Baruch

Libro de Baruch

Libro de Baruch

Bienvenido/a a la sección de «Baruch» dentro de los Libros Proféticos de la Biblia en «Sagrada Escritura«. Baruch es un libro de la Biblia que lleva el nombre de Baruc, un hombre que fue secretario del profeta Jeremías. El libro es considerado parte de los Libros Proféticos del Antiguo Testamento y se cree que fue escrito poco después de la destrucción de Jerusalén en el año 586 a.C.

El libro de Baruch es una colección de escritos que incluyen una carta de Baruc al pueblo de Judá exiliado en Babilonia, una oración de confesión de pecados y súplica por la misericordia de Dios, y una canción de alabanza a la Sabiduría divina. A través de estos escritos, Baruch exhorta al pueblo de Dios a arrepentirse y volver a Dios, y les recuerda la fidelidad de Dios a su pacto con ellos.

Aunque el libro de Baruch no es muy conocido, es una parte importante de la tradición bíblica y ofrece una visión valiosa en el contexto histórico y teológico de la época post-exílica. En esta sección, exploraremos el contexto histórico y literario del libro de Baruch, así como su mensaje teológico y su relevancia para los creyentes hoy en día. También veremos cómo los temas y las imágenes de Baruch se conectan con otros libros de la Biblia y cómo su mensaje apunta hacia Cristo, quien es nuestra Sabiduría y nuestra Salvación.

1 Baruc lee su libro ante el pueblo

1 Éste es el libro que Baruc escribió en Babilonia. Baruc era hijo de Nerías, y sus antepasados fueron Maaseías, Sedequías, Hasadías e Hilquías.

2-10 Baruc escribió este libro el día siete del mes de Ab[a], cinco años después de que Nabucodonosor, rey de Babilonia, entró en la ciudad de Jerusalén y la incendió. Este rey sacó del templo de Jerusalén muchos objetos de plata y se los llevó a su país. También se llevó presos a Joaquín y a la gente más importante y poderosa de Judá. Tiempo después, el día diez del mes de Siván[b], Baruc recuperó esos objetos de plata, los cuales había mandado a fabricar Sedequías hijo de Josías, rey de Judá. Baruc leyó su libro en presencia del rey Joaquín hijo de Joacín, rey de Judá. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo, incluyendo a los que vivían a orillas del río Sud en Babilonia. Allí también estaban los funcionarios y familiares del rey, y los líderes. Cuando Baruc terminó la lectura del libro, todos comenzaron a llorar, y decidieron ayunar y dedicarse a la oración. Además, recogieron dinero para que la gente de Jerusalén lo usara en el templo. Cada uno dio de acuerdo con lo que podía dar. Ese dinero se lo entregaron a los sacerdotes que estaban bajo las órdenes de Joaquín, que era hijo de Hilquías y nieto de Salom. Junto con el dinero, los israelitas enviaron la siguiente carta: Este dinero es para que compren incienso y animales, para que los ofrezcan sobre el altar, y para las ofrendas por el perdón de pecados. Así podrán celebrar el culto en el templo de nuestro Dios.

11 Oren por Nabucodonosor, el rey de Babilonia, y por su hijo Belsasar, para que se mantengan en buena salud y vivan muchos años.

12 Oren también para que a nosotros nos conceda fuerzas y sabiduría, y que así podamos vivir bajo la protección del rey y de su hijo, para que les sirvamos por mucho tiempo, y que siempre ellos nos traten bien.

13 Rueguen por nosotros a nuestro Dios, pues lo hemos ofendido y por eso sigue enojado con nosotros.

14 Cuando se reúnan en el templo para celebrar la fiesta de las enramadas, y en otros días especiales, lean este libro que les enviamos, y confiesen sus pecados.

Oración de confesión

15-17 Baruc le dijo a los israelitas: Pidan perdón a Dios de la siguiente manera: Dios nuestro, reconocemos que hemos pecado contra ti. Tanto nosotros como nuestros reyes y gobernantes, nuestros sacerdotes y profetas, y aun nuestros antepasados, merecemos la vergüenza que ahora sufrimos. De esto tú no tienes la culpa;

18 la tenemos nosotros por no hacerte caso ni obedecerte.

19-20 Tú libraste a nuestros antepasados de la esclavitud en el país de Egipto, y les diste un país muy fértil, donde siempre hay abundancia de alimentos. Pero desde ese día y hasta la fecha, todos hemos desobedecido tus leyes; ¡hemos sido rebeldes! Por eso estamos sufriendo tanto. La maldición que tú anunciaste por medio de Moisés a nuestros antepasados, ahora la sufrimos nosotros por nuestro pecado.

21 Dios nuestro, tú nos enviaste profetas para recordarnos lo que tú quieres de nosotros; pero no les hicimos caso.

22 Al contrario, cada uno de nosotros prefirió hacer lo que quería, y nos dedicamos a adorar dioses falsos, y a hacer lo que no te agrada.

2

1 Baruc continuó diciendo: Dios nos castigó tal como lo había anunciado. Todos sufrimos el castigo: tanto el rey y los gobernantes como los que pertenecemos a Israel y a Judá.

2 En Jerusalén pasaron cosas terribles que nadie en este mundo había sufrido. Ya Moisés lo había anunciado en el libro de la Ley:

3 nosotros llegaríamos al extremo de comernos a nuestros propios hijos e hijas.

4 Por eso Dios nos hizo esclavos de las naciones vecinas y convirtió nuestro territorio en un desierto. También hizo que la gente de esas naciones se burlara de nosotros.

5 De jefes pasamos a ser esclavos, y todo esto por desobedecer a nuestro Dios.

6-10 Realmente nuestro Dios es justo, y nosotros merecemos este castigo, pues no obedecimos sus mandamientos. Todas las desgracias que Dios nos anunció, nos han caído encima, ¡y ni siquiera así abandonamos nuestra mala conducta, ni oramos a Dios pidiendo su perdón!

Oración pidiendo libertad

11 Baruc dijo: Dios de Israel, tú demostraste tu gran poder al librar a tu pueblo de la esclavitud en Egipto. Lo hiciste por medio de milagros y maravillas; por eso sigues siendo muy famoso.

12 En cambio, nosotros no hemos hecho más que ofenderte y desobedecer tus mandamientos.

13 Por eso nos enviaste como esclavos a otras naciones. Pero ahora te rogamos que no sigas enojado con nosotros, pues quedamos muy pocos en esos países.

14-15 ¡Dios, escucha nuestras súplicas y oraciones! Libéranos, y haz que nos traten bien quienes ahora nos tienen bajo su dominio. Así sabrán que tú eres un Dios de poder, y que tú elegiste a Israel y a sus descendientes para ser su pueblo.

16 ¡Dios, desde el lugar donde tú vives, míranos! ¡Por favor, Dios, escúchanos!

17-18 Los que estamos vivos podemos adorarte y reconocer que actúas con justicia, a pesar de estar tristes, sin fuerzas y hambrientos. En cambio, los muertos no pueden hacerlo, ¡pues están encerrados en sus tumbas!

El castigo es justo

19-24 Al pedirte esto, Dios nuestro, no lo hacemos confiados en las buenas obras de nuestros antepasados y de nuestros reyes. Nosotros mismos merecemos el castigo tan duro que nos diste, pues ya nos lo habías advertido por medio de tus servidores, los profetas. Por medio de ellos nos dijiste que nos sometiéramos al rey de Babilonia y lo sirviéramos, pues sólo de esa manera podríamos seguir viviendo en la tierra que les diste a nuestros antepasados. Nos dijiste: «Si no obedecen esto que les digo, pondré fin a las fiestas y a las canciones de alegría en Jerusalén y en las demás ciudades de Judá; todo el país quedará deshabitado y convertido en un desierto». Dios nuestro, como no te obedecimos, cumpliste tus amenazas: los huesos de nuestros reyes y de nuestros antepasados fueron sacados de sus tumbas

25 y quedaron abandonados por las calles, bajo el calor del día y el frío de la noche. De hecho, ellos ya habían sufrido mucho de hambre, plagas y guerra.

26 Además, tu templo quedó en la terrible situación en que hoy se encuentra, por el pecado y la maldad de la gente de Israel y de Judá.

Confianza en la promesa de Dios

27 A pesar de todo esto, Dios nuestro, tú nos has tratado con mucha bondad y cariño.

28 Lo hiciste para cumplir tu promesa a Moisés, cuando en presencia de los israelitas le ordenaste que pusiera por escrito tus enseñanzas. Dijiste:

29 «Si este pueblo escandaloso no me obedece, llegará a ser tan sólo un puñado de gente, aunque ahora sea muy numeroso. Quedará esparcido por todas las naciones a donde lo enviaré como esclavo.

30 Estoy seguro de que no me va a obedecer, porque es un pueblo rebelde». Pero cuando este pueblo se encuentre esparcido por esas naciones, va a tener tiempo de pensar en lo que hizo,

31 y se dará cuenta que yo soy su único Dios. Entonces, yo le daré un corazón dispuesto a obedecerme.

32 Y se acordará de mí y me alabará en el lugar donde se encuentre esparcido.

33 Este pueblo dejará de ser rebelde y abandonará su mala conducta cuando recuerde lo que les pasó a sus antepasados por pecar contra mí.

34 Entonces yo lo traeré de nuevo al país que juré entregarles a sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob. Y otra vez será el dueño de ese país. Llegará a ser un gran pueblo, y no volverá a ser reducido a un puñado de gente.

35 Además, haré con este pueblo una alianza que durará por siempre: Yo me comprometeré a ser su Dios, y ellos se comprometerán a ser mi pueblo. De mi parte, ya no los volveré a expulsar de su país».

3 Oración pidiendo perdón

1 Baruc continuó diciendo: Todopoderoso Dios de Israel, con mucho dolor y tristeza te rogamos:

2 «¡Escucha nuestros gritos! ¡Hemos pecado contra ti, pero por favor, escúchanos! ¡Ten compasión de nosotros!

3 Tú siempre serás rey; nosotros, en cambio, siempre seremos unos simples mortales.

4 Todopoderoso Dios de Israel, escucha nuestros ruegos. Nosotros, los israelitas, somos los hijos de aquellos que pecaron contra ti y no te obedecieron. Por eso nos han llegado estas desgracias.

5 ¡Pero olvida los pecados de nuestros antepasados! ¡Recuerda más bien tu poder y tu fama!

6 ¡Tú eres nuestro Dios, y nosotros queremos alabarte!

7 Tú pusiste en nosotros el deseo de obedecerte y buscarte en oración. Y queremos alabarte aquí, lejos de nuestra tierra. Ya no pecamos como lo hicieron nuestros antepasados.

8 ¡Míranos, Dios nuestro! Aquí estamos, sufriendo insultos y burlas lejos de nuestra tierra. Ese castigo lo merecían nuestros antepasados, pues ellos fueron los que en verdad te olvidaron».

Poema a la sabiduría

9 Baruc dijo: Israelitas, obedezcan los mandamientos, pues dan vida y sabiduría.

10-12 Ustedes abandonaron a Dios, el Dios que da sabiduría; por eso viven en un país enemigo. Allí se pondrán viejos, y vivirán como si estuvieran muertos.

13 Si hubieran obedecido a Dios, siempre disfrutarían de paz.

14 Busquen la prudencia, el valor y la inteligencia. Así encontrarán la alegría, la paz y una larga vida.

15 Hasta ahora nadie sabe dónde está la sabiduría, ni dónde guarda sus tesoros.

16 ¿Dónde están los reyes que dominan a las fieras,

17 y se divierten con las aves? ¿Dónde están aquellos que adoran al dinero? ¡Esos que amontonan oro y plata y nunca se cansan de hacerlo!

18 ¿Dónde están los joyeros que hacen obras de arte que nadie puede imitar?

19 ¡Ya están muertos! ¡Su lugar lo ocupan otros!

20 Ahora son los jóvenes los que gobiernan este mundo. Pero tampoco esos jóvenes saben qué es la sabiduría.

21 Todavía no la encuentran, ni podrán jamás alcanzarla. A sus hijos no les interesa alcanzar la sabiduría.

22 Los habitantes de Canaán nunca supieron de la sabiduría; tampoco los de Temán oyeron hablar de ella.

23 Los árabes aman la aventura, pero de sabios no tienen nada. Los comerciantes de Madián y Temán tampoco llegaron a ser sabios. Los filósofos ni siquiera saben qué es la sabiduría, y los que escriben historias, ni idea tienen de qué se trata.

24 ¡Israelitas, qué inmenso es el universo! ¡Qué enorme es el hogar de Dios! ¡Qué grandioso es su imperio!

25 Su grandeza no tiene límites, ¡nadie lo puede medir!

26 En el imperio de Dios nacieron los gigantes de la antigüedad; hombres fuertes y famosos, guerreros excelentes.

27 Pero Dios no los eligió a ellos, ni les mostró el camino que lleva a la sabiduría.

28 Su imprudencia los mató; ¡su locura acabó con ellos!

29-31 ¿Y dónde está la sabiduría? Ninguno de nosotros puede llegar a ella. Aunque subamos a las nubes, o lleguemos a lo más alto del cielo; aunque crucemos al otro lado del mar, o tengamos todo el dinero del mundo, ¡no la encontraremos!

32 ¡Sólo Dios conoce la sabiduría, pues él todo lo sabe! Dios creó la tierra, y la llenó de animales.

33 Dios ordena que salga la luz, y la luz le obedece; y cuando la llama, ella viene temblando.

34 Dios puso en el cielo las estrellas, y ellas brillan de felicidad.

35 Cuando las llama, ellas responden: «Aquí estamos»; y brillan contentas para su Creador.

36 ¡Ése es nuestro Dios! ¡No hay nadie como él!

37 Dios le enseñó a Israel cómo alcanzar la sabiduría,

38 y ella vino a este mundo y se quedó a vivir entre nosotros.

4

1 ¡Las enseñanzas de Dios son la sabiduría misma, y durarán para siempre! Si las obedeces, vivirás; si las desobedeces, morirás.

2 Pueblo de Israel, ¡vuelve a Dios, y acepta su sabiduría! ¡Déjate guiar por su luz!

3 ¡No dejes que otros gocen de tus privilegios! ¡No pongas tu grandeza en manos de extranjeros!

4 Los israelitas somos felices, pues sabemos lo que Dios quiere.

Mensaje de consuelo

5 ¡Israelitas, pueblo mío, den rienda suelta a su alegría!

6 Ustedes hicieron enojar a Dios, pero él no los destruirá. Dios los entregó a sus enemigos, y permitió que los vendieran a otras naciones, pero él no los destruirá.

7 Ustedes ofrecieron sacrificios a los demonios, olvidaron a Dios, su creador, y por eso lo hicieron enojar.

8 Se olvidaron del Dios eterno, que tuvo cuidado de ustedes, y le causaron dolor a Jerusalén, la ciudad que los vio crecer.

9 Cuando se supo que Dios iba a castigarlos, Jerusalén dijo: «¡Ciudades vecinas, escuchen: Dios me envió un dolor muy grande!

10 Yo vi cómo el Dios eterno mandaba presos a mis habitantes.

11 Con alegría los vi crecer, pero con gran dolor los vi partir.

12-13 Que nadie se alegre al verme sola y abandonada por todos. Me quedé sin habitantes porque ellos pecaron contra Dios y no obedecieron sus mandamientos. No permitieron que él les enseñara cómo vivir en este mundo.

14 Por eso, ¡vengan ciudades vecinas! ¡Recuerden que el Dios eterno hizo que a mis habitantes se los llevaran prisioneros!

15 Dios hizo que viniera de muy lejos una nación de malvados que hablaba otro idioma, que no respetaba a los ancianos, ni tenía compasión de los niños.

16 Esos malvados me quitaron a los que yo tanto quería, y me dejaron sola y abandonada.

17 Yo nada puedo hacer para ayudar a mi pueblo.

18 Dios le envió esos males, y sólo él puede librarlo de sus enemigos.

19 ¡Marchen, habitantes míos, marchen! ¡Yo me quedaré sola!

20 Ya he guardado los vestidos de fiesta, y me he puesto la ropa de luto; cada día de mi vida pediré a Dios por ustedes.

21 ¡Pueblo mío, ten confianza! Pídele a Dios que te ayude y te libre del poder del enemigo.

22 He esperado mucho tiempo que el Dios eterno los salve. Y él me dio este consuelo: Me dijo que muy pronto les tendrá compasión y los librará de sus enemigos.

23 Cuando salieron de aquí, los despedí con lágrimas en los ojos; pero cuando Dios me los devuelva, tendré gozo y alegría para siempre.

24 Muy pronto las ciudades vecinas que los vieron irse presos, verán el poder del Dios eterno que los traerá de vuelta a su tierra.

25 ¡Pueblo mío, soporta con valor el castigo que Dios te ha mandado! Tus enemigos te persiguieron, pero pronto serán destruidos, y quedarán bajo tu poder.

26 Querido pueblo, anduviste por lugares peligrosos. El enemigo te arrebató, como el lobo arrebata a las ovejas.

27 ¡No te desanimes, pueblo mío! Pídele a Dios que te ayude; es verdad que te castigó, pero también te salvará.

28 Pueblo mío, busca a Dios con la misma insistencia con que te alejaste de él.

29 Es verdad que te castigó, pero también te regalará salvación y alegría eterna».

30 Baruc continuó diciendo: ¡Ten ánimo, ciudad de Jerusalén! Dios te conoce por nombre, y él mismo te consolará.

31 ¡Qué mal les va a ir a los que te causaron daño y se alegraron al verte sufrir!

32 ¡Qué mal les va a ir a las malvadas ciudades que esclavizaron a tus habitantes! ¡Qué mal le va a ir a la ciudad de Babilonia que mantuvo presos a tus habitantes!

33 Así como gritó de alegría por tu desgracia y caída, así gritará de dolor cuando quede en ruinas.

34 Dios le quitará el orgullo de ser una ciudad muy importante; su orgullo se convertirá en tristeza.

35 El Dios eterno enviará sobre ella un fuego que arderá por muchos días, y durante muchos años sólo demonios vivirán en ella.

36-37 ¡Jerusalén, mira hacia donde sale el sol, y verás con alegría lo que Dios te trae! ¡Mira, ya vuelven tus habitantes, los que un día viste partir! El Dios único los ha reunido; los ha llamado de todas las naciones donde estaban prisioneros. Vienen llenos de felicidad porque han visto el poder de Dios.

5

1 Ciudad de Jerusalén, quítate esa ropa de luto; aleja tu tristeza y amargura. ¡Vístete para siempre con el poder que Dios te da!

2 Que la justicia de Dios te cubra como un manto, y que el poder de Dios sea la corona de tu cabeza.

3 Dios mismo mostrará tu grandeza y esplendor, y todo el mundo lo verá.

4 Dios te dará un nuevo nombre, y para siempre te llamarán: «Paz en la justicia, y poder en el servicio».

5 Jerusalén, ponte de pie, sube a la colina más alta, mira hacia donde sale el sol, y contempla a tus habitantes. El Dios todopoderoso los ha reunido y llamado de todas las naciones del mundo. Vienen llenos de alegría, porque Dios les ha dado libertad.

6 Sus enemigos los tomaron presos, y se los llevaron a pie; pero Dios traerá a tus habitantes en carruajes de reyes.

7 Dios mismo ha dado la orden de aplanar montañas y colinas, y de rellenar todos los valles, hasta que la tierra quede pareja. Así tus habitantes, guiados por Dios mismo, no encontrarán ningún tropiezo.

8 Dios también ha ordenado que los árboles aromáticos den su sombra a los israelitas.

9 Dios guiará a su pueblo con alegría, y los protegerá con su poder, con su amor y su justicia.


Notas de Baruc

[a] Baruc 1:2 Ab: Quinto mes del calendario lunar judío. En nuestro calendario solar corresponde al período que va de mediados de julio a mediados de agosto. <<

[b] Baruc 1:2 Siván: Tercer mes del calendario lunar judío. En nuestro calendario solar corresponde al período que va de mediados de mayo a mediados de junio.  <<


Reflexiones sobre el libro Baruch

El libro de Baruc es uno de los libros proféticos del Antiguo Testamento, que forma parte del canon bíblico de la Iglesia católica, pero que es considerado apócrifo por los protestantes. El libro se atribuye al profeta Baruc, que fue secretario y discípulo de Jeremías, y narra la situación del pueblo judío durante el exilio en Babilonia.

El libro se divide en cinco capítulos, que contienen diferentes géneros literarios: una introducción histórica, una confesión de pecados, dos poemas sapienciales y una carta de Jeremías contra la idolatría. El propósito del libro es consolar y animar a los judíos desterrados, recordándoles las promesas de Dios y la esperanza de la restauración.

El libro de Baruc tiene una estrecha relación con el libro de Jeremías, tanto por el personaje principal como por el contenido y el estilo. Algunos estudiosos piensan que el libro de Baruc fue originalmente una continuación del libro de Jeremías en la versión griega de la Septuaginta, que es más corta y diferente que la versión hebrea. Otros opinan que el libro de Baruc es una obra posterior, compuesta por varios autores y fuentes, que se inspiraron en el libro de Jeremías y en otros textos bíblicos.

El libro de Baruc es un testimonio de la fe y la sabiduría de los judíos en medio de la prueba y la aflicción. También es un mensaje de esperanza y confianza en Dios, que no abandona a su pueblo y cumple sus promesas.

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