Filipenses

Epístola a los Filipenses

Epístola a los Filipenses

La Epístola a los Filipenses es una de las cartas del apóstol San Pablo incluidas en el Nuevo Testamento de la Biblia. Escrita a principios del siglo I y dirigida a la comunidad cristiana de la ciudad de Filipos, en Macedonia, esta carta es una de las obras más personales y emotivas del apóstol.

En la Epístola a los Filipenses, San Pablo expresa su amor y agradecimiento hacia la comunidad de Filipos, y les ofrece consejos prácticos y espirituales para fortalecer su fe y su compromiso con Cristo. El apóstol también reflexiona sobre su propia vida y sufrimiento, y ofrece una visión profunda de la vida cristiana como una llamada a la humildad y el servicio.

La Epístola a los Filipenses es una obra literaria rica y conmovedora, que refleja la profundidad de la espiritualidad y la teología de San Pablo. A través de esta carta, los lectores modernos pueden encontrar inspiración y guía para su propia vida espiritual, así como una comprensión más profunda de la importancia del amor, la humildad y el servicio en la vida cristiana.

1 Saludo

1 Queridos hermanos y hermanas de la iglesia de Filipos: Nosotros, Pablo y Timoteo, que somos servidores de Jesucristo, enviamos un saludo a todos ustedes, que pertenecen al pueblo especial de Dios y están unidos a Jesucristo. Saludos también para los líderes y los diáconos.

2 Que Dios, nuestro Padre, y el Señor Jesucristo, los amen mucho y les den su paz.

Pablo ora por los miembros de la iglesia

3 Siempre doy gracias a mi Dios, al acordarme de ustedes;

4 y cuando oro, siempre pido con alegría por todos,

5 porque me ayudaron a anunciar la buena noticia desde el primer día que la oyeron hasta ahora.

6 Dios empezó el buen trabajo en ustedes, y estoy seguro de que lo irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo vuelva.

7 Está bien que yo piense así de todos ustedes, porque los quiero mucho, y porque ustedes comparten conmigo el trabajo de amor que Dios me ha encargado. En la cárcel, o delante de los jueces, ustedes siempre me apoyan para afirmar la verdad de esta buena noticia.

8 Dios sabe que no miento cuando digo que los extraño y los quiero con el tierno amor que Jesucristo me da.

9 Le pido a Dios que ustedes se amen cada vez más, y que todo lo aprendan bien y lo juzguen correctamente,

10 para que sepan cómo elegir lo mejor. Así, cuando Cristo vuelva, estarán sin pecado y nadie podrá acusarlos de nada.

11 Porque, con la ayuda de Jesucristo, ustedes harán lo bueno, para que la gente alabe y honre a Dios.

Lo que Pablo piensa de la vida

12 Queridos hermanos, quiero que sepan que lo que me ha pasado, más bien me ha ayudado a anunciar la buena noticia.

13 Todos los guardias del palacio, y el resto de la gente, saben que estoy preso por servir a Cristo.

14 Además, al saber que estoy preso, la mayoría de los hermanos se ha animado a anunciar el mensaje de Dios, sin miedo y con más confianza en el Señor Jesucristo.

15-16 Es cierto que algunos anuncian la buena noticia porque de veras quieren ayudar: aman a Cristo y saben que Dios me ha dado la tarea de defender la buena noticia. En cambio, hay otros que lo hacen sólo por competir conmigo, o porque me envidian.

17 Y esos que me envidian no la anuncian con sinceridad; lo hacen porque son egoístas y sólo quieren crearme más problemas aquí en la cárcel.

18 Pero eso no importa; porque, sean sinceros o no, están anunciando el mensaje de Cristo, y eso me hace sentirme muy feliz. Y más feliz me sentiré

19 cuando sepa que, por medio de las oraciones de ustedes, y con la ayuda del Espíritu de Jesucristo, pronto saldré de la cárcel.

20 Espero firmemente no hacer nada que pueda avergonzarme. Al contrario, sea que yo viva o muera, quiero portarme siempre con valor para que, por medio de mí, la gente hable de lo maravilloso que es Cristo.

21 Si vivo, quiero hacerlo para servir a Cristo, pero si muero, salgo ganando.

22-23 En realidad, no sé qué es mejor, y me cuesta mucho trabajo elegir. En caso de seguir con vida, puedo serle útil a Dios aquí en la tierra; pero si muero, iré a reunirme con Jesucristo, lo cual es mil veces mejor.

24-25 Pero yo sé que ustedes me necesitan vivo. Por eso estoy seguro de que me quedaré, para poder ayudarlos a tener más confianza en Dios y a vivir felices.

26 Así que, cuando yo esté otra vez con ustedes, tendrán más motivos para alabar a Jesucristo.

Vivir confiando en Cristo

27 Sólo les pido que vivan dignamente, como lo enseña la buena noticia de Cristo. Porque, sea que yo vaya o no a verlos, quiero estar seguro de que todos ustedes viven muy unidos y que se ponen de acuerdo en todo, y que luchan unidos por anunciar la buena noticia.

28 No tengan miedo de sus enemigos. Si ustedes se comportan con valentía, verán que ellos serán destruidos y ustedes serán salvados, porque Dios les dará el triunfo.

29 Dios les ha dado a ustedes el privilegio de confiar en Cristo, y también de sufrir por él.

30 Así que tendrán los mismos problemas que yo he tenido, y ya saben muy bien lo que he sufrido y estoy sufriendo.

2 Ser como Jesucristo

1 Si Cristo les ha dado a ustedes poder para animar a los demás, y si el amor que ustedes tienen los lleva a consolar a otros, y si todos ustedes tienen el mismo Espíritu y son compasivos,

2 les pido que vivan en armonía y que se amen unos a otros. Así me harán muy feliz. Pónganse de acuerdo en lo que piensan, deseen las mismas cosas y

3 no hagan nada por orgullo o sólo por pelear. Al contrario, hagan todo con humildad, y vean a los demás como mejores a ustedes mismos.

4 Nadie busque el bien sólo para sí mismo, sino para todos.

5 Tengan la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo:

6 Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad.

7 Al contrario, renunció a esa igualdad, y se hizo igual a nosotros, haciéndose esclavo de todos.

8 Como hombre, se humilló a sí mismo y obedeció a Dios hasta la muerte: ¡murió clavado en una cruz!

9 Por eso Dios le otorgó el más alto privilegio, y le dio el más importante de todos los nombres,

10 para que ante él se arrodillen todos los que están en el cielo, y los que están en la tierra, y los que están debajo de la tierra;

11 para que todos reconozcan que Jesucristo es el Señor y den gloria a Dios el Padre.

Cómo vivir en este mundo

12 Queridos hermanos, cuando yo estaba con ustedes, siempre me obedecían. Ahora que estoy lejos, deben obedecerme más que nunca. Por eso, con respeto y devoción a Dios, dedíquense a entender lo que significa ser salvado por Dios.

13 Porque es Dios quien los motiva a hacer el bien, y quien los ayuda a practicarlo, y lo hace porque así lo quiere.

14 Hagan todo sin hablar mal de nadie y sin discutir por todo,

15 para que no pequen ni nadie pueda culparlos de nada. En este mundo lleno de gente malvada y pecadora, ustedes, como hijos de Dios, deben alejarse de la maldad y brillar por su buen comportamiento.

16 Nunca dejen de creer en el mensaje que da vida. Así, yo podré estar orgulloso de ustedes el día que Cristo vuelva, y sabré que mi trabajo y mis esfuerzos no fueron inútiles.

17 Ustedes confían en Dios y le sirven, y eso es como si le presentaran una ofrenda. Tal vez a mí me maten, y entonces mi muerte será parte de esa ofrenda a Dios. Si esto llega a suceder, seré muy feliz, y quiero compartir esa alegría con ustedes.

18 ¡Alégrense, pues, conmigo!

Timoteo

19 Espero que pronto el Señor me permita enviarles a Timoteo, y me alegrará mucho recibir noticias de ustedes.

20 Timoteo es el único que se preocupa por ustedes, y que los quiere tanto como yo.

21 Los demás sólo se ocupan de sus propias cosas y no de lo que le agrada a Jesucristo.

22 Pero ustedes ya conocen la buena conducta de Timoteo, y saben que él me ha ayudado como si fuera mi hijo. Juntos hemos anunciado la buena noticia.

23 Espero enviarlo a ustedes, tan pronto sepa yo si quedaré o no en libertad,

24 aunque confío que pronto Dios también me dejará ir a verlos.

Epafrodito

25 Hace algún tiempo, ustedes enviaron al hermano Epafrodito para que me ayudara en lo que me hiciera falta. Él ha trabajado y luchado conmigo para defender el mensaje de la buena noticia. Ahora me parece conveniente que él vuelva a ustedes,

26 pues tiene muchos deseos de verlos de nuevo. Está preocupado porque ustedes se enteraron de su enfermedad.

27 Y la verdad es que estuvo tan grave, que casi se muere. Pero Dios fue bueno con él, y también conmigo, para que no me pusiera más triste de lo que estoy.

28 Por eso lo envío enseguida, para que ustedes se alegren al verlo y yo deje de estar triste.

29 Recíbanlo con alegría, como se lo merece un servidor del Señor Jesús. Muestren aprecio por quienes son como él,

30 pues por trabajar para Cristo casi se muere: arriesgó su propia vida por darme la ayuda que ustedes no podían darme personalmente.

3 Lo más importante es conocer a Cristo

1 Además, hermanos, alégrense de estar unidos al Señor. A mí no me molesta repetirles lo que ya les había escrito, y a ustedes les hace bien que lo repita.

2 ¡Cuídense de esa gente despreciable[a] y malvada, que los quiere circuncidar!

3-4 Los verdaderos circuncidados somos nosotros, los que guiados por el Espíritu adoramos a Dios y estamos orgullosos de pertenecer a Jesucristo. Nosotros no creemos que podamos hacer nada para salvarnos. Si la salvación dependiera de la circuncisión, yo podría sentirme más orgulloso que cualquiera:

5 me circuncidaron a los ocho días de nacido, pertenezco a la nación de Israel, y soy de la tribu de Benjamín; ¡soy más hebreo[b] que muchos hebreos! En cuanto a cumplir la ley, pertenecí al grupo de los fariseos.

6 Tanto me preocupaba por cumplir la ley que perseguía a los miembros de la iglesia. ¡Nadie puede culparme de no haber cumplido la ley!

7 Pero, gracias a lo que Cristo hizo por mí, ahora pienso que no vale la pena lo que antes consideré de valor.

8-9 Todo eso lo he dejado a un lado, y lo considero basura, con tal de llegar a conocer bien a Cristo, pues no hay mejor conocimiento. Y quiero que Dios me acepte, no por haber obedecido la ley, sino por confiar en Cristo, pues así es como Dios quiere aceptarnos.

10 Por eso, lo único que deseo es conocer a Cristo; es decir, sentir el poder de su resurrección, sufrir como él sufrió, y aun morir como él murió,

11 ¡y espero que Dios me conceda resucitar de los muertos!

Hacia la meta

12 Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero sí puedo decir que sigo adelante, luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo.

13 Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer.

14 Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo.

15 Todos los que ya hemos progresado mucho en nuestra vida cristiana debemos pensar de esta manera. Y si algunos de ustedes piensan de manera diferente, hasta eso les hará ver Dios con claridad.

16 Lo importante es que todos nosotros sigamos las mismas reglas.

17 Hermanos míos, sigan mi ejemplo. Y fíjense en los que así lo hacen.

18 Hay muchos que viven como si la muerte de Cristo en la cruz no sirviera de nada. Eso ya se lo había dicho a ustedes varias veces, pero ahora vuelvo a repetirlo con lágrimas en los ojos.

19 Esa gente va a terminar en el infierno. Vive sólo para comer, y está orgullosa de lo que hace, cuando en realidad debería sentir vergüenza. Sólo piensa en las cosas malas de este mundo.

20 Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, y esperamos que de allí vuelva nuestro Salvador, el Señor Jesucristo.

21 Nuestros débiles cuerpos serán destruidos, pero él los transformará en cuerpos gloriosos como el suyo. Esto lo hará con el mismo poder con que controla todo el universo.

4 Instrucciones para la iglesia

1 Queridos hermanos y amigos, estoy muy contento y orgulloso de ustedes. ¡Realmente los extraño! ¡No dejen de confiar en el Señor Jesús!

2 Les ruego a Evodia y a Síntique que se pongan de acuerdo, pues las dos son cristianas.

3 A ti, mi fiel compañero de trabajo, te pido que las ayudes. Ellas han luchado junto conmigo por anunciar la buena noticia, junto con Clemente y mis otros compañeros de trabajo. Los nombres de todos ellos ya están anotados en el libro de la vida eterna.

4 ¡Vivan con alegría su vida cristiana! Lo he dicho y lo repito: ¡Vivan con alegría su vida cristiana!

5 Que todo el mundo se dé cuenta de que ustedes son buenos y amables. El Señor Jesús viene pronto.

6 No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos.

7 Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo.

8 Finalmente, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo que merece respeto, en todo lo que es justo y bueno; piensen en todo lo que se reconoce como una virtud, y en todo lo que es agradable y merece ser alabado.

9 Practiquen todas las enseñanzas que les he dado, hagan todo lo que me vieron hacer y me oyeron decir, y Dios, que nos da su paz, estará con ustedes siempre.

Pablo da gracias a los filipenses

10 Me alegra mucho que, como hermanos en Cristo, al fin hayan vuelto a pensar en mí. Yo estaba seguro de que no me habían olvidado, sólo que no habían tenido oportunidad de ayudarme.

11 No lo digo porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho con lo que tengo.

12 Sé bien lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es tener de todo. He aprendido a vivir en toda clase de circunstancias, ya sea que tenga mucho para comer, o que pase hambre; ya sea que tenga de todo o que no tenga nada.

13 Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones.

14 Sin embargo, fue muy bueno de parte de ustedes ayudarme en mis dificultades.

15 Al principio, cuando comencé a anunciar la buena noticia y salí de Macedonia, los únicos que me ayudaron fueron ustedes, los de la iglesia en Filipos. Ninguna otra iglesia colaboró conmigo.

16 Aun cuando estuve en Tesalónica y necesité ayuda, más de una vez ustedes me enviaron lo que necesitaba.

17 No lo digo para que ustedes me den algo, sino para que Dios les tome esto en cuenta.

18 Epafrodito me entregó todo lo que ustedes me enviaron, y fue más que suficiente. La ayuda de ustedes fue tan agradable como el suave aroma de las ofrendas que Dios acepta con agrado.

19 Por eso, de sus riquezas maravillosas mi Dios les dará, por medio de Jesucristo, todo lo que les haga falta.

20 ¡Que todos alaben a Dios nuestro Padre por siempre jamás! Amén.

Saludos finales

21 Saluden de mi parte a todos los hermanos en Cristo que forman parte del pueblo de Dios. Los hermanos que están conmigo les envían sus saludos.

22 También los saludan todos los que aquí forman parte del pueblo de Dios, especialmente los que trabajan para el emperador romano.

23 ¡Que nuestro Señor Jesucristo llene de amor sus vidas!


Notas de Filipenses

[a] Filipenses 3:2 Gente despreciable: La palabra griega que aquí se usa significa perros. Es un insulto, y los judíos lo usaban para referirse a los no judíos. Pablo lo usa para referirse a algunos judíos que obligaban a los cristianos no judíos a circuncidarse y a practicar otros ritos del judaísmo. <<

[b] Filipenses 3:5 Hebreo: En el Nuevo Testamento se llama hebreos a los judíos que vivían lejos de su país, pero que seguían respetando las costumbres culturales y religiosas de los judíos, y que además seguían hablando el idioma arameo. <<

🔊 Formato Audio extraído de librivox – Bible (Reina Valera) NT 11: Filipenses


Reflexiones sobre el libro Filipenses

El libro de Filipenses es una de las cartas que escribió el apóstol Pablo a las comunidades cristianas que él fundó durante sus viajes misioneros. Esta carta se encuentra en el Nuevo Testamento de la Biblia, dentro del grupo de las llamadas epístolas paulinas.

La carta está dirigida a los cristianos de Filipos, una ciudad de Macedonia que fue la primera en recibir el evangelio en Europa. Pablo les escribe desde la cárcel, probablemente en Roma, alrededor del año 62 d.C. Su propósito es agradecerles el apoyo que le han brindado y animarles a mantenerse firmes en la fe, a pesar de las dificultades y las persecuciones.

El tono de la carta es muy afectuoso y personal, pues Pablo siente un gran cariño por los filipenses, a quienes llama «mis amados y añorados hermanos» (4:1). También es una carta muy alegre y optimista, pues Pablo expresa su gozo por el progreso espiritual de los filipenses y su confianza en Dios, que «comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (1:6).

La carta se puede dividir en cuatro partes principales:

  • Saludo e introducción (1:1-11): Pablo saluda a los filipenses y les expresa su gratitud y su oración por ellos.
  • Informe personal y exhortación (1:12-2:30): Pablo les cuenta cómo Dios ha usado su prisión para el avance del evangelio y les exhorta a vivir dignamente de él, siguiendo el ejemplo de Cristo, que se humilló hasta la muerte en la cruz.
  • Advertencia y consejo (3:1-4:9): Pablo les advierte contra los falsos maestros que quieren imponerles la ley judía y les aconseja que sigan su ejemplo de buscar la justicia que viene de la fe en Cristo. También les pide que vivan en armonía, que se alegren siempre en el Señor y que practiquen todo lo bueno.
  • Agradecimiento y despedida (4:10-23): Pablo les agradece el don que le enviaron por medio de Epafrodito y les promete que Dios suplirá todas sus necesidades. Finalmente, les envía saludos y bendiciones.

El libro de Filipenses es una joya de la literatura cristiana, que nos muestra el corazón de Pablo y su pasión por Cristo. Es una invitación a conocer más a Jesús y a vivir como él, con amor, humildad, alegría y paz.

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