenta una visión profunda de la importancia de la fe y la obediencia a Dios en la vida del pueblo de Israel. A lo largo de la obra, se destacan los momentos en que el pueblo se aleja de Dios y las consecuencias que esto tiene, así como las bendiciones que reciben cuando vuelven a seguir sus mandatos.

En definitiva, «Crónicas 1» es un libro fundamental para entender la historia y la cultura del pueblo de Israel, así como para reflexionar sobre temas universales como la fe, la obediencia y la importancia de mantener nuestra conexión con la divinidad. En esta sección de «Sagrada Escritura«, exploraremos en detalle las historias y enseñanzas que se encuentran en este libro, y analizaremos su relevancia y significado para nuestra vida en la actualidad.

1 Los descendientes de Adán

1-4 Los descendientes de Adán son: Set, Enós, Cainán, Mahalalel, Jéred, Henoc, Matusalén, Lámec, Noé.

Los descendientes de Noé

Los descendientes de Noé son: Sem, Cam, Jafet.

5 Jafet tuvo siete hijos: Gómer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mésec, Tirás.

6 Gómer tuvo tres hijos: Asquenaz, Rifat, Togarmá.

7 Javán tuvo cuatro hijos: Elisá, Tarsis, Quitim, Rodanim.

8 Cam tuvo cuatro hijos: Cus, Misraim, Fut, Canaán.

9-10 Cus tuvo seis hijos: Sebá, Havilá, Sabtá, Raamá, Sabtecá, Nimrod. Nimrod llegó a ser muy poderoso en toda la tierra. Raamá tuvo dos hijos: Sebá, Dedán.

11 Éstos son los pueblos que descienden de Misraim: los ludeos, los anameos, los lehabitas, los naftuhítas,

12 los patruseos, los casluhítasy los caftoritas. Los filisteos descienden de los caftoritas.

13 Canaán tuvo dos hijos: Sidón, Het.

14-16 Éstos son los pueblos que descienden de Canaán: los jebuseos, los amorreos, los gergeseos, los heveos, los araceos, los sineos, los arvadeos, los semareosy los hamateos.

Los descendientes de Sem

17 Sem, el primer hijo de Noé, tuvo cinco hijos: Elam, Asur, Arfaxad, Lud, Aram. Aram tuvo cuatro hijos: Us, Hul, Mas, Guéter.

18 Arfaxad tuvo un hijo, Sélah. Sélah tuvo un hijo, Éber.

19 Éber tuvo dos hijos: Péleg, Joctán. En los días cuando Péleg vivía, la gente se dividió. Entonces se formaron muchas tribus y pueblos.

20-23 Joctán tuvo trece hijos: Almodad, Sélef, Hasar-mávet, Jérah, Hadoram, Uzal, Diclá, Obal, Abimael, Sebá, Ofir, Havilá, Jobab.

24 Los descendientes de Sem hasta Abram son los siguientes: Arfaxad, Sélah,

25 Éber, Péleg, Reú,

26 Serug, Nahor, Térah,

27 Abram. A este Abram, Dios le puso por nombre Abraham.

La familia de Abraham

28-33 Abraham tuvo dos hijos: Isaac, Ismael. Después, Abraham se casó con Queturá y tuvo seis hijos: Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac, Súah. Jocsán tuvo dos hijos: Sebá, Dedán. Madián tuvo cinco hijos: Efá, Éfer, Hanoc, Abidá, Eldaá.

Los descendientes de Isaac

34 Isaac, el otro hijo de Abraham, tuvo dos hijos: Esaú, Jacob.

Los descendientes de Esaú

35-42 Esaú tuvo doce hijos: Elifaz, Reuel, Jeús, Jaalam, Coré, Lotán, Sobal, Sibón, Aná, Disón, Éser, Disán. Elifaz tuvo siete hijos: Temán, Omar, Sefó, Gatam, Quenaz, Timná, Amalec. Reuel tuvo cuatro hijos: Náhat, Zérah, Samá, Mizá. Lotán tuvo dos hijos: Horí, Hemam. Lotán tuvo una hermana llamada Timná. Sobal tuvo cinco hijos: Alván, Manáhat, Ebal, Sefó, Onam. Sibón tuvo dos hijos: Aiá, Aná. Aná tuvo un hijo, Disón. Disón tuvo cuatro hijos: Hemdán, Esbán, Itrán, Querán. Éser tuvo tres hijos: Bilhán, Zaaván, Jaacán. Disán tuvo dos hijos: Us, Arán.

Los reyes de Edom

43-54 Antes de que hubiera reyes en Israel, los descendientes de Esaú, que vivían en Edom, tuvieron varios reyes. Cada rey gobernaba hasta el día de su muerte, y entonces otro ocupaba su lugar. Ésta es la lista de los reyes de Edom: Bela hijo de Beor, de la ciudad de Dinhaba. Jobab hijo de Zérah, del pueblo de Bosrá. Husam, de la región de Temán. Hadad hijo de Bedad, de la ciudad de Avit. Samlá, del pueblo de Masrecá. Saúl, del pueblo de Rehobot, junto al Éufrates. Baal-hanán hijo de Acbor. Hadad, de la ciudad de Pau. La esposa de Hadad de Pau se llamaba Mehetabel y era hija de Matred y nieta de Mezaab. Hadad de Avit derrotó a Madián cuando pelearon en el campo de Moab. Después de que murió, los edomitas tuvieron a los siguientes jefes: Timná, Alvá, Jetet, Oholibamá, Elá, Pinón, Quenaz, Temán, Mibsar, Magdiel, Iram.

2 La familia de Jacob

1 Jacob, a quien Dios llamó Israel, tuvo doce hijos: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón,

2 Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad, Aser.

Los descendientes de Judá

3 Judá tuvo tres hijos con una cananea, hija de un hombre llamado Súa: Er, Onán, Selá. Er, el hijo mayor, fue tan malo que Dios le quitó la vida.

4 Luego Judá tuvo dos hijos con Tamar, su nuera: Fares, Zérah. Judá tuvo, en total, cinco hijos.

5-17 Fares tuvo dos hijos: Hesrón, Hamul. Hesrón tuvo tres hijos: Jerahmeel, Ram, Caleb. Los descendientes de Ram fueron: Aminadab, Nahasón, Salmá, Booz, Obed, Jesé. Nahasón fue jefe de los descendientes de Judá. Jesé tuvo siete hijos: Eliab, Aminadab, Simá, Natanael, Radai, Ósem, David. Jesé tuvo además dos hijas: Seruiá, Abigail. Seruiá tuvo tres hijos: Abisai, Joab, Asael. Abigail se casó con Jéter el ismaelita, y tuvo un hijo, Amasá. Zérah tuvo cinco hijos: Zimrí, Etán, Hemán, Calcol, Dardá. Etán tuvo un hijo, Azarías. Carmí, bisnieto de Zérah, tuvo un hijo, Acar[a]. En cierta ocasión, Dios castigó a todo el pueblo de Israel por culpa de Acar. Cuando Josué conquistó Ai, Dios le ordenó destruirlo todo. Nadie debía quedarse con nada de lo que había en la ciudad, pero Acar no obedeció, y se llevó algunos objetos.

La familia de Hesrón, nieto de Judá

18 Caleb, descendiente de Hesrón, tuvo dos mujeres, Azubá y Jeriot. Sus hijos fueron: Jéser, Sobab, Ardón.

19 Cuando Azubá murió, Caleb se casó con Efrata, y con ella tuvo un hijo, Hur.

20 Hur tuvo un hijo, Urí. Urí tuvo un hijo, Besalel.

21-23 Cuando Hesrón tenía sesenta años, se casó con la hija de Maquir, padre de Galaad. De ese matrimonio nació un hijo, Segub. Luego, Segub tuvo un hijo llamado Jaír, quien gobernó veintitrés ciudades en la región de Galaad. Pero Guesur y Aram se apoderaron de sesenta ciudades, entre las cuales estaban los campamentos de Jaír y las aldeas de Quenat.

24 Después de que Hesrón murió en Caleb de Efrata, su mujer Abías tuvo un hijo, Ashur. Ashur tuvo un hijo, Tecoa.

Los descendientes de Jerahmeel

25-26 Jerahmeel, hijo mayor de Hesrón, tuvo dos esposas; con una de ellas tuvo cinco hijos: Ram, Buná, Oren, Ósem, Ahías. Con su otra esposa, llamada Atará, tuvo un hijo, Onam.

27-41 Éstos fueron los descendientes de Jerahmeel: Ram, tuvo tres hijos: Maas, Jamín, Équer. Onam tuvo dos hijos: Samai, Jadá. Samai tuvo dos hijos: Nadab, Abisur. Con su esposa Abihail, Abisur tuvo dos hijos: Ahbán, Molid. Nadab tuvo dos hijos: Séled, Apaim. Séled murió sin hijos. Los descendientes de Apaim fueron: Isí, Sesán, Ahlai. Sesán no tuvo hijos; sólo tuvo hijas. Sesán tenía un esclavo egipcio llamado Jarhá, a quien le dio como esposa una de sus hijas, y ella tuvo un hijo, Atai. Ésta es la lista de los descendientes de Atai: Natán, Zabad, Eflal, Obed, Jehú, Azarías, Heles, Elasá, Sismai, Salum, Jecamías, Elisamá. Jadá tuvo dos hijos: Jéter, Jonatán. Jonatán tuvo dos hijos: Pélet, Zazá. Jéter murió sin tener hijos.

Los descendientes de Caleb

42 Caleb, hermano de Jerahmeel, tuvo dos hijos: Mesá, Maresá. Mesá tuvo un hijo, Zif. Maresá tuvo un hijo, Hebrón.

43 Hebrón tuvo cuatro hijos: Coré, Tapúah, Réquem, Sema.

44 Sema tuvo un hijo, Ráham. Ráham tuvo un hijo, Jorcoam. Réquem tuvo un hijo, Samai.

45 Samai tuvo un hijo, Maón. Maón tuvo un hijo, Bet-sur.

46-49 Caleb tuvo dos mujeres: Efá y Maacá. Con Efá tuvo tres hijos: Harán, Mosá, Gazez. Harán tuvo un hijo. En honor de su hermano lo llamó Gazez. Con Maacá tuvo cuatro hijos: Séber, Tirhaná, Sáaf, Sevá. Sáaf tuvo un hijo, Madmaná. Sevá tuvo dos hijos: Macbená, Guibeá. Caleb tuvo también una hija, Acsa. Los hijos de Jahdai, suegro de Caleb, fueron: Réguem, Jotam, Guesán, Pélet, Efá, Sáaf.

50-55 Hur, hijo mayor de Caleb y Efrata, tuvo tres hijos: Sobal, Salmá, Haref. Haref tuvo un hijo, Bet-gader. Los descendientes de Sobal fueron: Quiriat-jearim, Reaías, la mitad de los manahetitas. Los grupos que descienden de Quiriat-jearim son: los itritas, los futitas, los sumatitasy los misraítas. Los grupos que descienden de los misraítas son: los soratitas, y los estaolitas. Los descendientes de Salmá fueron: Belén, Atrot-bet-joab, los netofatitas, la otra mitad de los manahetitas, los soreítasy las tribus de los soferitas. Las tribus soferitas vivían en Jabés, y entre ellas estaban los tirateos, simateos y sucateos. Éstos son los quenitas que descienden de Hamat, padre de los recabitas.

3 Los hijos de David (2 S 3.2-5; 5.13-16; 1 Cr 14.3-7).

1-9 David reinó en Hebrón siete años y seis meses. Allí nacieron sus primeros seis hijos, en este orden: Con Ahinóam, su esposa de Jezreel, tuvo a Amnón. Con Abigail, la viuda de Nabal, tuvo a Quilab. Con Maacá, la hija de Talmai, rey de Guesur, tuvo a Absalón. Con Haguit tuvo a Adonías. Con Abital tuvo a Sefatías. Con Egla tuvo a Itream. Después de esto, David reinó en Jerusalén treinta y tres años, y allí tuvo trece hijos más, sin contar los hijos que tuvo con otras mujeres. Con Betsabé, hija de Amiel, tuvo cuatro hijos: Simá, Sobab, Natán, Salomón. Los otros nueve hijos que tuvo David fueron: Ibhar, Elisúa, Elifélet, Nógah, Néfeg, Jafía, Elisamá, Eliadá, Elifélet. David también tuvo una hija llamada Tamar.

Los reyes descendientes de Salomón

10-24 Éstos son los reyes que fueron descendientes de Salomón: Roboam, Abías, Asá, Josafat, Joram, Ocozías, Joás, Amasías, Azarías, Jotam, Ahaz, Ezequías, Manasés, Amón, Josías. Josías tuvo cuatro hijos: Johanán, Joacín, Sedequías, Salum. Joacín tuvo dos hijos: Joaquín, Sedequías. Joaquín tuvo siete hijos en el destierro: Salatiel, Malquiram, Pedaías, Senazar, Jecamías, Hosamá, Nedabías. Pedaías tuvo dos hijos: Zorobabel, Simí. Zorobabel tuvo una hija y siete hijos: Selomit, Mesulam, Hananías, Hasubá, Óhel, Berequías, Hasadías, Jusab-hésed. Los descendientes de Hananías fueron: Pelatías, Isaías, Refaías, Arnán, Abdías, Secanías. Secanías tuvo seis hijos: Semaías, Hatús, Igal, Baríah, Nearías, Safat. Nearías tuvo tres hijos: Elioenai, Ezequías, Azricam. Elioenai tuvo siete hijos: Hodavías, Eliasib, Pelaías, Acub, Johanán, Delaías, Ananí.

4 Hijos y nietos de Judá

1 Judá tuvo cinco hijos: Fares, Hesrón, Carmí, Hur, Sobal.

2 Los descendientes de Sobal fueron: Reaías, Jáhat. Jáhat tuvo dos hijos: Ahumai, Láhad. De los hijos de Jáhat vienen las tribus soratitas.

Hijos y nietos de Hur

3-4 Hur, el hijo mayor de Efrata, antepasado de Belén, tuvo tres hijos: Etam, Penuel, Éser. Etam tuvo una hija y tres hijos: Haslelponi, Jezreel, Ismá, Idbás. Penuel tuvo un hijo, Guedor. Éser tuvo un hijo, Husá.

Hijos de Ashur

5 Ashur, el padre de Tecoa, tuvo dos esposas, Helá y Naará.

6 Con Naará tuvo cuatro hijos: Ahuzam, Héfer, Temení, Ahastarí.

7 Con Helá tuvo tres hijos: Séret, Jesohar, Etnán.

Hijos de Cos

8 Cos tuvo dos hijos: Anub, Sobebá. Cos fue el antepasado de las tribus de Aharhel, el hijo de Harum.

Jabés

9-10 Cuando Jabés nació, su madre le puso ese nombre porque le causó mucho dolor[b]durante el nacimiento. En cierta ocasión, Jabés le rogó a Dios: Bendíceme y dame un territorio muy grande; ayúdame y líbrame de todo mal y sufrimiento. Dios le concedió su petición, y Jabés llegó a ser más importante que sus hermanos.

Hijos y nietos de Quelub

11-12 Quelub, hermano de Suhá, vivió en Recá, y tuvo un hijo, Mehír. Mehír tuvo un hijo, Estón. Estón tuvo tres hijos: Bet-rafá, Paséah, Tehiná. Tehiná fundó la ciudad de Nahas.

Hijos y nietos de Quenaz

13-14 Quenaz tuvo dos hijos: Otoniel, Seraías. Otoniel tuvo dos hijos: Hatat, Meonotai. Meonotai tuvo un hijo, Ofrá. Seraías tuvo un hijo, Joab. Joab fue el antepasado de los artesanos que habitaron el valle de Harasim.

Hijos y nietos de Caleb

15 Caleb hijo de Jefuné, tuvo tres hijos: Ir, Elá, Náam. Elá tuvo un hijo, Quenaz.

Hijos de Jahaleel

16 Jahaleel tuvo cuatro hijos: Zif, Zifá, Tirías, Asarel.

Hijos y nietos de Esdras

17-18 Esdras tuvo cuatro hijos: Jéter, Méred, Éfer, Jalón. Méred tuvo tres hijos con su esposa Bitiá, la hija del rey de Egipto: Isbah, Samai, María. Isbah tuvo un hijo, Estemoa. Méred tenía otra esposa de la tribu de Judá; con ella tuvo tres hijos: Jéred, Héber, Jecutiel. Jéred tuvo un hijo, Guedor. Héber tuvo un hijo, Socó. Jecutiel tuvo un hijo, Zanóah.

Hijos de Odías

19 Odías se casó con la hermana de Náham, y con ella tuvo dos hijos: Queilá, Estemoa. Queilá perteneció a la tribu garmita, y Estemoa, a la de los maacateos.

Hijos de Simón

20 Simón tuvo cuatro hijos: Amnón, Riná, Ben-hanán, Tilón.

Hijos y nietos de Selá

21-23 En documentos muy antiguos se encuentra esta lista de los descendientes de Selá hijo de Judá: Er, Ladá, Joacín, Joás, Saraf. Er tuvo un hijo, Lecá. Ladá tuvo un hijo, Maresá. Joás y Saraf se casaron con mujeres moabitas, pero regresaron a vivir a Netaim y Guederá, cerca de Belén. Eran alfareros al servicio del rey. Las tribus de tejedores que vivían en Bet-asbea, y los habitantes de Cozebá, también eran descendientes de Selá.

Los descendientes de Simeón

24-27 Simeón tuvo cinco hijos: Nemuel, Jamín, Jarib, Zérah, Saúl. Saúl tuvo un hijo, Salum. Salum tuvo un hijo, Mibsam. Mibsam tuvo un hijo, Mismá. Mismá tuvo un hijo, Hamuel. Hamuel tuvo un hijo, Zacur. Zacur tuvo un hijo, Simí. Simí tuvo dieciséis hijos y seis hijas. A pesar de eso no tuvo tantos descendientes como Judá, porque sus hermanos no tuvieron muchos hijos.

28-33 Según cierto documento, antes de que David fuera rey, los descendientes de Simeón vivían en los siguientes lugares: Beerseba, Moladá, Hasar-sual, Bilhá, Ésem, Tolad, Betuel, Hormá, Siclag, Bet-marcabot, Hasar-susim, Bet-birai, Saaraim, Etam, Ain, Rimón, Toquen, Asán. Además, habitaron las aldeas que estaban alrededor de estas ciudades, y las que estaban en el camino que lleva a la región de Baal.

34-38 Ésta es la lista de los jefes cuyos grupos familiares eran los más numerosos: Mesobab, Jamlec, Josías hijo de Amasías; Joel, Jehú, Elioenai, Jaacoba, Jesohaías, Asaías, Adiel, Jesimiel, Benaías, Ziza, Jedaías. Jehú fue hijo de Josibías, nieto de Seraías y bisnieto de Asiel; Ziza fue hijo de Sifi, nieto de Alón, y bisnieto de Jedaías; y Jedaías fue hijo de Simrí y nieto de Semaías.

39-41 En los días de Ezequías, rey de Judá, todos los que están en la lista anterior se fueron a vivir al este del valle, a la entrada de Guerar. Allí el terreno era muy amplio, seguro y tranquilo; además, había buenos y abundantes pastos para sus rebaños. Cuando llegaron a ese lugar, mataron a los descendientes de Cam que vivían allí, y destruyeron para siempre sus campamentos y viviendas.

42-43 Algo parecido hicieron quinientos hombres de los descendientes de Simeón. Bajo las órdenes de Pelatías, Nearías, Refaías y Uziel, hijos de Isí, se fueron a vivir al monte de Seír. Cuando llegaron a ese lugar, mataron a los amalecitas que aún quedaban allí.

5 Los descendientes de Rubén

1-3 Aunque Rubén fue el hijo mayor de Jacob, no es el primero que se menciona en estas listas, pues perdió sus derechos como primer hijo por haber tenido relaciones sexuales con una de las esposas de su padre. Los derechos de Rubén le fueron dados a su hermano José, y los descendientes de José mantuvieron esos derechos, aun cuando la tribu de su hermano Judá llegó a ser la más poderosa de todas, y de ella surgió un gran gobernante. Rubén tuvo cuatro hijos: Hanoc, Falú, Serón, Carmí.

Hijos de Joel

4 Éstos fueron los descendientes de Joel: Semaías, Gog, Simí,

5 Micaías, Reaías, Baal,

6 Beerá. Beerá fue jefe de los descendientes de Rubén, pero Tiglat-piléser, rey de Asiria, se lo llevó prisionero.

7 En la lista de los descendientes de Beerá están registrados los siguientes grupos familiares: Grupo de Jeiel, Grupo de Zacarías,

8-9 Grupo de Bela. El grupo de Jeiel fue el principal, y Bela fue hijo de Azaz, nieto de Sema y bisnieto de Joel. Bela vivía en Aroer, pero como sus ganados se multiplicaban mucho y ya no cabían en la tierra de Galaad, extendió su territorio hasta Nebo y Baal-megón. También se estableció hacia el oriente, desde el río Éufrates hasta donde empieza el desierto.

10 Cuando Saúl era rey, los descendientes de Rubén lucharon contra los agarenos y los derrotaron. Luego se quedaron a vivir en las casas que los agarenos tenían en toda la parte oriental de la región de Galaad.

Los descendientes de Gad

11-17 En los días en que Jotam era rey de Judá y Jeroboam era rey de Israel, se hizo la siguiente lista de los descendientes de Gad, de acuerdo a su orden de importancia: Joel, Safán, Jaanai, Safat. Sus parientes más cercanos fueron las familias de los siete hijos de Abihail hijo de Hurí: Micael, Mesulam, Sebá, Jorai, Jacán, Zía, Éber. Ésta es la lista de los antepasados de esas familias: Abihail, Hurí, Jaróah, Galaad, Micael, Jesisai, Jahdó, Buz, Aguí, Abdiel, Guní. Aguí fue el jefe de todos estos, quienes vivieron en los siguientes lugares, frente al territorio de los descendientes de Rubén: la región de Galaad y los pueblos de Basán, hasta Salcá y hasta donde terminan los campos de pastoreo de Sarón.

18 Las tribus de Rubén y Gad, y la media tribu de Manasés, tenían un total de cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta hombres capaces de ir a la guerra. Eran valientes y estaban bien entrenados para usar el escudo, la espada y el arco.

19-22 También eran hombres que confiaban en la ayuda de Dios. Por ejemplo, cuando pelearon contra los agarenos y contra Jetur, Nafís y Nodab, le pidieron ayuda a Dios, y él les dio la victoria. Así fue como mataron a muchos de los agarenos y de sus aliados; se llevaron a cien mil prisioneros; se apropiaron de cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil burros; además, se quedaron a vivir en la tierra de sus enemigos hasta que ellos mismos fueron llevados prisioneros a otras tierras.

La media tribu de Manasés

23-24 Los descendientes de la media tribu de Manasés fueron: Éfer, Isí, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías, Jahdiel. Todos estos fueron jefes de sus grupos familiares; eran soldados valientes y muy famosos. Sus familias eran tan numerosas que vivían en la región que se extiende desde Basán hasta Baal-hermón, Senir y el monte Hermón.

25 Sin embargo, abandonaron al Dios de Israel por adorar a los dioses de los pueblos que Dios había destruido.

26 Por eso el Dios de Israel envió a Tiglat-piléser, rey de Asiria, para que se llevara prisioneros a los de la tribu de Rubén y Gad, y a la media tribu de Manasés. Ésa es la razón por la que ellos continuaron viviendo en Halah, Habor, Hará y el río Gozán, hasta el momento en que esto se escribió.

6 Los sacerdotes hijos de Leví

1-30 Leví tuvo tres hijos: Guersón, Quehat, Merarí. Guersón tuvo dos hijos: Libní, Simí. Los descendientes de Guersón fueron: Libní, Jáhat, Zimá, Joah, Idó, Zérah, Jeatrai. Quehat tuvo cuatro hijos: Amram, Ishar, Hebrón, Uziel. Los descendientes de Quehat fueron: Aminadab, Coré, Asir, Elcaná, Ebiasaf, Asir, Táhat, Uriel, Ozías, Saúl. Elcaná tuvo dos hijos: Amasai, Ahimot. Los descendientes de Ahimot fueron: Elcaná, Sofai, Náhat, Eliab, Jeroham, Elcaná. Merarí tuvo dos hijos: Mahli, Musí. Los descendientes de Merarí fueron: Mahli, Libní, Simí, Uzá, Simá, Haguías, Asaías. Samuel tuvo dos hijos: Vasní, Abías.

David nombra cantores para el templo

31-33 Después de que David llevó el cofre del pacto a Jerusalén, nombró a un grupo de hombres de la tribu de Leví para que se encargaran de la música y el canto en el santuario. Una vez que Salomón construyó el templo, ellos continuaron a cargo de la música, siguiendo las instrucciones de David. Ésta es la lista de estos cantores: Hemán, que era descendiente de Quehat, y sus antepasados: Joel, Samuel,

34 Elcaná, Jeroham, Eliel, Tóah,

35 Suf, Elcaná, Máhat, Amasai,

36 Elcaná, Joel, Azarías, Sofonías,

37 Táhat, Asir, Ebiasaf, Coré,

38 Ishar, Quehat, Leví, Israel.

39 Cuando éstos cantaban en el templo, Asaf se colocaba a la derecha de su pariente Hemán. Los antepasados de Asaf fueron: Berequías, Simá,

40 Micael, Baaseías, Malquías,

41 Etní, Zérah, Adaías,

42 Etán, Zimá, Simí,

43 Jáhat, Guersón, Leví.

44 A la izquierda de Hemán se colocaba Etán, descendiente de Merarí. Éstos fueron los antepasados de Etán: Quisí, Abdí, Maluc,

45 Hasabías, Amasías, Hilquías,

46 Amsí, Baní, Sémer,

47 Mahli, Musí, Merarí, Leví.

48-49 Las ofrendas que se presentaban a Dios y las ceremonias que se realizaban en el Lugar Santísimo estaban bajo la responsabilidad de Aarón y sus descendientes. A ellos también les correspondía presentar las ofrendas por el perdón de los pecados del pueblo de Israel. Así lo había ordenado Moisés, fiel servidor de Dios. Otros descendientes de la tribu de Leví estaban encargados de las tareas en el templo de Dios.

Los descendientes de Aarón

50-53 Los descendientes de Aarón fueron: Eleazar, Finees, Abisúa, Buquí, Uzí, Zeraías, Meraiot, Amarías, Ahitub, Sadoc, Ahimaas.

Lugares asignados a los descendientes de Aarón

54-61 Éstos fueron los lugares que, por medio de un sorteo, se les asignaron a los descendientes de Aarón: A los grupos familiares de Quehat les asignaron Hebrón, en la región de Judá, con sus campos de pastoreo. Por medio de un sorteo, les correspondieron diez ciudades en los territorios de la media tribu de Manasés. A Caleb hijo de Jefuné le asignaron las tierras que estaban alrededor de la ciudad y sus aldeas. A los grupos familiares de Aarón les asignaron las siguientes ciudades de refugio, cada una con sus campos de pastoreo: Hebrón, Libná, Jatir, Estemoa, Hilén, Debir, Asán, Bet-semes. Además, de los territorios de Benjamín se les asignaron las siguientes ciudades, cada una con sus campos de pastoreo: Gueba, Alémet, Anatot. Así pues, a los grupos familiares de Aarón se les asignaron trece ciudades.

62 A los grupos familiares de Guersón se les asignaron trece ciudades en los territorios de las tribus de Isacar, Aser y Neftalí, y de la tribu de Manasés, que se había establecido en Basán.

63 A los grupos familiares de Merarí se les asignaron, por medio de un sorteo, doce ciudades en los territorios de las tribus de Rubén, Gad y Zabulón.

Las ciudades asignadas en cada tribu

64-81 Por medio de un sorteo, los israelitas les asignaron a los descendientes de Leví las siguientes ciudades, cada una con sus respectivos campos de pastoreo: De los territorios de las tribus de Judá, Simeón y Benjamín, las ciudades que ya se mencionaron. Del territorio de la tribu de Efraín, a algunos de los grupos familiares de Quehat les asignaron las siguientes ciudades de refugio: Siquem, Guézer, Jocmeam, Bet-horón, Aialón, Gat-rimón. Del territorio de la media tribu de Manasés, a otros grupos familiares de Quehat les asignaron las ciudades de Aner y Bileam. A los grupos de Guersón les asignaron la ciudad de Golán en Basán, y la ciudad de Astarot; del territorio de la tribu de Isacar les asignaron las ciudades de Quedes, Daberat, Ramot y Anem; del territorio de la tribu de Aser, las ciudades de Masal, Abdón, Hucoc y Rehob; del territorio de la tribu de Neftalí, las ciudades de Hamón, Quiriataim y Quedes de Galilea. A los demás descendientes de Merarí les asignaron las ciudades de Rimón y Tabor, en el territorio de la tribu de Zabulón; Béser, que está en el desierto, Jahas, Cademot y Mefáat, en el territorio de la tribu de Rubén, al este del Jordán y frente a Jericó; las ciudades de Ramot de Galaad, Mahanaim, Hesbón y Jazer, en el territorio de la tribu de Gad.

7 Los descendientes de Isacar

1 Isacar tuvo cuatro hijos: Tolá, Puvá, Jasub, Simrón.

2 Tolá tuvo seis hijos: Uzí, Refaías, Jeriel, Jahmai, Ibsam, Samuel. Éstos fueron soldados muy valientes y jefes de sus grupos familiares. En tiempos de David, su número llegó a veintidós mil seiscientos.

3-4 Uzí, el hijo de Tolá, tuvo un hijo, Israhías. Israhías tuvo cuatro hijos: Micael, Abdías, Joel, Isías. Éstos fueron los jefes de sus grupos familiares. Como tuvieron muchas mujeres e hijos, formaron con sus familias un ejército de treinta y seis mil valientes soldados.

5 Según una lista de todas estas familias que descienden de Isacar, el número de sus soldados llegó a ochenta y siete mil.

Los descendientes de Benjamín

6 Benjamín tuvo tres hijos: Bela, Béquer, Jediael.

7 Bela tuvo cinco hijos: Esbón, Uzí, Uziel, Jerimot, Irí. Éstos fueron los jefes de sus grupos familiares y de sus valientes soldados. Según la lista de todos los descendientes de Bela, su número llegó a veintidós mil treinta y cuatro personas.

8-9 Béquer tuvo nueve hijos: Zemirá, Joás, Eliézer, Elioenai, Omrí, Jerimot, Abías, Anatot, Alémet. Éstos fueron los jefes de sus grupos familiares y de sus valientes soldados. Según la lista de todos los descendientes de Béquer, su número llegó a veinte mil doscientas personas.

10 Jediael tuvo un hijo, Bilhán. Bilhán tuvo siete hijos: Jeús, Benjamín, Ehud, Quenaaná, Zetán, Tarsis, Ahisáhar.

11 Éstos fueron los jefes de sus grupos familiares y de sus valientes soldados. El número de sus hombres capaces de ir a la guerra llegó a diecisiete mil doscientos.

12 Los hijos de Ir fueron: Sufam, Hufam. El hijo de Aher se llamó Husim.

Los descendientes de Neftalí

13 Neftalí hijo de Bilhá, tuvo cuatro hijos: Jahseel, Guní, Jéser, Salum.

Los descendientes de Manasés

14-17 Éstos fueron los descendientes de Manasés: Manasés se casó con una mujer aramea, y tuvo con ella dos hijos: Asriel, Maquir. Maquir tuvo cuatro hijos: Galaad, Selofhad, Peres, Seres. Selofhad solamente tuvo hijas. Seres tuvo dos hijos: Ulam, Réquem. Ulam tuvo un hijo, Bedán. La esposa de Maquir se llamaba Maacá, que era descendiente de Hufam y de Sufam.

18 Hamoléquet, hermana de Maquir, tuvo tres hijos: Is-hod, Abiézer, Mahlá.

19 Semidá tuvo cuatro hijos: Ahián, Siquem, Liquehí, Aniam.

Los descendientes de Efraín

20-21 Los descendientes de Efraín fueron: Sutélah, Béred, Táhat, Eladá, Táhat, Zabad, Sutélah, Éser, Elad. Éser y Elad fueron a Gat a robar ganado, pero los habitantes de ese lugar los mataron.

22 Efraín, su padre, lloró y estuvo de luto por mucho tiempo, y sus familiares llegaron a consolarlo.

23 Tiempo después, Efraín tuvo otro hijo con su esposa, y por la desgracia que había sufrido su familia, le puso por nombre Beriá, que significa desgracia.

24 Beriá tuvo una hija llamada Seerá, que edificó las aldeas de Bet-horón de abajo, Bet-horón de arriba y Uzén-seerá.

25-27 Los descendientes de Beriá fueron: Réfah, Résef, Télah, Tahán, Ladán, Amihud, Elisamá, Nun, Josué.

28 Sus territorios y las ciudades y aldeas en que vivían eran Betel y Naarán, hacia el este, y Guézer hacia el oeste, incluyendo Siquem y Ayah.

29 Los descendientes de Manasés tenían bajo su control las ciudades de Bet-seán, Taanac, Meguido y Dor, con sus aldeas. En estos lugares vivieron los descendientes de José, hijo de Jacob.

Los descendientes de Aser

30 Aser tuvo una hija y cuatro hijos: Sérah, Imná, Isvá, Isví, Beriá.

31 Beriá tuvo dos hijos: Héber, Malquiel. Malquiel tuvo un hijo, al que llamó Birzávit.

32 Héber tuvo una hija y tres hijos: Suhá, Jaflet, Sémer, Hotam.

33 Jaflet tuvo tres hijos: Pasac, Bimhal, Asvat.

34 Sémer tuvo cuatro hijos: Aguí, Rohgá, Jehubá, Aram.

35 Hotam tuvo cuatro hijos: Sofah, Imná, Seles, Amal.

36 Sofah tuvo once hijos: Súah, Harnéfer, Súal, Berí, Imrá,

37 Béser, Hod, Samá, Silsá, Itrán, Beerá.

38 Jéter, otro descendiente de Aser, tuvo tres hijos: Jefuné, Pispá, Ará.

39 Ulá, otro descendiente de Aser, tuvo tres hijos: Árah, Haniel, Risiá.

40 Todos estos fueron jefes de sus grupos familiares; eran hombres importantes, y además fueron los mejores y más valientes soldados. Según la lista de su familia, de todos los descendientes de Aser, el número de sus hombres capaces de ir a la guerra llegó a veintiséis mil.

8 Otros descendientes de Benjamín

1 Benjamín tuvo cinco hijos: Bela, Asbel, Ahrah,

2 Nohá, Rafá.

3 Bela tuvo nueve hijos: Adar, Guerá, Abihud,

4 Abisúa, Naamán, Ahóah,

5 Guerá, Sefufán, Hiram.

6-7 Ehud, otro descendiente de Benjamín, tuvo tres hijos: Naamán, Ahías, Guerá. Guerá tuvo dos hijos: Uzá, Ahihud. Los hijos de Ehud eran los jefes de sus grupos familiares, y vivían en Gueba, pero los obligaron a vivir en Manáhat. Guerá los guió hasta allá.

8-27 Saharaim, otro descendiente de Benjamín, tuvo con su esposa Husim dos hijos: Abitub, Elpáal. Elpáal tuvo catorce hijos: Éber, Misam, Sémed, Beriá, Sema, Sasac, Jeroham, Zebadías, Mesulam, Hizquí, Éber, Ismerai, Izlías, Jobab. Beriá tuvo seis hijos: Zebadías, Arad, Ader, Micael, Ispá, Johá. Sasac tuvo once hijos: Ispán, Éber, Eliel, Abdón, Zicrí, Hanán, Hananías, Elam, Anatotías, Ifdaías, Peniel. Jeroham tuvo seis hijos: Samserai, Seharías, Atalías, Jaresías, Elías, Zicrí. Sémed edificó las ciudades de Onó y Lod, con sus aldeas. Bería y Sema fueron los jefes de sus grupos familiares, y vivieron en Aialón. Ellos expulsaron a los habitantes de Gat. Luego, Saharaim se divorció de sus esposas Husim y Baará, y se fue a vivir a Moab. Allí se casó con Hodes y tuvo siete hijos, que fueron los jefes de sus grupos familiares: Jobab, Sibiá, Mesá, Malcam, Jeús, Saquías, Mirmá. Simí, otro descendiente de Benjamín, tuvo nueve hijos: Jaquim, Zicrí, Zabdí, Elienai, Siletai, Eliel, Adaías, Beraías, Simrat.

28 Según la lista de los familiares de Benjamín, todos estos fueron jefes principales de sus grupos familiares y vivieron en Jerusalén.

La familia del rey Saúl (1 Cr 9.35-44).

29 Jehiel fundó la ciudad de Gabaón, y vivió allí con su esposa Maacá.

30-32 Sus hijos, del mayor al menor, fueron: Abdón, Sur, Quis, Baal, Ner, Nadab, Guedor, Ahió, Zéquer, Miclot. Todos estos vivieron en Jerusalén con sus familiares. Miclot tuvo un hijo, Simí.

33 Ner tuvo un hijo, Quis. Quis tuvo un hijo, Saúl. Saúl tuvo cuatro hijos: Jonatán, Malquisúa, Abinadab, Es-baal.

34 Jonatán tuvo un hijo, Merib-baal. Merib-baal tuvo un hijo, Micaías.

35 Micaías tuvo cuatro hijos: Pitón, Mélec, Tarea, Ahaz.

36 Ahaz tuvo un hijo, Joadá. Joadá tuvo tres hijos: Alémet, Azmávet, Zimrí. Los descendientes de Zimrí fueron: Mosá,

37 Biná, Rafá, Elasá, Asel.

38 Asel tuvo seis hijos: Azricam, Bocrú, Ismael, Searías, Abdías, Hanán.

39 Ésec, hermano de Asel, tuvo tres hijos: Ulam, Jehús, Elifélet.

40 Ulam tuvo ciento cincuenta hijos y nietos, que fueron soldados valientes bien entrenados en el uso del arco y la flecha.

9

1 Éstas fueron las listas de todo el pueblo de Israel, tal y como están escritas en el Libro de los reyes de Israel.

Los que regresaron de Babilonia a Jerusalén

Los habitantes más importantes de Judá habían sido llevados por la fuerza a Babilonia por causa de su maldad.

2 Los primeros que regresaron a vivir a sus ciudades y propiedades fueron algunos del pueblo, los sacerdotes y sus ayudantes, y los vigilantes de las entradas del templo.

3 Entre ellos llegaron a vivir a Jerusalén algunos de los descendientes de Judá, Benjamín, Efraín y Manasés.

De Judá

4-6 De los descendientes de Judá regresaron seiscientas noventa personas, que pertenecían a los grupos familiares de Utai, Asaías y Jeuel. Los antepasados de Utai fueron: Amihud, Omrí, Imrí, Baní, Fares, Judá. Asaías, que era el mayor del grupo de los silonitas, regresó junto con sus hijos. Jeuel, que era descendiente de Zérah, regresó junto con sus familiares.

De Benjamín

7-9 De los descendientes de Benjamín regresaron novecientos cincuenta y seis jefes de sus grupos familiares. Entre ellos estaban: Salú hijo de Mesulam, nieto de Hodavías y bisnieto de Senúa. Ibneías hijo de Jeroham. Elá hijo de Uzí, nieto de Micrí. Mesulam hijo de Sefatías, nieto de Reuel y bisnieto de Ibnías.

De los sacerdotes

10-13 Regresaron mil setecientos sesenta sacerdotes con sus familias. Todos ellos eran jefes de sus grupos familiares, hombres muy capaces para servir en el templo de Dios. Entre ellos estaban: Jedaías, Joiarib, Jaquín, Azarías. Azarías fue el jefe de los vigilantes del templo, y sus antepasados fueron: Hilquías, Mesulam, Sadoc, Meraiot, Ahitub, Adaías, Masai. Los antepasados de Adaías fueron: Jeroham, Pashur, Malquías. Los antepasados de Masai fueron: Adiel, Jahzera, Mesulam, Mesilemit, Imer.

De los ayudantes de los sacerdotes

14 De los ayudantes de los sacerdotes regresaron: Semaías, Bacbacar, Jeres, Galal, Matanías, Abdías, Berequías. Los antepasados de Semaías fueron: Hasub, Azricam, Hasabías. Hasabías fue descendiente de Merarí.

15 Los antepasados de Matanías fueron: Micaías, Zicrí, Asaf.

16 Los antepasados de Abdías fueron: Semaías, Galal, Jedutún. Los antepasados de Berequías fueron: Asá, Elcaná. Elcaná vivió en las aldeas de los netofatitas.

De los guardianes del templo

17-19 Los hombres que regresaron a Jerusalén y estuvieron a cargo de vigilar las entradas del templo: Salum, Acub, Talmón, Ahimán. Los antepasados de Salum fueron: Coré, Ebiasaf, Coré. Salum fue el jefe de todos los guardianes de las entradas del templo, y hasta el momento en que esto se escribió tuvo la responsabilidad de vigilar el Portón del Rey, al oeste de la ciudad. Los antepasados de éstos vigilaron antes las entradas del campamento de la tribu de Leví. Los parientes de Salum, del grupo familiar de Coré, eran los que cuidaban la entrada del templo. Tiempo atrás, sus antepasados habían sido los guardianes de la entrada al santuario en el desierto.

20 Antes de eso, el jefe de estos guardianes había sido Finees hijo de Eleazar, al que Dios siempre ayudaba.

21 Zacarías hijo de Meselemías era el guardián de la entrada al santuario.

22-23 David y el profeta Samuel habían elegido a personas de confianza para vigilar la entrada del santuario. De los descendientes de esas personas se eligieron luego doscientos doce, para que cuidaran la entrada del templo de Dios. Estos guardianes fueron elegidos siguiendo su lista familiar, y de acuerdo a los lugares donde vivían.

24 El templo estaba vigilado por sus cuatro lados.

25-30 Cada siete días, los guardianes elegidos venían de sus pueblos para cumplir con su deber. Algunos de ellos eran responsables de cuidar los utensilios que se usaban en el culto, y les tocaba contarlos cuando se sacaban y cuando se guardaban. Otros estaban encargados de cuidar los demás utensilios sagrados, además de la harina fina, el vino, el aceite, el incienso y los perfumes, que eran preparados por algunos sacerdotes. Los cuatro guardianes principales eran de la tribu de Leví, y estaban todo el tiempo cuidando los cuartos y los tesoros del templo de Dios: de noche vigilaban sus alrededores, y por la mañana abrían sus puertas.

31 Matatías, el encargado de preparar los panes para las ofrendas diarias, era el hijo mayor de Salum el coreíta, y pertenecía a la tribu de Leví.

32 Los encargados de ordenar los panes que todos los sábados se ofrecían a Dios, eran de la tribu de Leví, y descendientes de Quehat.

33 Por último estaban los cantores, que eran de la tribu de Leví y jefes de sus grupos familiares. Ellos vivían en los cuartos del templo; sólo se dedicaban a cumplir con su trabajo, y no podían hacer otro tipo de labores.

34 Según una lista, todos estos servidores del templo eran descendientes de Leví, y jefes de familia que vivían en Jerusalén.

Los descendientes de Saúl (1 Cr 8.29-40).

35 Jehiel fundó la ciudad de Gabaón, y vivió allí con su esposa Maacá.

36-38 Sus hijos, del mayor al menor, fueron: Abdón, Sur, Quis, Baal, Ner, Nadab, Guedor, Ahió, Zéquer, Miclot. Todos estos vivieron en Jerusalén con sus familiares. Miclot tuvo un hijo, Simam.

39 Ner tuvo un hijo, Quis. Quis tuvo un hijo, Saúl. Saúl tuvo cuatro hijos: Jonatán, Malquisúa, Abinadab, Es-baal.

40 Jonatán tuvo un hijo, Merib-baal. Merib-baal tuvo un hijo, Micaías.

41 Micaías tuvo cuatro hijos: Pitón, Mélec, Tarea, Ahaz.

42 Ahaz tuvo un hijo, Jará. Jará tuvo tres hijos: Alémet, Azmávet, Zimrí. Los descendientes de Zimrí fueron: Mosá,

43 Biná, Refaías, Elasá, Asel.

44 Asel tuvo seis hijos: Azricam, Bocrú, Ismael, Searías, Abdías, Hanán.

10 Muerte de Saúl y de sus hijos (1 S 31.1-13).

1 Los filisteos lucharon contra los israelitas y los hicieron huir. A muchos de ellos los mataron en el cerro de Guilboa,

2 y a Saúl y a sus hijos los persiguieron hasta matarlos. Así murieron Jonatán, Abinadab y Malquisúa.

3 Luego los filisteos concentraron sus fuerzas en el ataque a Saúl, y sus arqueros lograron herirlo de muerte.

4 Entonces Saúl le dijo a su escudero: —Saca tu espada y mátame. Hazlo antes de que vengan esos extranjeros idólatras. De lo contrario, se burlarán de mí y me rematarán. Pero su escudero tenía tanto miedo que no se atrevió a matarlo. Entonces Saúl tomó su espada y se echó sobre ella.

5 Al ver muerto a Saúl, también el escudero se echó sobre su espada y se mató.

6 Así fue como Saúl, sus tres hijos, y toda su familia murieron el mismo día.

7 Cuando los israelitas del otro lado del valle vieron que el ejército de Israel había huido, y que Saúl y sus hijos estaban muertos, también ellos huyeron y abandonaron sus ciudades. Entonces llegaron los filisteos y ocuparon esas ciudades.

8 Al otro día, mientras los filisteos les quitaban a los israelitas muertos sus objetos de valor, encontraron muertos en el cerro de Guilboa a Saúl y a sus tres hijos.

9 Entonces a Saúl le cortaron la cabeza y le quitaron su armadura, y enviaron mensajeros a su país para que dieran la noticia en los templos de sus dioses y entre todos los filisteos.

10 Más tarde, pusieron la armadura de Saúl en el templo de sus dioses, y su cabeza la colgaron en el templo de Dagón.

11 Los israelitas que vivían en Jabés de Galaad supieron lo que los filisteos habían hecho con Saúl.

12 Entonces un grupo de valientes fue y quitó de la muralla los cadáveres de Saúl y de sus hijos. Se los llevaron a Jabés, y allí tomaron sus huesos y los enterraron bajo un árbol. Después ayunaron por siete días en señal de luto.

13-14 Así fue como Dios le quitó la vida a Saúl, porque no obedeció sus mandamientos y porque fue a consultar a una adivina en vez de consultarlo a él. Por eso Dios hizo rey a David, hijo de Jesé.

11 David, rey de Israel (2 S 5.1-5).

1-3 Después de esto, todos los israelitas y sus líderes se reunieron con David en Hebrón, y le dijeron: Su Majestad, nosotros somos familiares de usted. Queremos que sea nuestro rey. Aun cuando Saúl era el rey, usted era el verdadero líder de Israel. Ahora se ha cumplido la promesa de Dios, de que usted llegaría a ser nuestro líder y nuestro jefe. Entonces David hizo un pacto con ellos y puso a Dios como testigo. Por su parte, los líderes de Israel derramaron aceite sobre la cabeza de David y lo declararon su rey. Así cumplió Dios lo que había prometido por medio de Samuel.

David conquista Jerusalén (2 S 5.6-10).

4-9 Después de esto, David y todo el ejército de Israel fueron a conquistar Jerusalén, que en ese tiempo se llamaba Jebús. Era una ciudad con murallas, conocida como la fortaleza de Sión. Como los jebuseos estaban seguros de que David no podría conquistar la ciudad, le mandaron a decir: No podrás entrar a la ciudad. Entonces David le dijo a sus soldados: ¡Al primero que mate a un jebuseo, lo haré general y jefe del ejército! Joab hijo de Seruiá, fue el primero en hacerlo, y David lo hizo jefe. Luego de haber conquistado la fortaleza de Sión, David se quedó a vivir en Jerusalén y la llamó Ciudad de David. Más tarde, construyó alrededor de la ciudad una muralla, la cual iba desde la rampa hasta el palacio. Y cada día David tenía más y más poder, pues el Dios todopoderoso lo ayudaba.

Los soldados más valientes del ejército de David (2 S 23.8-39).

10-12 Éstos son los mejores soldados que tuvo David durante su reinado, desde el día en que los israelitas lo nombraron rey, tal como Dios lo había anunciado: Jasobeam hijo de Hacmoní. Jasobeam fue el principal de los tres soldados más valientes que tuvo David, y cierta vez, mató con su lanza a trescientos hombres. Eleazar hijo de Dodó. Eleazar

13-14 estuvo con David en Pas-damim, cuando los filisteos hicieron guerra contra los israelitas y los hicieron huir. Sin embargo, ese día Dios les dio una gran victoria, pues Eleazar y David se mantuvieron firmes en un campo sembrado de cebada, y derrotaron a los filisteos.

15-19 Hubo varias ocasiones en que los tres soldados más valientes de David realizaron grandes actos de valentía. Una vez, estos tres valientes fueron a ayudar a David, que estaba en la cueva rocosa de Adulam. Los filisteos habían acampado en el valle de Refaim. En esa ocasión David estaba en la cueva, mientras que un grupo de filisteos estaba en Belén. David tenía sed y dijo: ¡Cómo quisiera yo que alguien me trajera agua del pozo que está junto al portón de Belén! Enseguida los tres valientes fueron al campamento filisteo y, sin que nadie los viera, sacaron agua del pozo y se la llevaron a David. Sin embargo, David no quiso beberla; prefirió derramarla como una ofrenda a Dios, y dijo: ¡Que Dios me libre de beber esta agua! Estos hombres arriesgaron su vida por traérmela, así que no la tomaré.

20-21 Abisai, el hermano de Joab, se hizo muy famoso. Por eso llegó a ser el jefe de los treinta soldados más valientes. Se hizo famoso cuando mató con su lanza a trescientos soldados. Pero ni así logró superar la fama de aquéllos.

22 Benaías hijo de Joiadá era un soldado muy valiente que vivía en Cabseel. Realizó grandes actos de valentía. Una vez, mató a dos de los mejores soldados moabitas. En otra ocasión en que cayó nieve, mató a un león que estaba en un hoyo profundo.

23 Tiempo después, mató a un egipcio de gran estatura. El egipcio llevaba una lanza en la mano, y Benaías sólo tenía una vara; pero esa vara le bastó para quitarle al egipcio la lanza y matarlo con ella.

24-25 Entre los treinta soldados más valientes, Benaías llegó a ser tan famoso como los tres más grandes, aunque nunca llegó a ser como ellos. Con todo, David lo nombró jefe de sus guardias.

26-47 Éstos son los nombres y el lugar de origen de los soldados más valientes del ejército: Asael, hermano de Joab; Elhanán hijo de Dodó, de Belén; Samot de Harod, Heles el pelonita, Irá hijo de Iqués, de Tecoa; Abiézer de Ananot, Sibecai de Husá, Ilai el ahohíta, Maharai y Héled hijo de Baaná, de Netofá; Itai hijo de Ribai, de Guibeá, en la tierra de Benjamín; Benaías de Piratón, Hurai, del arroyo de Gaas; Abiel el arbatita, Asmávet de Bahurim, Eliahbá el saalbonita, los hijos de Jasén el guizonita, Jonatán hijo de Sagué y Ahiam hijo de Sacar, de Ararat; Elifal hijo de Ur, Héfer el mequeratita, Ahías el pelonita, Hesrai de Carmel, Naarai hijo de Esbai, Joel, hermano de Natán; Mibhar hijo de Hagrai, Sélec de Amón, Naharai de Berot, escudero de Joab hijo de Seruiá; Irá y Gareb, de Jatir; Urías el hitita, Zabad hijo de Ahlai, Adiná hijo de Sizá, jefe de los rubenitas, y sus treinta hombres; Hanán hijo de Maacá, Josafat el mitnita, Ozías de Astarot, Samá y Jehiel, hijos de Hotam, de Aroer; Jediael y Johá el tizita, hijos de Simrí; Eliel de Mahanaim, Jerebai y Josavía, hijos de Elnáam; Itmá el moabita, Eliel, Obed y Jaasiel de Sobá.

12 Los aliados de David

1 En los días en que David tuvo que huir de Saúl hijo de Quis, un grupo de soldados valientes se le unió en Siclag para ayudarlo en las batallas.

2 Estos soldados eran capaces de disparar piedras y flechas con cualquiera de las dos manos. Ésta es la lista de sus nombres y lugares de origen:

De los descendientes de Saúl

De los descendientes de Saúl, que pertenecían a la tribu de Benjamín:

3 Ahiézer hijo de Semaá, de Guibeá, que era el jefe; Joás hijo de Semaá, de Guibeá; Jeziel y Pélet, hijos de Azmávet; Beracá y Jehú, de Anatot;

4 Ismaías de Gabaón, jefe de los treinta soldados más valientes; Jeremías, Jahaziel, Johanán, Jozabad de Guederá,

5-7 Eluzai, Jerimot, Bealías, Semarías, Sefatías el harufita, Joelá y Zebadías, hijos de Jeroham, de Guedor.

De la tribu de Gad

8-15 De la tribu de Gad hubo algunos hombres que se unieron a David cuando se refugió en una fortaleza del desierto. Eran soldados valientes, entrenados para la guerra, y que usaban muy bien el escudo y la lanza. Peleaban como leones y corrían como venados. Todos eran jefes del ejército; unos eran jefes de cien, y otros de mil. En cierta ocasión, estos hombres cruzaron el río Jordán e hicieron huir por todos lados a los que vivían en los valles. Esto sucedió al comienzo de la primavera, que es cuando el Jordán crece mucho. Éstos son los nombres de esos soldados, en orden de importancia: Éser, Abdías, Eliab, Mismaná, Jeremías, Atai, Eliel, Johanán, Elzabad, Jeremías, Macbanai.

De las tribus de Benjamín y Judá

16 Mientras David estaba en la fortaleza, algunos hombres de las tribus de Benjamín y de Judá fueron a verlo para unirse a él.

17 Al verlos, David salió a su encuentro y les dijo: Si sus intenciones son buenas y vienen para ayudarme, acepto de todo corazón que se unan a mi tropa; pero si lo que quieren es traicionarme y entregarme a mis enemigos, ¡que nuestro Dios los castigue! Yo a nadie le he causado daño, pues no soy un criminal.

18 Entonces el espíritu de Dios tomó control de Amasai, jefe de los treinta soldados más valientes del ejército de David, y lo hizo exclamar: ¡El éxito está contigo, David! ¡La victoria siempre te acompaña, y acompañará a los que se te unan, porque Dios te hace triunfar! David los aceptó, y hasta los puso entre los jefes de la tropa.

De la tribu de Manasés

19-21 En cierta ocasión, cuando David se unió a uno de los jefes filisteos para enfrentarse a Saúl, los demás jefes no lo aceptaron, pues decían: ¡David nos matará y así podrá regresar al lado de su rey Saúl! Los soldados que acompañaban a David a esa batalla eran hombres de la tribu de Manasés, todos ellos soldados valientes y jefes de tropa. Se habían unido a David cuando estaba en el refugio de Siclag, y lo ayudaron a combatir tropas enemigas. Éstos son sus nombres: Adná, Jozabad, Jediael, Micael, Jozabad, Elihú, Siletai.

22 Y día tras día, más hombres se le unían a David, hasta que llegó a tener un gran ejército.

El ejército de David

23-38 Cuando Saúl murió, y David ya reinaba sobre Judá en Hebrón, las demás tribus de Israel le pidieron a David que fuera su rey. Por eso, todos los hombres entrenados para la guerra fueron a Hebrón con la firme decisión de reconocer a David como rey de todo Israel. Así cumplió Dios su promesa a David. Éste fue el número total de esos hombres: De la tribu de Judá: seis mil ochocientos, con escudos y lanzas. De la tribu de Simeón: siete mil cien valientes soldados. De la tribu de Leví: cuatro mil seiscientos. De la familia de Aarón: tres mil setecientos; Joiadá era el jefe. De la familia de Sadoc, soldado joven y valiente: veintidós. De la tribu de Benjamín, que había sido fiel a Saúl: tres mil. De la tribu de Efraín: veinte mil ochocientos soldados reconocidos por su valentía entre sus grupos familiares. De la media tribu de Manasés: dieciocho mil. De la tribu de Isacar: doscientos jefes, sin contar los soldados bajo sus órdenes. Estos jefes sabían hacer muy buenos planes de guerra. De la tribu de Zabulón: cincuenta mil soldados siempre listos para entrar en combate. De la tribu de Neftalí: mil jefes con treinta y siete mil soldados con lanzas y escudos. De la tribu de Dan: veintiocho mil seiscientos. De la tribu de Aser: cuarenta mil soldados listos para entrar en combate. De las tribus de Rubén y Gad, y de la media tribu de Manasés, que vivían del otro lado del río Jordán: ciento veinte mil soldados bien armados.

39 Durante tres días, todos estos hombres estuvieron con David en Hebrón, comiendo y bebiendo lo que sus parientes les habían preparado.

40 Además, los vecinos de ese lugar, y aun los que vivían en lugares lejanos como Isacar, Zabulón y Neftalí, les llevaron comida en abundancia: harina, panes de higos, pasas, vino, aceite, toros y ovejas. Éstos fueron días de fiesta y alegría para todo el pueblo de Israel.

13 David intenta llevar el cofre a Jerusalén (2 S 6.1-11).

1 David consultó a los jefes de su ejército,

2-3 y después les dijo a los israelitas: Desde que Saúl era rey, nos hemos olvidado del cofre de nuestro Dios. Por eso, si ustedes creen que está bien, y si es la voluntad de nuestro Dios, vamos a llamar al resto del pueblo, y también a todos los sacerdotes y los ayudantes que están en sus ciudades y tierras de pastoreo. Los invitaremos para que, junto con ellos, traigamos el cofre del pacto de Dios.

4 Y los israelitas aceptaron lo que David propuso.

5-6 Entonces David reunió a todo el pueblo de Israel. Lo reunió desde Sihor, en la frontera con Egipto, hasta la entrada de Hamat. Luego fue con ellos a Quiriat-jearim, también llamada Baalá de Judá, para llevarse a Jerusalén el cofre de Dios todopoderoso. Ante ese cofre se ora a Dios, que reina entre los querubines.

7 Los israelitas sacaron el cofre de la casa de Abinadab, y lo pusieron sobre una carreta nueva que iban guiando Uzá y Ahió.

8 David y todos los israelitas iban danzando con todas sus fuerzas y cantando muy alegres delante de Dios, al son de la música de guitarras, arpas, panderos, platillos y trompetas.

9 Cuando llegaron a un lugar donde se limpiaba el trigo, que pertenecía a Quidón, los bueyes que jalaban la carreta se tropezaron. Entonces Uzá sostuvo el cofre para que no se cayera,

10-11 pero a Dios no le gustó que él tocara el cofre, y allí mismo le quitó la vida, partiéndolo en dos. David se enojó mucho porque Dios le había quitado la vida a Uzá, y por eso llamó a ese lugar Peres-uzá[c].

12 Pero luego sintió miedo y dijo: Es mejor que no me lleve el cofre de Dios.

13-14 Y David no se atrevió a llevar el cofre de Dios a Jerusalén, así que lo dejó en casa de Obed-edom, que vivía en Gat. El cofre de Dios se quedó allí tres meses, y durante ese tiempo Dios bendijo a la familia de Obed-edom y todo lo que tenía.

14 Hiram envía sus representantes a David (2 S 5.11-12).

1-2 Cada día David tenía más y más poder, pues el Dios todopoderoso lo ayudaba. David sabía que Dios le había dado ese poder, y que lo había hecho rey de Israel por amor a su pueblo. Hiram, el rey de Tiro, envió gente que sabía construir con madera y piedra. Con ellos envió madera para que le hicieran a David un palacio en Jerusalén.

David tiene más hijos (2 S 5.13-16).

3-4 En Jerusalén David tuvo más esposas; los hijos que tuvo con ellas fueron: Samúa, Sobab, Natán, Salomón,

5 Ibhar, Elisúa, Elpélet,

6 Nógah, Néfeg, Jafía,

7 Elisamá, Beeliadá, Elifélet.

David vence a los filisteos (2 S 5.17-25).

8-10 Cuando los filisteos supieron que David ya era rey de todo Israel, se unieron para atacarlo y fueron al valle de Refaim, donde comenzaron a atacar las aldeas vecinas. Pero David se enteró y salió a encontrarse con ellos. Allí consultó a Dios: Si salgo a pelear contra los filisteos, ¿me ayudarás a vencerlos? Y Dios le contestó: Claro que sí. Yo te ayudaré a vencerlos.

11-12 Entonces David salió a Baal-perasim, y allí venció a los filisteos. Los filisteos huyeron y dejaron tirados sus ídolos, así que David ordenó que los quemaran. A ese lugar David lo llamó Baal-perasim[d], pues dijo: Dios es fuerte como la corriente de un río, pues me abrió el camino para vencer a mis enemigos.

13 Pero los filisteos volvieron a atacar a David y ocuparon todo el valle de Refaim.

14 David volvió a consultar a Dios, y Dios le respondió: No los ataques de frente; rodéalos y atácalos por detrás. Cuando llegues a donde están los árboles de bálsamo,

15 oirás mis pasos en la punta de los árboles. Ésa será la señal para que te lances al ataque. Ahí me verás ir delante de ti, para destruir al ejército filisteo.

16 Así lo hizo David, y ese día venció a los filisteos desde Gabaón hasta Guézer.

17 David se hizo muy famoso en toda la tierra, y Dios hizo que todas las naciones le tuvieran miedo a David.

15 David lleva el cofre de Dios a Jerusalén (2 S 6.12-23).

1-3 El rey David ordenó que le construyeran varias casas en Jerusalén, y que levantaran una carpa para el cofre del pacto de Dios. Luego, David reunió en Jerusalén a todo el pueblo de Israel, para que estuvieran presentes cuando trajeran el cofre de Dios al lugar que él le había preparado. También ordenó lo siguiente: Sólo los ayudantes de los sacerdotes cargarán el cofre, porque Dios los ha elegido para eso, y para que siempre se hagan cargo de los cultos.

4 Por eso, también mandó llamar a los descendientes de Aarón y a los de la tribu de Leví.

5 Ésta es la lista de los jefes y familiares que se reunieron: Uriel, al mando de ciento veinte descendientes de Quehat.

6 Asaías, al mando de doscientos veinte descendientes de Merarí.

7 Joel, al mando de ciento treinta descendientes de Guersón.

8 Semaías, al mando de doscientos descendientes de Elisafán.

9 Eliel, al mando de ochenta descendientes de Hebrón.

10 Aminadab, al mando de ciento doce descendientes de Uziel.

11 Luego David llamó a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a sus ayudantes Uriel, Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab,

12-13 y les recordó: La primera vez que intentamos transportar el cofre de Dios, no le consultamos cómo hacerlo, y ustedes no lo trajeron; por eso él nos castigó, matando a algunos de nosotros. Ustedes son los jefes de las familias de la tribu de Leví; celebren con sus familias la ceremonia de limpieza para que Dios les perdone los pecados, y así puedan trasladar el cofre del Dios de Israel al lugar que le he preparado.

14 Y así lo hicieron. Llevaron a cabo la ceremonia de limpieza y transportaron el cofre,

15 llevándolo sobre los hombros con varas, tal como lo había ordenado Dios por medio de Moisés.

16 Los jefes de los ayudantes de los sacerdotes nombraron cantantes de entre su tribu, para que cantaran con alegría, acompañados de guitarras, arpas y platillos, como lo había mandado David.

17 Ésta es la lista de los descendientes de Merarí: Hemán hijo de Joel, Asaf hijo de Berequías, Etán hijo de Cusaías.

18 Luego nombraron a otros parientes que trabajaban como ayudantes en el templo: Zacarías hijo de Jaaziel, Semiramot, Jehiel, Uní, Eliab, Benaías, Maaseías, Matatías, Elifelehu, Mecneías, Obed-edom, Jeiel. Los dos últimos en la lista eran guardianes de las entradas del templo.

19 Los músicos encargados de tocar los platillos de bronce eran: Hemán, Asaf, Etán.

20 Los que tocaban las guitarras eran: Zacarías, Aziel, Semiramot, Jehiel, Uní, Eliab, Maaseías, Benaías.

21 Los que tocaban las arpas y guiaban el canto eran: Matatías, Elifelehu, Mecneías, Obed-edom, Jeiel, Azazías.

22 Quenanías, hombre muy inteligente, y jefe de los ayudantes de los sacerdotes, era el director de la música.

23-24 Los que vigilaban la entrada de la carpa del cofre eran: Berequías, Elcaná, Obed-edom, Jehías. Los sacerdotes encargados de tocar las trompetas delante del cofre de Dios eran: Sebanías, Josafat, Natanael, Amasai, Zacarías, Benaías, Eliézer.

El cofre llega a Jerusalén

25 David y los jefes de Israel fueron a la casa de Obed-edom por el cofre del pacto de Dios, y lo trajeron a Jerusalén con gran alegría. Los acompañaron los oficiales de su ejército.

26 Como Dios había ayudado a los encargados de transportar el cofre, ellos le presentaron como ofrenda siete toros y siete carneros.

27-29 David y todos los israelitas trajeron el cofre de Dios a Jerusalén, con cantos de alegría y música de cuernos de carnero, trompetas, platillos, arpas y guitarras. David, los encargados del cofre, los músicos y Quenanías, director de los cantos, estaban vestidos con mantos de lino fino. Además, David traía puesto un chaleco, y danzaba con mucha alegría. En el momento en que entraba el cofre, Mical la hija de Saúl estaba viendo desde la ventana del palacio, y al ver lo que hacía David, sintió por él un profundo desprecio.

16

1 El cofre del pacto de Dios fue puesto en una carpa que David había preparado, y allí David le presentó a Dios muchas ofrendas de animales y de vegetales.

2 Luego bendijo al pueblo en nombre de Dios,

3 y a cada uno de los presentes le dio un pan de harina, uno de dátiles y otro de pasas.

4 Además, David nombró a algunos de los ayudantes de los sacerdotes para que se encargaran del culto frente al cofre de Dios, orando, dando gracias y alabando al Dios de Israel.

5-6 Éstos son los nombres de esos ayudantes, con Asaf como jefe de ellos: Zacarías, Jeiel, Semiramot, Jehiel, Matatías, Eliab, Benaías, Obed-edom, Jeiel. Todos estos tocaban instrumentos de cuerdas. Y junto con ellos nombraron a los sacerdotes Benaías y Jahaziel para que se encargaran de tocar siempre las trompetas. Asaf quedó encargado de tocar los platillos.

David da gracias a Dios (Sal 105.1-15; 96.1-13; 106.47-48).

7 Ése fue el primer día en que David les encargó a Asaf y a sus compañeros que dedicaran a Dios este canto de acción de gracias:

8 ¡Demos gracias a nuestro Dios! ¡Demos a conocer entre las naciones todo lo que él ha hecho!

9 ¡Cantémosle himnos! ¡Demos a conocer sus grandes milagros!

10 ¡Digamos con orgullo que no hay otro Dios aparte del nuestro! ¡Alegrémonos de corazón todos los que adoramos a Dios!

11 Acerquémonos a nuestro poderoso Dios, y procuremos agradarle siempre.

12 Hagamos memoria de las maravillas que nuestro Dios ha realizado; recordemos sus milagros y los mandamientos que nos dio.

13 Somos los descendientes de Abraham y de Jacob; somos el pueblo elegido por Dios y estamos a su servicio; por lo tanto, ¡escúchenme!

14 Pertenecemos a nuestro Dios; su palabra llena la tierra.

15 Él no ha olvidado su pacto ni las promesas que nos hizo.

16 Hizo el pacto con Abraham, y se lo confirmó a Isaac.

17 Con Israel lo estableció como un pacto para toda la vida,

18 y le dijo: Yo te daré Canaán. Es la tierra que te ha tocado.

19 Nosotros no éramos muchos; ¡éramos gente sin patria!

20 ¡Todo el tiempo andábamos de país en país y de reino en reino!

21 Pero Dios jamás permitió que nadie nos molestara, y les advirtió a los reyes:

22 No se metan con mi pueblo elegido; no les hagan daño a mis profetas.

23 ¡Cantemos alabanzas a nuestro Dios! ¡Celebremos día tras día sus victorias!

24 ¡Anunciemos entre todas las naciones su grandeza y sus maravillas!

25 ¡Grande y digno de alabanza es nuestro Dios, y más temible que todos los dioses!

26 Los dioses de otras naciones son dioses falsos, pero Dios hizo los cielos.

27 Lleno está su santuario de majestad y esplendor, de poder y belleza.

28 Pueblos todos, ¡reconozcan el poder de nuestro Dios y ríndanle homenaje!

29 ¡Vengan ante su presencia y traigan sus ofrendas! ¡Adórenlo como él se merece! ¡Inclínense ante él en su santuario majestuoso!

30 ¡Que toda la tierra le rinda homenaje! Él estableció el mundo con firmeza, y el mundo jamás se moverá. ¡Él gobierna las naciones con justicia!

31 ¡Que se alegren los cielos! ¡Que grite la tierra de alegría! Que digan las naciones: ¡Dios es nuestro rey!

32 ¡Que ruja el mar, con todo lo que contiene! ¡Que canten alegres los campos, con todo lo que hay en ellos!

33 ¡Que griten de alegría todos los árboles del bosque! ¡Que canten en presencia de Dios, que viene ya para gobernar al mundo!

34 ¡Démosle gracias porque él es bueno! ¡Dios nunca deja de amarnos!

35 Dios nuestro, ¡sálvanos! ¡Permítenos volver a nuestra tierra, para que te demos gracias y te alabemos como nuestro Dios!

36 ¡Bendito sea ahora y siempre el Dios de Israel! ¡Que diga el pueblo de Dios: Así sea! ¡Alabemos a nuestro Dios!

Los encargados del culto

37 Éstas son las personas que David nombró para que se hicieran cargo del culto: Asaf y sus compañeros se hicieron cargo de celebrar todos los días los cultos delante del cofre del pacto de Dios.

38 Los encargados de vigilar las entradas de la carpa fueron Obed-edom, Hosá, junto con el hijo de Jedutún, también llamado Obed-edom, y sesenta y ocho compañeros más.

39 Sadoc y sus compañeros sacerdotes, fueron los encargados del culto en el santuario que estaba en Gabaón;

40 allí ofrecían continuamente sacrificios en honor de Dios; lo hacían por la mañana y por la noche, tal y como lo ordena la ley que Dios le dio a su pueblo Israel.

41-42 Además de esos, David eligió a otros para que entonaran a Dios el canto de gratitud que se titula: El amor de Dios es eterno. Hemán y Jedutún acompañaban este canto con trompetas, platillos y otros instrumentos musicales. Además, los hijos de Jedutún vigilaban las entradas del santuario.

43 Después de esto, todos regresaron a sus casas; David también volvió a su casa y bendijo a su familia.

17 Dios hace un pacto con David (2 S 7.1-29).

1 David ya vivía tranquilo en su palacio, cuando le dijo al profeta Natán: —No está bien que yo viva en un palacio de maderas finas, mientras el cofre del pacto de Dios todavía está en una carpa.

2 Natán le contestó: —Haz lo que creas conveniente, pues Dios te apoya en todo.

3 Sin embargo, Dios le habló a Natán esa misma noche, y le dijo:

4 Ve y dile de mi parte a David lo siguiente: «David, no serás tú quien me construya una casa.

5-6 Dime cuándo les pedí a los jefes de Israel que me hicieran una casa de maderas finas. ¡Si desde que los saqué a ustedes de Egipto, siempre he vivido en una carpa!

7 Yo soy el Dios todopoderoso. Yo soy quien te puso al frente de mi pueblo cuando eras un simple pastor de ovejas.

8 Yo soy quien siempre te ha cuidado, y te ha ayudado a derrotar a tus enemigos. Y soy también quien te hará muy famoso en este mundo.

9-14 También a mi pueblo Israel le he dado un lugar donde pueda vivir en paz. Nadie volverá a molestarlos ni a hacerles daño, como cuando los gobernaban los jueces». Yo haré que de tus descendientes salgan los reyes de Israel, y humillaré a tus enemigos. Después de tu muerte, yo haré que uno de tus hijos llegue a ser rey de mi pueblo. A él sí le permitiré que me construya una casa, y haré que su reino dure para siempre. Yo seré para él como un padre, y él será para mí como un hijo. Y nunca dejaré de amarlo, ni lo abandonaré como abandoné a Saúl».

15 Entonces Natán fue y le dio el mensaje a David.

David le da gracias a Dios

16 El rey David fue a la carpa donde estaba el cofre del pacto, se sentó delante de Dios, y le dijo: Mi Dios, ¿cómo puedes darme todo esto si mi familia y yo valemos tan poco?

17 ¿Y cómo es posible que prometas darme aún más, y que siempre bendecirás a mis descendientes? Me tratas como si fuera yo alguien muy importante.

18 ¿Qué más te puedo decir Dios mío, por haberme honrado así, si tú me conoces muy bien?

19 Tú me dejas conocer tus grandes planes, porque así lo has querido.

20 ¡Qué grande eres, Dios mío! ¡Todo lo que de ti sabemos es verdad! ¡No hay ningún otro Dios como tú,

21 ni existe tampoco otra nación como tu pueblo Israel! ¿A qué otra nación la libraste de la esclavitud? ¿A qué otra nación la hiciste tan famosa? Tú hiciste muchos milagros en favor nuestro, y arrojaste lejos de nosotros a las naciones y a sus dioses.

22 Así nosotros hemos llegado a ser tu pueblo, y tú eres nuestro Dios; y esto será así por siempre.

23 Mi Dios, yo te pido que le cumplas a mis descendientes estas promesas que nos acabas de hacer.

24 Haz que ellos se mantengan en tu servicio, para que tu nombre sea siempre reconocido. Y que todo el mundo diga: «El Dios de Israel es el Dios todopoderoso».

25 Dios mío, yo me atrevo a pedirte esto porque tú has dicho que mis descendientes serán siempre los reyes de tu pueblo.

26 Tú eres Dios, y has prometido hacerme bien.

27 Por eso te ruego que bendigas a mis descendientes para que siempre te sirvan, porque a quien tú bendigas le irá bien.

18 David vence a sus enemigos (2 S 8.1-14).

1 Poco tiempo después, David atacó a los filisteos. Les quitó la ciudad de Gat con sus poblados, y los tuvo bajo su poder.

2 También derrotó a los moabitas, quienes tuvieron que reconocer a David como su rey, y pagarle impuestos.

3 Cuando Hadad-ézer, rey de Sobá, iba hacia Hamat para extender su dominio en la región del río Éufrates, David lo derrotó.

4 Como resultado de la batalla David tomó presos a siete mil jinetes y a veinte mil soldados de a pie. Se quedó con mil carros de combate. A la mayoría de los caballos les rompió las patas, y sólo dejó sanos a cien.

5 Los arameos que vivían en Damasco vinieron a ayudar al rey Hadad-ézer, pero David mató a veintidós mil de ellos.

6-8 Luego puso guardias entre los arameos que vivían en Damasco, y también ellos tuvieron que reconocer a David como rey y empezar a pagarle impuestos. David tomó los escudos de oro que traían los oficiales de Hadad-ézer y los llevó a Jerusalén. También se llevó muchísimo bronce de Tibhat y Cun, ciudades que gobernaba Hadad-ézer. Con ese bronce Salomón hizo la fuente, las columnas y todos los utensilios de bronce para el templo. Así fue como Dios le dio a David victoria tras victoria.

9-10 Hadad-ézer había peleado muchas veces contra Toi, rey de Hamat. Por eso, cuando Toi supo que David había derrotado al ejército de Hadad-ézer, envió a su hijo Adoram a saludar y felicitar al rey David por su triunfo. Adoram le llevó al rey David regalos de oro, plata y bronce.

11 David le entregó todo esto a Dios, junto con el oro y la plata de las naciones que había conquistado: Edom, Moab, Amón, Filistea y Amalec.

12 Abisai, jefe de los treinta mejores soldados de David, mató a dieciocho mil edomitas en el Valle de la Sal.

13 Luego puso guardias en toda la tierra de Edom, y así los edomitas reconocieron a David como rey. Dios seguía dándole victorias a David,

14 y como rey de los israelitas, David siempre fue bueno y justo con ellos.

Los asistentes de David (2 S 8.16-18; 20.23-26).

15 Los principales asistentes de David fueron los siguientes: Joab hijo de Seruiá, que era jefe del ejército; Josafat hijo de Ahilud, que era secretario del reino.

16 Sadoc hijo de Ahitub, y Abimélec hijo de Abiatar, que eran sacerdotes; Savsá, que era su secretario personal;

17 Benaías hijo de Joiadá, jefe del grupo filisteo al servicio del rey. Los hijos de David eran los oficiales más importantes del reino.

19 David vence a los sirios y a los amonitas (2 S 10.1-19).

1 Poco tiempo después, murió Nahas, el rey de los amonitas, y en su lugar reinó su hijo Hanún.

2 Y David dijo: Voy a tratar a Hanún con la misma bondad con que me trató Nahas, su padre. Enseguida envió David mensajeros a Hanún para que lo consolaran por la muerte de su padre. Pero cuando los mensajeros llegaron a la tierra de los amonitas,

3 los jefes de los amonitas le dijeron a Hanún: ¿De veras cree Su Majestad que David envió a sus mensajeros para consolarlo? ¡Claro que no! ¡Los envió como espías, para luego conquistar nuestra ciudad!

4 Entonces Hanún mandó que apresaran a los mensajeros de David, y que los avergonzaran cortándoles la barba, y que los mandaran de regreso a su tierra desnudos de la cintura para abajo.

5 Los mensajeros regresaron muy avergonzados, y cuando David lo supo, les mando a decir: Quédense en Jericó, y no regresen hasta que les crezca la barba.

6 Cuando Hanún y los amonitas supieron que David se había enojado mucho, les pagaron treinta y tres mil kilos de plata a los sirios de las ciudades de Mesopotamia, de Maacá y de Sobá, para que enviaran carros de combate y jinetes que se unieran a ellos y pelearan contra David.

7-9 Los sirios enviaron treinta y dos mil carros de combate, junto con el rey Maacá y su ejército, que acampó frente a Medebá. También vinieron otros reyes sirios, que se quedaron en el campo listos para la batalla. Los amonitas, por su parte, salieron de sus ciudades listos para entrar en batalla a la entrada de la ciudad. David se dio cuenta de esto, y envió a la batalla a Joab, junto con todo su ejército y sus mejores soldados.

10 Y cuando Joab vio que los sirios iban a atacarlo por un lado y los amonitas por el otro, eligió a los mejores soldados israelitas y atacó a los arameos.

11 El resto de su ejército lo dejó a las órdenes de su hermano Abisai, para que peleara contra los amonitas,

12 y le dijo: Si ves que los arameos me están ganando, irás a ayudarme. Si, por el contrario, veo que los amonitas te están ganando, yo te ayudaré.

13 ¡Tú esfuérzate y ten valor! Luchemos por nuestra gente y por las ciudades que Dios nos ha dado, ¡y que Dios haga lo que le parezca mejor!

14 Joab y sus hombres pelearon contra los sirios, y los hicieron huir.

15 Cuando los amonitas vieron que los sirios estaban huyendo, también ellos huyeron de Abisai y corrieron a refugiarse en su ciudad. Entonces Joab dejó de combatirlos y regresó a Jerusalén.

16 Sin embargo, al ver los sirios que los israelitas los habían derrotado, les pidieron ayuda a los sirios que estaban del otro lado del Éufrates. Y cuando éstos llegaron, se pusieron bajo las órdenes de Sofac, jefe del ejército de Hadad-ézer.

17 Cuando David supo esto, reunió a todo el ejército de Israel, cruzó el río Jordán y llegó a donde estaban los sirios. David puso a su ejército frente a los sirios en posición de ataque, y empezó la batalla.

18 David mató a siete mil soldados que guiaban los carros de combate, y a cuarenta mil soldados de a pie. También mató a Sofac, jefe del ejército. Entonces los sirios huyeron de los israelitas.

19 Cuando todos los que se habían unido a Hadad-ézer vieron que David los había derrotado, hicieron la paz con David y quedaron a su servicio. Desde entonces los sirios no volvieron a ayudar a los amonitas.

20 David conquista Rabá (2 S 12.26-31).

1 Llegó la primavera, que era cuando los reyes salían a la guerra. Ese año, Joab salió con su ejército y enfrentó a los amonitas. Rodeó la ciudad de Rabá, y la conquistó. David se había quedado en Jerusalén.

2 David le quitó la corona al rey amonita, la cual era de oro, pesaba treinta y tres kilos, y tenía una piedra preciosa. David le quitó esa piedra preciosa y la puso en su propia corona, y se llevó además gran parte de las riquezas de la ciudad.

3 A la gente que vivía en la ciudad la sacó de allí y la condenó a trabajos forzados. La obligó a usar sierras, picos y hachas de hierro. También la obligó a hacer ladrillos, como lo había hecho con todas las ciudades que había conquistado. Después de eso, David y su ejército regresaron a Jerusalén.

Batallas contra los filisteos (2 S 21.18-22).

4 Después de esto, hubo en Guézer otra batalla contra los filisteos. Allí, Sibecai el husita mató a un gigante llamado Sipai. Así los israelitas dominaron a los filisteos.

5 Tiempo después, hubo otra batalla contra los filisteos. Allí, Elhanán hijo de Jaír mató a Lahmí, hermano de Goliat el de Gat, que tenía una lanza enorme.

6 Después hubo otra batalla en Gat. Allí, un gigante que tenía seis dedos en cada mano y en cada pie

7 desafió a los israelitas. Pero lo mató Jonatán, que era hijo de Simá y sobrino de David.

8 Estos gigantes eran de la familia de Refá, el de Gat, pero David y sus oficiales los mataron.

21 David hace una lista de sus militares (2 S 24.1-25).

1 Satán se levantó contra Israel, y tentó a David para que hiciera una lista de todos los hombres en edad de ser soldados.

2 Entonces David les dijo a Joab y a los jefes del ejército: —Vayan por todo el país, y cuenten a todos los hombres en edad militar, para que yo sepa cuántos soldados tengo.

3 Pero Joab le contestó: —Yo le pido a Dios que multiplique a su pueblo, y que lo haga cien veces más grande de lo que ahora es. Pero si ya todos te servimos fielmente, ¿para qué quieres saber cuántos somos? Lo único que vas a conseguir es que Dios nos castigue.

4 Sin embargo, la orden del rey pudo más que la opinión de Joab, y éste se vio obligado a obedecer. Cuando regresó a Jerusalén,

5 Joab le informó al rey cuántos hombres había en edad militar. En Israel había un millón cien mil, y en Judá, cuatrocientos setenta mil.

6 Pero como a Joab no le gustó lo que el rey había ordenado hacer, no contó a los hombres de las tribus de Leví y de Benjamín.

7 A Dios no le agradó lo que David había hecho, y decidió castigar al pueblo de Israel.

8 Pero David le dijo a Dios: Hice muy mal al desconfiar de ti y basar mi seguridad en el número de mis soldados. Te ruego que me perdones por haber sido tan tonto.

9-12 Entonces, Dios le habló al profeta Gad y le dijo: Ve a decirle a David que lo voy a castigar, y que puede escoger uno de estos tres castigos: Tres años de hambre en todo el país; ser perseguido por sus enemigos durante tres meses; o que todo el pueblo sufra enfermedades y que yo envíe a mi ángel a causar gran destrucción durante tres días. Gad fue, entregó el mensaje y le dijo a David: Dime qué respuesta debo llevarle a Dios

13 Y David le dijo a Gad: —¡Me resulta difícil elegir uno de los tres! Pero Dios es compasivo, así que prefiero que sea él quien me castigue. No quiero que me hagan sufrir mis enemigos.

14 Entonces Dios envió una enfermedad por todo Israel, y murieron setenta mil personas.

15-27 Luego mandó a un ángel para que destruyera Jerusalén. El ángel salió y comenzó a destruir Jerusalén justo en donde Ornán el jebuseo limpiaba el trigo. El ángel volaba y tenía una espada en la mano. David y los jefes del pueblo estaban vestidos con ropas ásperas en señal de tristeza. Cuando David y los líderes del pueblo vieron que el ángel estaba a punto de destruir la ciudad, se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente. Entonces David dijo: Dios mío, yo fui el que ordenó contar a los soldados. Yo soy el que hizo mal y pecó contra ti. Por favor, no castigues a tu pueblo. Mejor castígame a mí y a mi familia. Entonces el ángel de Dios envió a Gad con este mensaje para David: Ve y constrúyeme un altar en el lugar donde Ornán limpia el trigo. De inmediato David se fue a construir el altar. Mientras tanto, Ornán y sus cuatro hijos estaban limpiando el trigo. Al ver al ángel, los hijos de Ornán se escondieron. Cuando Ornán vio que el rey se acercaba, salió y se inclinó ante él hasta tocar el suelo con su frente. David le dijo: —He venido a comprarte el lugar donde limpias el trigo. Quiero construir allí un altar para Dios. Así se detendrá la enfermedad que está matando a la gente. Ornán le contestó: —Su Majestad, todo lo que tengo es suyo. Presente las ofrendas a Dios, y yo le daré los toros para el sacrificio, y hasta mis herramientas de trabajo para que las use como leña. También tome trigo para otra ofrenda. Yo se lo daré todo con mucho gusto. —Te lo agradezco —dijo David—, pero yo no puedo ofrecerle a Dios algo que no me haya costado nada. Así que te pagaré todo lo que me des. David le dio a Ornán seiscientas monedas de oro por ese lugar. Luego construyó allí un altar para Dios, donde sacrificó y quemó animales en su honor; le presentó ofrendas para hacer las paces, y le rogó que las aceptara. Dios escuchó su petición, y envió fuego desde el cielo para quemar las ofrendas que estaban sobre el altar. Y se arrepintió Dios al ver el sufrimiento de los israelitas, y le dijo al ángel que los estaba destruyendo y matando: Basta, ya no sigas. Entonces el ángel guardó su espada.

El lugar para el templo

28-29 En esos días, el santuario y el altar de los sacrificios, que Moisés había hecho para Dios en el desierto, estaban en Gabaón. Cuando David se dio cuenta de que Dios había escuchado su oración, le presentó más ofrendas en el lugar que le había comprado a Ornán el jebuseo.

30 No quiso ir a Gabaón para conocer la voluntad de Dios, pues le daba miedo encontrarse con el ángel.

22

1 Así fue como David decidió que allí se construiría el templo de Dios, y el altar para que Israel presentara las ofrendas quemadas.

Preparativos para construir el templo

2-5 Antes de morir, David dejó todo listo para construir el templo, pues pensó: Mi hijo Salomón es todavía muy joven y no tiene experiencia; el templo de Dios deberá ser el más grandioso. Su fama y gloria serán conocidas en todo el mundo, así que le dejaré todo listo para que lo construya. Entonces David ordenó que se reunieran todos los extranjeros que vivían en Israel, y les encargó que cortaran piedras para construir con ellas el templo de Dios. También juntó muchísimo hierro para los clavos y las bisagras de los portones; además reunió tanto bronce que no se pudo pesar. Y como la gente de Sidón y de Tiro le habían traído mucha madera de cedro, David guardó una cantidad tan grande de madera que no se pudo saber cuánta era.

La responsabilidad de Salomón

6 Después de esto, le encargó a su hijo Salomón que construyera el templo del Dios de Israel,

7 y le dijo: Hijo mío, yo quería construir un templo para honrar a mi Dios.

8 Pero él no me lo permitió, porque he participado en muchas batallas y he matado a mucha gente. Sin embargo, Dios me prometió

9 que tendría un hijo amante de la paz, y que no tendría problemas con sus enemigos, sino que durante todo su reinado Israel viviría en paz y tranquilidad. Por eso tu nombre es Salomón[e].

10 Dios me dijo que a ti sí te permitiría construir el templo. Él será como un padre para ti, y te tratará como a un hijo; hará que tu reino en Israel sea firme y permanezca para siempre.

11 Por eso, hijo mío, mi mayor deseo es que Dios te ayude y que cumpla su promesa para que puedas construirle el templo.

12-13 Que Dios te dé inteligencia y sabiduría, para que cuando seas el rey de Israel obedezcas la ley que Dios dio a su pueblo por medio de Moisés. Si obedeces a Dios, tendrás éxito en todo lo que hagas. ¡Sólo te pido que seas muy fuerte y muy valiente! ¡No te desanimes ni tengas miedo!

14 Mira, con muchos sacrificios he podido juntar esto para el templo de Dios: tres mil trescientas toneladas de oro, treinta y tres mil toneladas de plata, y una cantidad tan grande de bronce y de hierro que ni siquiera se puede pesar. Además, tenemos muchísima madera y piedra. A todo esto, tú debes añadir aún más.

15-16 También he puesto a tu servicio una gran cantidad de obreros, albañiles, carpinteros y gente que sabe cortar piedras; además te ayudarán muchísimos obreros expertos en todo tipo de trabajos en oro, plata, hierro y bronce. Así que, ¡adelante, y que Dios te ayude!

La responsabilidad de los jefes de Israel

17 Después de esto, David les ordenó a todos los jefes de Israel que ayudaran a su hijo Salomón.

18 Les dijo: Dios los ha ayudado y les ha permitido vivir en paz en todo el país; él me ha permitido tener bajo mi dominio a todos los habitantes de este país, y ahora ellos están bajo el dominio de Dios y de su pueblo.

19 Por tanto, hagan una firme promesa a Dios, y constrúyanle un templo. Así podremos trasladar el cofre del pacto y los utensilios sagrados al templo que haremos para honrar su nombre.

23 Los ayudantes de los sacerdotes

1 Cuando David ya era un anciano, eligió a su hijo Salomón para que fuera rey de Israel.

2-32 David le había dicho al pueblo: El Dios de Israel le ha dado tranquilidad a su pueblo y ha decidido vivir para siempre en Jerusalén. Los ayudantes de los sacerdotes ya no necesitan transportar la carpa de Dios ni los utensilios que se usan en el culto. Por eso, David reunió a todos los jefes de Israel, a los sacerdotes y a sus ayudantes, y les dio a conocer sus últimas decisiones con respecto a estos ayudantes. Ellos quedarían bajo las órdenes de los sacerdotes, que eran descendientes de Aarón, y los ayudarían en el trabajo del templo. David también decidió contar a todos los ayudantes mayores de treinta años, para organizarlos y repartirles los trabajos del templo. En total se contaron treinta y ocho mil ayudantes, y su trabajo fue distribuido de la siguiente manera: Veinticuatro mil para dirigir el trabajo en el templo; seis mil serían asistentes y jueces; cuatro mil vigilarían las entradas del templo, y cuatro mil serían cantores y músicos encargados de la alabanza a Dios con instrumentos musicales que David había hecho. Todos estos ayudantes eran descendientes de Leví. Luego, David hizo una lista de los descendientes de Leví que eran mayores de veinte años y jefes de sus grupos familiares, y los dividió en tres, según los hijos que tuvo Leví: Guersón, Quehat y Merarí.

24 El trabajo de los sacerdotes

1 Aarón tuvo cuatro hijos: Nadab, Abihú, Eleazar, Itamar. Aarón y sus descendientes fueron los encargados de todos los trabajos sacerdotales.

2 Pero como Nadab y Abihú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos, Eleazar e Itamar se hicieron cargo del trabajo sacerdotal.

3-6 Después de hacer un sorteo, David, Sadoc y Ahimélec les asignaron turnos a los sacerdotes para que prestaran sus servicios. Lo hicieron así porque tanto entre los descendientes de Eleazar como entre los de Itamar había sacerdotes muy importantes dedicados al servicio del templo. Uno de los ayudantes de los sacerdotes, llamado Semaías hijo de Natanael, fue el encargado de anotar todos los nombres en una lista oficial; el rey, los jefes, los sacerdotes Sadoc y Ahimélec, y los jefes de los grupos sacerdotales y de los grupos de ayudantes, fueron testigos de cómo se escribió esta lista. Como había más sacerdotes descendientes de Eleazar que de Itamar, se asignaron más turnos a los jefes de Eleazar. A los de Itamar se les asignaron ocho turnos, y a los de Eleazar, dieciséis.

7-18 Según el sorteo que se hizo, éste es el orden: Joiarib, Jedaías, Harim, Seorim, Malquías, Mijamín, Cos, Abías, Jesús, Secanías, Eliasib, Jaquim, Hupá, Jesebab, Bilgá, Imer, Hezir, Pisés, Petahías, Hezequiel, Jaquín, Gamul, Delaías, Maazías.

19 De acuerdo a este orden, estos sacerdotes se fueron turnando para servir en el templo, tal como lo había ordenado el Dios de Israel por medio de Aarón.

Otra lista de ayudantes

20-31 Hubo otros ayudantes que también fueron asignados por sorteo para servir en el templo. Y tanto los sacerdotes como estos ayudantes fueron tratados de igual manera. También en este caso el rey David, Sadoc, Ahimélec y los jefes de los grupos familiares de los sacerdotes y de los descendientes de Leví, fueron testigos de cómo se hizo el sorteo. Ésta es la lista de sus nombres y del grupo al que pertenecían: Subael, descendiente de Amram; Jehedías, descendiente de Subael; Isías, descendiente de Rehabías. Isías era el principal de ellos. Selomot, descendiente de Ishar; Jáhat, descendiente de Selomot; Jerías, Amarías, Jahaziel, Jecamán; los cuatro anteriores eran descendientes de Hebrón; Micaías, descendiente de Uziel; Samir, descendiente de Micaías; Isías, hermano de Micaías; Zacarías, descendiente de Isías; Mahli, Musí, descendientes de Merarí; Sóham, Zacur, Ibrí, descendientes de Jaazías, hijo de Merarí; Eleazar, descendiente de Mahli, hijo de Merarí. Eleazar no tuvo hijos. Jerahmeel, descendiente de Quis, hijo de Merarí; Mahli, Éder, Jerimot, descendientes de Musí.

25 Los músicos del templo

1-6 David y los jefes encargados del templo apartaron a Asaf, a Hemán y a Jedutún, junto con todos sus hijos, para que se encargaran de la música de los cultos. Estos músicos comunicaban mensajes de Dios por medio de sus cantos o acompañados por instrumentos musicales, y estaban bajo las órdenes directas del rey David. Asaf, Hemán y Jedutún dirigían a sus hijos cuando alababan a Dios en el templo, acompañados de arpas, platillos y otros instrumentos de cuerdas. Ésta es la lista de sus nombres: Los hijos de Asaf: Jacur, José, Netanías, Asarela. Los hijos de Jedutún: Guedalías, Serí, Isaías, Simí, Hasabías, Matatías. Los hijos de Hemán: Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Jeremot, Hananías, Hananí, Eliatá, Guidalti, Romamti-ézer, Josbecasa, Malotí, Hotir, Mahaziot. Estos catorce hombres, junto con sus tres hermanas, formaban la familia de Hemán, y por eso llegó a ser muy poderoso, pues así se lo había prometido Dios.

7 Los que estaban entrenados para cantar a Dios fueron en total doscientos ochenta y ocho.

8 Éstos se turnaron, por medio de un sorteo, para prestar su servicio, sin importar que fueran adultos o jóvenes, maestros o estudiantes.

9-31 Se organizaron en grupos de doce; cada grupo estaba compuesto por el jefe de familia, sus hijos y hermanos. Cada grupo tenía el nombre del jefe de familia; éste es el orden en que les tocó servir: José, Guedalías, Zacur, Isrí, Netanías, Buquías, Jesarela, Isaías, Matanías, Simí, Azarel, Hasabías, Subael, Matatías, Jeremot, Hananías, Josbecasa, Hananí, Malotí, Eliatá, Hotir, Guidalti, Mahaziot, Romamti-ézer.

26 Organización de los vigilantes

1-19 Los encargados de vigilar las entradas del templo de Dios también hicieron un sorteo para repartir los turnos de vigilancia. Así, los turnos se asignaron sin importar de qué familia era el vigilante, pues todos fueron tratados de la misma manera en que fueron tratados los ayudantes de los sacerdotes. Quedaron repartidos de acuerdo al siguiente orden: Del grupo familiar de Coré: Meselemías, hijo de Coré y nieto de Asaf, y sus siete hijos: Zacarías, Jediael, Zebadías, Jatniel, Elam, Johanán, Eliehoenai. Obed-edom y sus ocho hijos: Semaías, Jozabad, Joah, Sacar, Natanael, Amiel, Isacar, Peultai. Semaías y sus seis hijos: Otní, Rafael, Obed, Elzabad, Elihú, Samaquías. Estos seis fueron los jefes de sus grupos familiares. Obed-edom tuvo entonces sesenta y dos descendientes, pues Dios lo bendijo dándole muchos hijos. Los hijos y hermanos de Meselemías que sirvieron como vigilantes fueron dieciocho en total. Todos estos fueron hombres famosos por la valentía que mostraban como vigilantes del templo. Del grupo familiar de Merarí: Hosá y sus hijos: Simrí, Hilquías, Tebalías, Zacarías. Los hijos y hermanos de Hosá fueron en total trece. Hosá nombró a Simrí como el jefe, aunque éste no era su hijo mayor. Cada día los que vigilaban las entradas se repartían de la siguiente manera: Seis hombres en la entrada del este, entre los que estaba Selemías. Cuatro hombres en la entrada del norte, entre los que estaba un consejero sabio llamado Zacarías hijo de Selemías. Cuatro hombres en la entrada del sur, para vigilar las dos bodegas que allí había. Dos hombres para cada bodega; entre ellos estaban Obed-edom y sus hijos. Cuatro hombres en la entrada del oeste. Esta entrada estaba junto a la gran cuesta que lleva al patio oeste, y se le llamaba Saléquet. Entre estos vigilantes estaban Supím y Hosá. Dos hombres para vigilar el patio oeste.

Los tesoreros

20-28 Otros hombres de la tribu de Leví cuidaban los tesoros del templo y las ofrendas especiales que el profeta Samuel, el rey Saúl, el oficial Abner y el oficial Joab habían dado para Dios. Entre esas ofrendas también estaba parte del botín de guerra que el rey David, los jefes de las tribus, y todos los jefes del ejército habían entregado para los gastos del templo de Dios. Entre estos vigilantes había descendientes de Guersón hijo de Moisés, y descendientes de Amram, Zetam y Joel. Unos eran hijos de Jehiel y nietos de Ladán; otros eran hijos de Ishar, Hebrón y Uziel, descendientes de Amram. Otros eran descendientes de Eliézer, el hermano de Guersón, entre los cuales estaban Rehabías, Isaías, Joram, Zicrí y Selomit. Como jefe de todos estos tesoreros nombraron a Sebuel, descendiente de Guersón.

Otros trabajos fuera del templo

29 Quenanías y sus hijos fueron los líderes y jueces encargados de los asuntos del gobierno, y no trabajaban en el templo. Ellos eran descendientes de Ishar.

30 Hasabías, que era descendiente de Hebrón, tenía un total de mil setecientos parientes. Todos eran hombres muy valientes, que estaban encargados de todos los asuntos religiosos y políticos de los israelitas que vivían al oeste del Jordán.

31-32 Cuando David tenía ya cuarenta años gobernando, ordenó que se revisaran las listas de los descendientes de Hebrón. El rey se dio cuenta de que entre esos descendientes había en Jazer de Galaad hombres muy valientes. El jefe de todos esos hombres era Jerías, y en total sumaban dos mil setecientos jefes de familia. Entonces el rey David los puso a cargo de todos los asuntos religiosos y políticos de las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés.

27 Organización del ejército

1 El ejército de Israel estaba formado por doce grupos, que se turnaban para servir al rey una vez al año. Cada grupo estaba formado por veinticuatro mil hombres, entre los que había jefes de grupos familiares y oficiales del ejército.

2-15 Ésta es la lista de los jefes de los grupos militares que cada mes prestaban sus servicios al rey: Primer mes: Jasobeam hijo de Zabdiel, descendiente de Fares. Segundo mes: Dodai el ahohíta, y su ayudante Miclot. Tercer mes: Benaías hijo del jefe de los sacerdotes Joiadá, y jefe de los treinta valientes; pero en realidad, su hijo Amizabad era el jefe del grupo. Cuarto mes: Asael hermano de Joab; luego ocupó su lugar su hijo Zebadías. Quinto mes: Samhut el izraíta. Sexto mes: Irá hijo de Iqués, el tecoíta. Séptimo mes: Heles el pelonita, descendiente de Efraín. Octavo mes: Sibecai el de Husá, descendiente de los zarjítas. Noveno mes: Ebiézer el de Anatot, descendiente de Benjamín. Décimo mes: Maharai el de Netofá, descendiente de los zarjítas. Decimoprimer mes: Benaías el de Piratón, descendiente de Efraín. Duodécimo mes: Heldai el de Netofá, descendiente de Otoniel.

Organización de las tribus de Israel

16-22 Ésta es la lista de los jefes de las tribus de Israel: Eliézer hijo de Zicrí, de la tribu de Rubén. Sefatías hijo de Maacá, de la tribu de Simeón. Hasabías hijo de Quemuel, de la tribu de Leví. Elihú, hermano de David, de la tribu de Judá. Omrí hijo de Micael, de la tribu de Isacar. Ismaías hijo de Abdías, de la tribu de Zabulón. Jerimot hijo de Azriel, de la tribu de Neftalí. Oseas hijo de Azazías, de la tribu de Efraín. Joel hijo de Pedaías, de la media tribu de Manasés. Idó hijo de Zacarías, de la otra media tribu de Manasés, en Galaad. Jaasiel hijo de Abner, de la tribu de Benjamín. Azarel hijo de Jeroham, de la tribu de Dan. Además, Sadoc fue el jefe de los descendientes de Aarón.

23 Como Dios había prometido que los israelitas se multiplicarían tanto que nadie los podría contar, David no hizo una lista de los que eran menores de veinte años.

24 Y aunque Joab había comenzado a contarlos, no pudo terminar, porque Dios envió una enfermedad sobre los israelitas como castigo. Por esta razón, en el libro que narra los hechos más importantes del reinado de David nunca se anotó cuántos eran.

Administradores del rey David

25-31 Ésta es la lista de los que estaban encargados de cuidar y administrar las propiedades del rey David: Azmávet hijo de Adiel: Era el principal tesorero. Jonatán hijo de Ozías: Cuidaba los tesoros que estaban guardados en diferentes lugares del territorio de Israel. Ezrí hijo de Quelub: Era el jefe de los campesinos que cultivaban las tierras del rey. Simí de Ramat: Administraba y cuidaba los viñedos. Zabdí de Sefam: Era el encargado de llevar el vino a las bodegas. Baal-hanán de Guederá: Administraba los olivares y los árboles de higos silvestres que había en la llanura. Joás: Cuidaba los depósitos de aceite. Sitrai de Sarón: Atendía el ganado que pastaba en Sarón. Safat hijo de Adlai: Cuidaba el ganado que pastaba en los valles. Obil el ismaelita: Vigilaba los camellos. Jehedías de Meronot: Era el encargado de cuidar las burras. Jaziz el agareno: Era el encargado de cuidar las ovejas.

Otros ayudantes de David

32-34 Éstos son los hombres que ayudaban a David en otros trabajos: Jonatán el tío de David: Era secretario, y un sabio consejero. Jehiel hijo de Hacmoní: Cuidaba siempre de los hijos del rey. Ahitófel: Era consejero del rey; luego ocuparon su lugar Joiadá hijo de Benaías, y Abiatar. Husai el arquita: Consejero y amigo del rey. Joab: Era el jefe del ejército.

28 Últimas instrucciones de David

1 David reunió en Jerusalén a todos los jefes y autoridades de Israel. Cuando todos estaban reunidos,

2 David se puso de pie y les dijo: Compatriotas y líderes de mi pueblo, escúchenme con atención: Yo quería construirle un lugar permanente al cofre del pacto, para que allí nuestro Dios reinara; y ya estaba preparado para hacerlo.

3-4 Nuestro Dios decidió que de la tribu de Judá saldría un rey que gobernaría por siempre en Israel. Por eso eligió a mi familia, y de entre todos mis hermanos me eligió a mí. A pesar de esto, Dios no me permitió construirle el templo, porque yo había participado en muchas guerras y había matado a mucha gente.

5 Sin embargo, de entre todos los hijos que Dios me ha dado, él eligió a Salomón como rey para que gobierne en su nombre sobre Israel.

6 Además, Dios me prometió que Salomón construirá el templo y sus salones, y que lo tratará como a un hijo.

7 Y si Salomón se esfuerza y obedece todos sus mandamientos como lo hace ahora, Dios hará que su reino sea firme y permanezca para siempre.

8 Dios y todo Israel son testigos de lo que estamos haciendo. Por eso, en este día, delante de ellos, les pido a ustedes, los líderes del pueblo, que respeten y obedezcan todos los mandamientos de Dios; sólo así seguirán viviendo en esta tierra fértil, y podrán dejársela a sus hijos para siempre. Luego el rey David se volvió a su hijo Salomón y le dijo:

9 Salomón, hijo mío, Dios conoce todos tus pensamientos, y sabe cuáles son tus intenciones en todo momento. Por eso, obedécelo con amor y de buena gana. Él siempre responderá tus peticiones; pero si no lo obedeces, él te rechazará para siempre.

10 No olvides que Dios te eligió para construir su templo. Por eso, ¡sé fuerte y ponte a trabajar!

11-19 Entonces David le entregó a su hijo Salomón los planos que había hecho para la construcción del templo. Los planos seguían las instrucciones de Dios para construir todos los edificios, salones, cuartos y patios del templo. En los cuartos de alrededor se guardarían los utensilios, tesoros y ofrendas especiales, y también dormirían los sacerdotes y los ayudantes que vendrían por turnos a trabajar en el templo. David también le entregó a Salomón el oro y la plata necesarios para hacer todos los utensilios y muebles que se usarían para los cultos en el templo; le indicó el peso que debían tener, y el material que debían usar para fabricarlos. Ésta es la lista de algunos de los muebles y utensilios: los candelabros y sus lámparas; las mesas donde se pondría el pan consagrado; los tenedores, los tazones, las jarras y las copas; el altar del incienso y el carro que serviría para mover los querubines que, con sus alas extendidas, cubrirían el cofre del pacto de Dios.

20-21 Además, David le indicó a Salomón quiénes quedarían bajo sus órdenes y lo ayudarían a construir el templo: los sacerdotes y sus ayudantes, que por turnos prestarían sus servicios en el templo de Dios; los obreros expertos en trabajos manuales; los jefes y todo el pueblo en general. Luego, David le dijo a Salomón: ¡Sé fuerte y valiente! ¡Cumple con tu trabajo y construye el templo de Dios! ¡No tengas miedo ni te desanimes, porque Dios siempre estará contigo! Él no te dará la espalda ni te abandonará.

29 David habla a todo el pueblo de Israel

1 Luego, el rey David le dijo a toda la gente que se había reunido: Dios eligió a mi hijo Salomón para que le construya el templo; sin embargo, él todavía está muy joven y no tiene experiencia para hacer un trabajo tan importante. ¡Él construirá el templo para nuestro Dios, y no se trata de la construcción de un palacio ordinario!

2 Con muchos sacrificios he podido juntar los materiales necesarios para construir el templo de mi Dios: oro, plata, bronce, hierro y madera para los muebles y utensilios que deben ser confeccionados. También he reunido muchísimas piedras preciosas de toda clase.

3 Es tan grande mi amor por este templo para mi Dios, que además de todo lo que ya he reunido, voy a entregar de mis propias riquezas lo siguiente:

4 cien mil kilos del oro más fino que existe, y doscientos treinta mil kilos de plata fina, para recubrir las paredes del templo y sus edificios,

5 y para los muebles y utensilios que harán los artesanos. ¿Quién de ustedes quiere demostrar hoy su amor a Dios, dando una ofrenda para la construcción del templo?

Ofrendas del pueblo

6 Entonces todos los jefes de Israel y las altas autoridades del reino dieron de buena voluntad las siguientes ofrendas:

7 Ciento sesenta y cinco mil kilos y diez mil monedas de oro, trescientos treinta mil kilos de plata, cerca de seiscientos mil kilos de bronce, tres millones trescientos mil kilos de hierro.

8 Además, los que tenían piedras preciosas se las entregaron a Jehiel, descendiente de Guersón, que era el encargado de la tesorería del templo.

9 El rey David y todo el pueblo estaban muy contentos porque todos dieron con sinceridad.

Oración de David

10 Y aprovechando que tenía al pueblo reunido, David bendijo a Dios con estas palabras: ¡Bendito seas, Dios de Israel; Dios de nuestro antepasado Jacob; bendito seas para siempre!

11 ¡Dios mío, a ti te pertenecen la grandeza y el poder, la gloria, el dominio y la majestad! Porque todo lo que existe es tuyo. ¡Tú reinas sobre todo el mundo!

12 Tú das las riquezas y el honor, y tú dominas a todas tus criaturas. Tuyos son el poder y la fuerza, y das grandeza y poder a todos.

13 Por eso es que hoy, Dios nuestro, te damos gracias, y alabamos tu nombre glorioso.

14-16 Dios nuestro, todas estas riquezas que hemos dado para construirte un templo, en realidad te pertenecen a ti. Son tuyas; tú nos diste todo, y ahora sólo te regresamos lo que de ti habíamos recibido. Además, delante de ti, mi pueblo y yo somos como gente sin patria, que va de un lado a otro, como antes lo hicieron nuestros antepasados. Nuestra vida es como una sombra sobre la tierra, sin esperanza alguna. Sabemos que ninguno de nosotros merece reconocimiento por las ofrendas que hemos traído.

17 Yo sé, Dios mío, que tú te das cuenta de nuestras intenciones y que te gusta que seamos sinceros. Por eso me da una gran alegría saber que tu pueblo y yo te hemos presentado nuestras ofrendas, de buena voluntad y con toda sinceridad.

18 Dios de nuestros antepasados Abraham, Isaac y Jacob: haz que tu pueblo tenga siempre esta manera de pensar y de sentir, y que te ame con todo el corazón.

19 Y te pido que le des a mi hijo Salomón el profundo deseo de obedecer y poner en práctica todos tus mandamientos; también te pido que le permitas construir el templo con estos materiales que he reunido.

20 Cuando terminó, David le dijo al pueblo: ¡Bendigan y alaben a Dios! Entonces todo el pueblo, inclinándose ante Dios y ante el rey, bendijo y alabó al Dios de sus antepasados.

Israel reconoce a Salomón como su rey

21 Al día siguiente le presentaron a Dios, en nombre de todo Israel, muchísimos animales para sacrificarlos y quemarlos en su honor: mil toros, mil carneros y mil corderos, con sus ofrendas de vino.

22 Ese día derramaron aceite sobre la cabeza de Salomón, para nombrarlo sucesor del rey David; lo mismo hicieron con Sadoc, para nombrarlo sacerdote. Ésa fue la segunda ocasión en que todo el pueblo reconoció a Salomón como su rey, y todos comieron y bebieron con mucha alegría delante de Dios.

23-24 Así pues, Salomón reinó en lugar de David, su padre. Todos los jefes del pueblo, los soldados más valientes, y todos los hijos del rey David, fueron leales y apoyaron al rey Salomón. Todo el pueblo de Israel le obedeció, y así, su reino fue firme y exitoso.

25 Dios hizo que Salomón fuera grande, poderoso y famoso ante su pueblo, como no lo fue ningún otro rey de Israel.

Muerte de David (1 R 2.10-12).

26 David hijo de Jesé reinó sobre todo Israel

27 durante cuarenta años, siete de los cuales vivió en Hebrón, y los treinta y tres restantes, en Jerusalén.

28 David murió tranquilamente cuando ya era muy anciano, lleno de riquezas y honores. En su lugar reinó su hijo Salomón.

29-30 Los hechos más importantes de la historia del rey David, desde el principio hasta el fin, están escritos en los libros de los profetas Samuel, Natán y Gad. En ellos se narran no sólo los hechos más importantes con respecto al poder y valentía de David, sino también lo que le pasó a Israel y a sus países vecinos.


Notas de 1 Crónicas

[a] 1 Crónicas 2:5 Acar: Según Josué 7.1, el nombre debe ser Acán. <<

[b] 1 Crónicas 4:9 El nombre Jabés es muy parecido a la palabra hebrea que significa dolor. <<

[c] 1 Crónicas 13:10 En hebreo, Peres-uzá significa golpe contra Uzá, o también brecha en Uzá. <<

[d] 1 Crónicas 14:11 En hebreo, Baal-perasim significa Señor de los caminos. <<

[e] 1 Crónicas 22:9 El nombre Salomón está relacionado con la palabra hebrea shalom, que significa paz. <<

🔊 Formato Audio extraído de librivox – Bible (Reina Valera) 13: Primer Libro de Crónicas


Reflexiones sobre el libro 1 Crónicas

«Crónicas 1» del Antiguo Testamento, este libro es una obra fundamental de la literatura bíblica, ya que ofrece una crónica detallada de la historia del pueblo de Israel desde la creación del mundo hasta la muerte del rey David. A lo largo de sus capítulos, «Crónicas 1» presenta una gran cantidad de detalles sobre la vida y las acciones de los reyes de Israel, así como sobre los ritos y ceremonias religiosas que se llevaban a cabo en el Templo de Jerusalén.

Es interesante destacar que «Crónicas 1» enfatiza la importancia de la fe y la obediencia a Dios en la vida del pueblo de Israel. A lo largo de la obra, se destacan los momentos en que el pueblo se aleja de Dios y las consecuencias que esto tiene, así como las bendiciones que reciben cuando vuelven a seguir sus mandatos. Esto nos muestra la relevancia de mantener nuestra conexión con la divinidad y la importancia de seguir los principios y valores que nos guían.

En general, «Crónicas 1» es un libro que nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con Dios y sobre la importancia de mantener esta conexión en nuestra vida diaria. También nos muestra la importancia de la fe y la obediencia en nuestra vida, así como las consecuencias negativas que pueden tener nuestras acciones si nos alejamos de los valores y principios que nos guían.

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