Oseas

Libro de Oseas

Libro de Oseas

La sección de «Oseas» en los Libros Proféticos, también conocidos como los Profetas Menores, es una obra del Antiguo Testamento que destaca por su lenguaje poético y su mensaje de amor y redención divina. Escrito en hebreo, el libro de Oseas relata la historia del profeta Oseas y su matrimonio con una mujer infiel, como una metáfora de la relación entre Dios y su pueblo, quienes le han dado la espalda y se han entregado a la idolatría. A través de sus palabras, Oseas llama al arrepentimiento y a la reconciliación con Dios, ofreciendo una visión de esperanza y renovación espiritual. Su mensaje de amor y misericordia divina es especialmente relevante en la actualidad, cuando tantas personas luchan con la soledad, la desesperación y la falta de propósito.

En esta sección de «Sagrada Escritura», exploraremos las principales enseñanzas y profecías de Oseas, así como su influencia en la teología y la cultura cristiana.

1 Oseas se casa con una prostituta

1 Dios le habló al profeta Oseas hijo de Beerí, cuando Jeroboam hijo de Joás era rey de Israel. Esto sucedió durante los reinados de Ozías, Jotam, Ahaz y Ezequías en Judá.

2 Lo primero que Dios le dijo a Oseas fue lo siguiente: Ve y cásate con una prostituta, y ten hijos con ella, porque los israelitas me abandonaron, y se comportaron como las prostitutas.

3 Oseas obedeció y se casó con Gómer, la hija de Diblaim. Ella quedó embarazada y tuvo un hijo.

4-5 Entonces Dios le dijo a Oseas: El rey Jehú ha cometido muchos crímenes en el valle de Jezreel. Por lo tanto, en ese mismo valle derrotaré a su ejército. Castigaré a sus descendientes y acabaré con el reino de Israel. Por eso, a tu hijo le pondrás por nombre Jezreel.

6 Tiempo después, Gómer volvió a quedar embarazada y tuvo una hija. Entonces Dios le dijo a Oseas: A esta niña la llamarás Lo-ruhama, que quiere decir «no-compadecida», porque no volveré a perdonar ni a tener compasión de los habitantes del reino de Israel.

7 Sólo tendré compasión de los habitantes del reino de Judá. Yo mismo los salvaré, y para eso no necesito ejércitos ni armas de guerra.

8 Cuando Gómer dejó de darle pecho a Lo-ruhama, volvió a quedar embarazada; pero esta vez tuvo un hijo.

9 Entonces Dios le dijo a Oseas: A este niño lo llamarás Lo-amí, que quiere decir «no-mi pueblo». Porque los israelitas ya no son mi pueblo y yo he dejado de ser su Dios.

10 Pero un día los del reino de Israel volverán a ser como la arena del mar, que no se puede contar. Cuando llegue ese día, ya no volveré a decirles: «Ustedes no son mi pueblo»; al contrario, les diré: «Ustedes son mi pueblo, porque yo soy el Dios de la vida».

11 Ese día será grandioso, pues yo les devolveré a los reinos de Judá y de Israel la grandeza que tuvieron. Volverán a ser una sola nación; tendrán un solo rey, y volverán a Jerusalén los que fueron llevados a otros países.

2 Gómer representa a Israel

1 El día que vuelvan, los hombres serán llamados «Pueblo de Dios», y las mujeres serán llamadas «Compadecidas».

2 Dios también dijo: Para mí, Israel fue como una esposa, pero me fue infiel y ya no tengo nada que ver con ella. ¡Así que ustedes, israelitas, preséntenla ante los jueces! ¡Que deje de portarse como una cualquiera! ¡Que deje de complacer a sus amantes!

3 Si no lo hace, la desnudaré; ¡la mostraré tal como vino al mundo! ¡La rechazaré, y no volveré a tener hijos con ella!

4 No tendré compasión de sus hijos, porque esos hijos no son míos.

5 ¡Israel se comporta como una desvergonzada! Todo el tiempo anda diciendo: «Voy a buscar a mis amantes, pues ellos son los que me dan todo lo que me hace falta: me alimentan, me visten, me perfuman y me divierten».

6-7 Irá en busca de sus amantes, pero no podrá alcanzarlos ni tampoco los encontrará. Yo voy a encerrarla en una cerca de espinos, para que no pueda salir. Allí se pondrá a pensar: «Me iba mejor con mi primer marido, así que voy a volver con él».

8 Ella no quiere reconocer que soy yo quien la alimenta y le da todo lo que le falta; ¡hasta oro y plata le he dado y con ellos se hizo ídolos!

9 Por eso voy a quitarle todo eso que le he dado,

10 y ante sus amantes la desnudaré y la avergonzaré. ¡De ésta no se va a salvar!

11 Voy a ponerles fin a sus fiestas de cada semana, de cada mes y de cada año; ¡ya no volverá a alegrarse!

12 Ella siempre presume de las muchas higueras y viñas que le han regalado sus amantes; pero yo las voy a destruir y las convertiré en matorrales; ¡los animales salvajes las devorarán!

13 Cuando visita a sus amantes se pone joyas y les lleva regalos, pero a mí me tiene olvidado. Por eso la voy a castigar, pues ha adorado a dioses falsos. Yo soy el Dios de Israel, y les juro que así lo haré.

Dios perdonará a su pueblo

14 A pesar de todo eso, llevaré a Israel al desierto, y allí, con mucho cariño, haré que se vuelva a enamorar de mí.

15 Le devolveré sus viñas, y convertiré su desgracia en gran bendición. Volverá a responderme como cuando era joven, como cuando salió de Egipto.

16-17 Ya no volverá a serme infiel adorando a otros dioses, sino que me reconocerá como su único Dios. Yo soy el Dios de Israel, y les juro que así será.

18 Cuando llegue ese día, me comprometo a que los israelitas vivirán tranquilos y en paz. No habrá animal que les haga daño ni pueblo que les declare la guerra.

19-20 Israel, Israel, yo volveré a casarme contigo y serás mi esposa para siempre. Cuando tú seas mi esposa, realmente llegarás a conocerme; seré para ti un esposo fiel, sincero y lleno de amor.

21 Yo soy el Dios de Israel, y te juro que así será. Israel, cuando llegue ese día, yo haré que el cielo derrame su lluvia sobre la tierra,

22 y que la tierra produzca trigo, vino y aceite en abundancia, y así el valle de Jezreel prosperará.

23 Te daré la tierra, y serás solamente para mí. Y te diré: «No eras mi pueblo, pero ahora ya lo eres»; Tú, por tu parte, me dirás: «¡Y tú eres mi Dios!».

3 Oseas y su esposa infiel

1 Dios volvió a decirme: Oseas, tu esposa te es infiel: tiene un amigo que es su amante. También los israelitas me son infieles, pues adoran a dioses falsos y comen de las ofrendas que presentan. Sin embargo, ve y ama a tu esposa, así como yo amo a los israelitas.

2 Yo, Oseas, le pagué al amante de mi esposa quince monedas de plata y le di trescientos treinta kilos de cebada, para que ella volviera a vivir conmigo.

3 Y luego le dije a ella: Ya eres mía, y vivirás conmigo mucho tiempo. Si tú prometes serme fiel, yo también te seré fiel, aunque por un tiempo no viviremos como esposos.

4 Lo mismo sucederá con los israelitas: Durante mucho tiempo no tendrán rey ni jefe; tampoco podrán presentar ofrendas a Dios, ni sabrán lo que Dios quiere que hagan; además, no tendrán sacerdotes ni ídolos familiares.

5 Después de esto, se arrepentirán. Cuando llegue el tiempo del fin, volverán a obedecer a Dios y pedirán sus bendiciones, y también seguirán el ejemplo del rey David.

4 Pecados de los israelitas

1-2 ¡Escuchen, israelitas, el mensaje de su Dios! Él les dice: Yo tengo un pleito contra ustedes, los israelitas. Ustedes no son sinceros, ni aman a su prójimo. Todo el mundo mata y roba, miente y jura en falso, y no es fiel en su matrimonio. Por todos lados hay violencia. ¡Nadie me reconoce como su Dios!

3 Por eso todos en el país lloran y se desaniman, y van desapareciendo los animales de la tierra, del cielo y del mar.

4 Mi acusación es sólo contra los sacerdotes, ¡nadie más es responsable!

5 De día y de noche pecan, y hacen pecar a los profetas; ¡por eso destruiré a su descendencia!

6 Mi pueblo no ha querido reconocerme como su Dios, y por eso se está muriendo. ¡Ni los sacerdotes me reconocen! Por eso no quiero que sigan sirviendo en mi templo. Ya que olvidaron mis mandamientos, yo también me olvidaré de sus hijos.

7 Mientras más sacerdotes había, más gente pecaba contra mí; por eso, en vez de premiarlos, los voy a humillar.

8 Con las ofrendas que da mi pueblo para el perdón de sus pecados, ustedes hacen negocio. Por eso hacen todo lo posible para que el pueblo siga pecando.

9 La verdad es que castigaré tanto al pueblo como a los sacerdotes,

10 pues ambos se han alejado de mí. Por eso, aunque coman mucho, siempre se quedarán con hambre; y por más que traten de tener hijos, jamás llegarán a tenerlos.

Israel adora a los ídolos

11 ¡Por andar con prostitutas y emborracharse con vino, han perdido la cabeza!

12 Es tan fuerte su deseo sexual que prefieren andar con mujerzuelas; por eso se han apartado de mí. ¡Es increíble! Mi pueblo le pide consejos a un pedazo de madera; ¡quiere que un simple palo le ayude a adivinar el futuro!

13 Suben a lo alto de las colinas, y bajo la sombra de los árboles presentan ofrendas a sus dioses; ¡sus hijas y sus nueras se portan como unas mujerzuelas!

14 Pero yo no voy a castigarlas por tener sexo con tantos hombres, pues ustedes mismos tienen sexo con mujeres que adoran a otros dioses. ¡Un pueblo que pierde la cabeza, acaba por destruirse!

15 Si ustedes, israelitas, siguen adorando a otros dioses, ¡por lo menos que Judá no siga ese mal ejemplo! ¡Ya no adoren a esos ídolos de Guilgal y Bet-avén! ¡Ya no juren en mi nombre!

16 Ustedes son muy rebeldes; ¡son más tercos que una mula! No esperen que yo los trate como si fueran mansos corderos.

17 Si ustedes, israelitas, quieren seguir adorando ídolos, ¡pues sigan haciéndolo!

18 ¡Mientras se emborrachan, van en busca de mujerzuelas! Prefieren la mala vida a vivir como gente decente.

19 Por seguir adorando a esos ídolos, van a quedar en vergüenza y serán destruidos por completo.

5 Mensaje contra Israel

1-2 ¡Escúchenme, sacerdotes! ¡Atiéndanme, jefes de Israel! ¡Préstenme atención, familiares del rey! Yo los voy a juzgar y a castigar porque han engañado a mi pueblo. ¡Hicieron a Israel aun más rebelde! Lo obligaron a adorar a otros dioses en los santuarios de Mispá y de Tabor.

3 Israelitas, yo sé cómo se portan ustedes; ¡se portan como una prostituta,

4 porque adoran a otros dioses! No me reconocen como su Dios, ni se arrepienten de su maldad.

5 Ustedes son tan malos y orgullosos que acabarán por ser destruidos; ¡lo mismo pasará con Judá!

6 Pero un día me buscarán; y llevarán como ofrenda sus vacas y sus ovejas, pero no podrán encontrarme. ¡Yo los abandonaré!

7 Se han portado como una adúltera: me engañaron adorando a otros dioses, y sus descendientes ya no serán mi pueblo. Por eso, muy pronto, tanto ustedes como sus campos serán destruidos.

Dios castiga a Israel

8 ¡Avísenles a todos en Guibeá, Ramá y Bet-avén! ¡Den el toque de alerta! ¡Adviertan a los del reino de Judá!

9 Israelitas, yo les aseguro que cumpliré lo que antes anuncié. El día que yo los castigue, ¡dejaré su país en ruinas!

10 Voy a castigar con furia a los jefes de Judá, porque son como los ladrones de terrenos: han invadido el territorio de Israel.

11 El reino de Israel es maltratado y nadie respeta sus derechos porque prefirió adorar a dioses falsos.

12 Por eso yo acabaré con ese reino y con el reino de Judá; ¡los destruiré por completo, como destruye la polilla a la madera!

13 Y cuando Israel y Judá se vean en ruinas, buscarán la ayuda del rey de Asiria; pero él no podrá ayudarlos.

14-15 Yo atacaré a Israel y a Judá con la misma furia de un león. Los agarraré y los haré pedazos, y no habrá quien los salve. Luego los dejaré por un tiempo, y esperaré a que se arrepientan; cuando reconozcan que me han ofendido, se llenarán de angustia y me buscarán.

6 Los israelitas se arrepienten

1 Entonces los israelitas dijeron: ¡Volvamos a Dios! Aunque él nos ha castigado mucho, también nos dará su perdón.

2 Dos o tres días le serán suficientes para restaurarnos por completo.

3 ¡Volvamos a Dios! Si lo hacemos así, él vendrá a buscarnos; vendrá como el sol de cada día, ¡como las primeras lluvias que caen en primavera!

Dios responde a Israel

4 Pero Dios respondió: Habitantes de Israel y de Judá: ¿qué voy a hacer con ustedes?, ¿cómo debo tratarlos? Ustedes dicen que me aman, pero su amor es como la niebla y como el rocío de la mañana: ¡muy pronto desaparece!

5 Por eso el mensaje que les di por medio de mis profetas, fue como un rayo destructor que les trajo la muerte.

6 Ustedes me traen ofrendas, pero eso no es lo que quiero. Lo que quiero es que me amen y que me reconozcan como su Dios.

7 Pero ustedes se portan como Adán: son traidores y desobedientes, pues no han cumplido con mi pacto.

8 En la ciudad de Galaad sólo hay gente malvada y asesina.

9 En el camino que lleva al santuario de Siquem, los sacerdotes parecen ladrones: se esconden para asaltar y matar a todos los que pasan por allí.

10 Por lo que he visto, ustedes los de Israel son de lo peor: son gente infiel y desobediente.

11 ¡Pero ustedes, los de Judá, no son muy buenos que digamos, y por eso recibirán su castigo! Tiempo después, haré que todo mi pueblo regrese a su tierra.

7 Dios quiere ayudar a su pueblo

1 Dios continuó diciendo: Yo quiero salvar a mi pueblo, pero veo que todos ellos han cometido grandes pecados. Todos ellos son mentirosos y ladrones; entran a robar en las casas y en plena calle cometen asaltos.

2 Yo los conozco muy bien: están llenos de maldad, pero ellos no quieren reconocerlo.

3 Con sus pecados y mentiras alegran al rey y a sus jefes.

4 No hay uno solo de ellos que sea fiel en su matrimonio; se parecen a un horno caliente, al que no hace falta calentarlo más: el panadero sólo tiene que esperar a que fermente la masa.

5 Cuando el rey celebra alguna fiesta, los jefes beben hasta emborracharse; ¡y son esos borrachos burlones a quienes el rey llama sus amigos!

6 Pero ellos se acercan al rey con la intención de traicionarlo. No descansan durante la noche, sino que se la pasan planeando cómo destruirlo al día siguiente.

7 Son como un horno: ¡arden para quemar por completo a todos sus gobernantes! Quitan del trono a sus reyes, ¡pero ninguno de ellos busca mi ayuda!

El pueblo abandona a Dios

8 Los de Israel han hecho amistad con gente que no cree en mí. Mi pueblo se parece al pan mal horneado: por un lado está bien cocido y por el otro lado está crudo.

9 Los egipcios y los sirios están acabando con Israel, pero Israel ni siquiera se da cuenta. ¡Han acabado con sus fuerzas, pero tampoco se da cuenta!

10 Israel no ha querido arrepentirse ni buscarme a mí, que soy su Dios. Su orgullo no lo deja hacerlo.

11 Israel les pide ayuda y apoyo a las naciones de Egipto y Asiria. Actúa como una paloma confundida y sin inteligencia;

12 pero, cuando vaya a buscar ayuda, lo atraparé como a los pájaros y lo castigaré por su maldad.

13 ¡Qué mal les va a ir! ¡Se arrepentirán de haberme abandonado! ¡Terribles cosas vendrán sobre ellos porque se han rebelado contra mí! Yo estoy dispuesto a salvarlos, pero ellos sólo me dicen mentiras.

14 En sus camas lloran de dolor, y se hacen heridas a propósito, pero sus oraciones no son sinceras; lo hacen para pedirme buenas cosechas, pero siguen siendo rebeldes.

15 Yo les he dado enseñanzas, los he llenado de fuerza, pero ellos hacen planes contra mí.

16 No me toman en cuenta, y por eso fracasan en todo. Sus jefes se creen muy valientes, pero morirán en el campo de batalla y los egipcios se burlarán de ellos.

8

1 ¡Vigilante, toca la trompeta! ¡Da la señal de alerta! Ya viene el destructor de mi pueblo; se parece a un águila que se lanza sobre su presa. Mi pueblo es muy desobediente; no ha cumplido con mi pacto ni ha seguido mis mandamientos.

2 Ellos quieren convencerme a gritos de que reconocen que soy su Dios,

3 pero no quieren hacer lo bueno. ¡Por eso los perseguirá el enemigo!

4 Cuando eligieron a sus reyes, no me tomaron en cuenta; cuando nombraron a sus jefes, no me pidieron consejo; ¡ellos mismos se hicieron daño al fabricarse ídolos de oro y plata!

5-6 Habitantes de Samaria, ¡dejen ya de pecar! Estoy muy enojado con ustedes porque adoran a ese toro. ¡Es tan sólo un dios falso, hecho por ustedes mismos! Pero yo lo haré pedazos.

7 Si no me obedecen, recibirán su castigo: sus campos no darán frutos; y si llegaran a darlos, servirán de alimento para gente extraña.

8 ¡Israel quedará en ruinas! ¡Será la burla de todas las naciones!

9 Mi pueblo anda solo y perdido como perro callejero. Ha pedido ayuda a los asirios,

10 pero de nada le servirá pagar impuestos ni a Asiria ni a las otras naciones. Yo lo enviaré como prisionero a otras naciones lejanas, y por un tiempo no tendrá reyes ni jefes.

11 Israelitas, ustedes han construido muchos altares, que sólo les sirven para pecar.

12 Yo les di muchas enseñanzas, y se las puse por escrito, pero ustedes las despreciaron.

13 Les encanta presentar ofrendas, y luego se comen la carne de los animales que presentan; pero todo eso me disgusta. Yo soy su Dios, y tengo presente sus muchos pecados. Por eso los voy a castigar, y volverán a ser esclavos de Egipto.

14 Israelitas, ustedes se olvidan de mí, que soy su creador. Construyen palacios, edifican ciudades y altas murallas, pero yo le prenderé fuego a todo lo que construyan.

9 Dios castigará a Israel

1 El profeta le dijo al pueblo: ¡No cantes victoria, Israel! ¡No imites a esos pueblos que saltan de alegría! Te has apartado de Dios; has adorado a dioses falsos. Has sido infiel a tu Dios, porque al ver tus cosechas diste gracias a dioses falsos.

2 Por eso, pueblo de Israel, faltará el trigo en tus graneros y el vino en tus bodegas.

3-4 No tendrás pan ni vino para ofrecerlos en honor de tu Dios; el poco pan que comas será como pan de velorio: sólo sirve para calmar el hambre, pero no para ofrecérselo a Dios, porque Dios no lo acepta. Israel, ya no vivirás en la tierra que Dios te dio. Más bien volverás al país de Egipto y al país de Asiria. Allí tendrás que alimentarte con lo que Dios te ha prohibido comer.

5 Ya no podrás celebrar ninguna fiesta en honor de Dios.

6 Si escapas de la destrucción, Egipto se encargará de atraparte, y te enterrará en la ciudad de Menfis. ¡En tus ciudades y entre tus tesoros crecerán la maleza y los espinos!

7-8 Dios dijo: Pronto entenderás, Israel, que ya ha llegado el día en que te daré tu merecido. Tan grande es tu maldad, y tan exagerado es tu odio, que llamas «tontos» y «locos» a los profetas que te he enviado. Los envié para avisarte del peligro, pero tú les tendiste trampas; ¡ni en mi propio templo les ocultaste tu gran odio!

9 Tu maldad es tan grande que en nada eres diferente de los que vivían en Guibeá; ¡pero no olvidaré tu maldad y te castigaré por tus pecados!

10 Grande fue mi alegría cuando te hallé por primera vez. Fue como hallar uvas en el desierto; ¡fue como cortar los primeros frutos! Pero al llegar a Baal-peor tus antepasados se volvieron repugnantes por adorar a dioses falsos, a esos ídolos que tanto amaban.

11 Israel tiene grandes riquezas, pero esas riquezas no durarán; ¡volarán como hojas al viento! Sus mujeres ya no tendrán hijos.

12 Y si llegaran a tenerlos, yo les quitaré la vida. ¡Pobres de ellos cuando yo los abandone!

13 Israel y Tiro se parecen: los dos países tienen un hermoso territorio, ¡pero Israel conduce a sus hijos por un camino de muerte!

Oración de Oseas

14 Dios nuestro, ¡dales su merecido! ¡Que no tengan hijos sus mujeres! Y, si acaso llegan a tenerlos, ¡que no puedan alimentarlos!

Respuesta de Dios

15 Ustedes los israelitas llegaron a Guilgal y cometieron toda clase de maldad; por eso he dejado de amarlos, y los echaré de aquí. Ustedes son tan rebeldes como lo fueron sus jefes; por eso he dejado de amarlos.

16 Ustedes, israelitas, han sido heridos de muerte; ¡son como un árbol con raíces secas, que ya no da fruto! Si acaso llegan a tener hijos, yo les quitaré la vida, aunque los quieran mucho.

Habla el profeta

17 Oseas le dijo al pueblo: Israelitas, mi Dios los rechazará porque lo han desobedecido. Por eso perderán su patria y andarán vagando entre las naciones.

10

1 Ustedes, israelitas, llegaron a ser muy ricos; ¡parecían viñas cargadas de uvas! Pero mientras más ricos eran, más templos construían para sus dioses; mientras más fértil era su tierra, más bellos eran los monumentos que construían para sus ídolos.

2 Por eso Dios los va a castigar; destruirá sus templos y monumentos, y les hará pagar por su pecado, pues quieren al mismo tiempo amar a Dios y a los dioses falsos.

3 Ahora ustedes dirán: «Por no respetar a Dios, nos hemos quedado sin rey. Pero aunque lo tuviéramos, ya no podría ayudarnos».

4 Ustedes hablan por hablar; hacen tratos y no los cumplen. ¡Ustedes han sembrado maldad donde debería haber justicia!

5-6 Los habitantes de Samaria, la ciudad capital de Israel, se sienten orgullosos del toro que adoran en Bet-avén. Pero vendrá el ejército asirio y se llevará ese ídolo a su país como un regalo para su rey. Por eso los israelitas lloran y tiemblan de miedo, junto con sus sacerdotes; ahora todos se avergüenzan de haber adorado a ese ídolo.

7 Su rey, que vive en Samaria, será arrastrado por el río como un pedazo de madera.

8 Los templos que están en los cerros serán destruidos por completo, porque allí pecaban adorando a dioses falsos. En sus ruinas crecerán la maleza y las espinas. Entonces ustedes los israelitas desearán que una montaña les caiga encima y los mate.

Dios reprende a Israel

9 Dios le dijo a su pueblo: Israelitas, ¡ustedes son unos malvados! Comenzaron a pecar en Guibeá, y no han dejado de hacerlo; por eso serán destruidos en el mismo lugar donde pecaron.

10-11 Haré que las naciones se unan contra ustedes; así los castigaré, y quedaré satisfecho. Ustedes me obedecían con alegría, pero es tanto lo que han pecado que ahora tendré que castigarlos. Ni los de Judá ni los de Israel escaparán del castigo.

Habla el profeta

12 Oseas le dijo al pueblo: ¡Prepárense para buscar a Dios! Ustedes son como un campo nuevo; siembren la semilla de justicia, y tendrán una cosecha de amor. Entonces Dios vendrá y los salvará; será como la lluvia cuando cae sobre la tierra seca.

13 Pero ustedes han sembrado maldad; por eso ahora cosechan violencia y comen el fruto de sus mentiras. Pusieron su confianza en el poder de su ejército.

14 Ahora estalla la guerra, las fuertes murallas son destruidas, y mueren las madres y los hijos, como cuando el rey Salmán destruyó la ciudad de Bet-arbel.

15 Esto mismo les ha pasado a los habitantes de Betel, porque es grande su maldad. ¡Tan pronto como amanezca, el rey de Israel perderá la vida!

11 El amor de Dios por su pueblo

1 Dios le dijo a su pueblo: Israel, cuando eras un país joven, yo te demostré mi amor por ti. Yo te saqué de Egipto porque eres un hijo para mí.

2 Pero mientras más te llamaba, más te alejabas de mí, y les presentabas ofrendas a tus ídolos y dioses falsos.

3-4 Israel, por el gran amor que te tengo te llevé de la mano como a un niño, te enseñé a caminar, te di de comer y te ayudé en tus problemas; pero no te diste cuenta de todos estos cuidados.

5 No quisiste volver a mí; no quisiste dejar tu mala conducta. Por eso te castigaré y volverás a ser esclavo en Egipto; por eso Asiria te dominará.

6 Habrá guerra en tus ciudades, tus enemigos matarán a toda tu gente, y echarán a perder tus planes.

7 Pueblo mío, ya lo has decidido; me abandonaste por otros dioses. Los crees más fuertes que yo, pero no podrán ayudarte.

8 Israelitas, ¡yo no puedo abandonarlos! ¡No sería capaz de hacerlo! ¡No podría destruirlos, como destruí a la gente malvada de Admá y Seboím! ¡Mi gran amor por ustedes no me lo permite!

9 No volveré a enojarme con ustedes; ni volveré a destruirlos, pues no soy un simple hombre; ¡yo soy Dios, y habito en medio de mi pueblo!

10-11 Yo rugiré como un león, y ustedes me obedecerán. Desde Egipto y desde Asiria, sus descendientes volverán a mí; vendrán temblando de miedo, como las aves que vienen del oeste, y yo los llevaré a sus casas para que vuelvan a habitarlas. Yo soy el Dios de Israel, y les juro que así será.

Los pecados del pueblo de Dios

12 Ustedes los israelitasme mienten todo el tiempo; siempre me están engañando. Y ustedes los de Judá me traicionan, pues adoran a dioses falsos.

12

1 Son cada vez más mentirosos y violentos. Hacen pactos con Asiria, y envían regalos a Egipto; ¡y hasta piensan que del desierto les puede llegar ayuda!

Habla el profeta

2 Oseas le dijo al pueblo: Dios ha iniciado un juicio contra el pueblo de Israel; va a castigar su mala conducta.

3-4 Desde antes de nacer Jacob, el antepasado de ustedes, engañó a su hermano; y cuando llegó a ser hombre Dios se le apareció en Betel. Allí Jacob luchó con un ángel, ¡y consiguió vencerlo! Luego, con lágrimas en los ojos, le pidió a Dios que lo perdonara, y Dios lo perdonó.

5 ¡Nuestro Dios es el Dios todopoderoso!

6 Por eso, israelitas, pídanle a Dios que los perdone, actúen con amor y con justicia, y confíen siempre en su Dios.

Habla Dios

7-8 Dios le dijo al pueblo: Israelitas, ustedes son como los comerciantes que engañan a sus clientes: ¡les gusta usar pesas falsas! Se creen muy ricos y que tienen grandes riquezas; piensan que nadie puede probar que todo se lo han robado.

9 Pero yo soy su Dios desde que estaban en Egipto, y los haré vivir de nuevo en carpas, como cuando andaban en el desierto.

10 Yo les he hablado muchas veces por medio de mis profetas.

11 ¡Los israelitas que viven en Galaad, son gente malvada! Van a Guilgal, y allí matan toros para ofrecerlos a sus dioses; ¡pero yo los destruiré por completo! ¡Sus altares quedarán en ruinas! ¡Quedarán esparcidos por el campo!

Habla el profeta

12 Oseas dijo: Jacob, antepasado de ustedes, huyó al país de los arameos y allí, para conseguir esposa, trabajó como pastor de ovejas.

13 Por medio de un profeta, Dios cuidó de los israelitas y los sacó de Egipto.

14 Pero ahora los israelitas han hecho enojar a Dios, por eso los castigará. ¡Les hará pagar sus crímenes y toda la maldad que han cometido!

13 Dios castigará a Israel

1 Hubo un tiempo, cuando la tribu de Efraín hablaba y las demás tribus de Israel escuchaban con respeto; pero luego la gente de Efraín adoró al dios Baal, y ésa fue su sentencia de muerte.

2 ¡Y todavía sigue pecando! A sus artesanos les piden que hagan toros de plata, y ellos los fabrican a su gusto. ¡Besan a esos dioses falsos y les presentan ofrendas!

3 Por eso, pronto dejarán de existir. Se esfumarán como la niebla y como el rocío de la mañana. El viento los arrastrará como a hojas secas, como al humo que sale de la chimenea.

4 Dios le dijo a su pueblo: Israel, yo soy tu Dios; no tienes otro salvador. Yo he sido tu único Dios desde que estabas en Egipto.

5-6 Yo te cuidé y te alimenté cuando andabas por el desierto; pero te llenaste de orgullo y te olvidaste de mí en cuanto calmaste tu hambre.

7 Por eso voy a tratarte con la misma furia de un león. Me esconderé en el camino y te atacaré como un leopardo.

8 ¡Te atacaré como una osa que ha perdido a sus cachorros! Te desgarraré el pecho, y allí mismo te haré pedazos; te devoraré como un león, ¡como una fiera salvaje!

9 Israel, yo soy tu única ayuda, ¡pero ahora voy a destruirte!

10 Tú les dijiste a tus jefes que querías tener reyes y príncipes para que salvaran tus ciudades; pero ¿dónde están esos reyes? ¿Y qué pasó con esos jefes?

11 Tanto me hiciste enojar que te di el rey que pediste, pero tanto me has hecho enojar que ahora te lo he quitado;

12 ¡he anotado en un libro toda la maldad que has cometido!

13 ¡Qué tonto eres, Israel! ¡Te pareces a esos niños que están a punto de nacer, pero que no se acomodan!

14 ¿Y así esperas todavía que yo te libre de la muerte? ¡Pues ya no te mostraré compasión! Muerte, ¡ven con tu poder, ven a destruir a este pueblo!

15 Tal vez vuelvas a prosperar, pero yo te destruiré como el viento del desierto que seca los manantiales. Entonces tus enemigos se adueñarán de todos tus tesoros.

16 Castigaré a Samaria, tu ciudad capital, porque su gente se rebeló contra mí. Sus habitantes morirán en la batalla, a sus niños los estrellarán contra el suelo, ¡y partirán en dos a las embarazadas!

14 Habla el profeta

1-2 Oseas le dijo al pueblo: ¡Israel, Israel, tu maldad te ha hecho caer! ¡Arrepiéntete y regresa a tu Dios! Llega ante él con esta oración: «Dios mío, tú eres bueno; ¡perdona nuestros pecados y acepta nuestras alabanzas!

3 Asiria no puede salvarnos, ni con todos sus carros de guerra, así que no volveremos a adorar a dioses que hemos fabricado. Sólo en ti, Dios nuestro, encuentra el huérfano ternura».

Dios promete bendecir a su pueblo

4 Dios les dijo a los israelitas: Ya mi enojo se ha calmado. Ahora voy a mostrarles cuánto los amo y no volverán a ser rebeldes.

5-6 Haré que prosperen. Seré para ustedes como el rocío, que hace florecer a los lirios. Los haré crecer como un árbol; así echarán profundas raíces y extenderán sus hermosas ramas; tendrán la belleza de los olivos y el grato aroma de los cedros.

7 Todos vivirán en paz bajo la sombra de su árbol; volverán a cultivar sus campos, verán florecer sus viñas y disfrutarán del aroma del monte Líbano.

8 Israelitas, dejen ya esos ídolos inútiles. ¡Yo seré quien los cuide y quien escuche sus oraciones! Yo les daré sombra como un pino, y en mí encontrarán bienestar.

Mensaje final del libro

9 Si alguien es inteligente y sabio, debe prestar atención a este mensaje. Todo lo que Dios hace es correcto, y la gente buena sigue su ejemplo. ¡Pero los malvados son desobedientes y por eso Dios los destruye!


🔊 Formato Audio extraído de librivox – Bible (Reina Valera) 28-39: Los 12 Profetas Menores

Reflexiones sobre el libro Oseas

El libro de Oseas es uno de los libros proféticos de la Biblia, que forma parte del Antiguo Testamento. Este libro narra la historia de Oseas, un profeta que recibió el llamado de Dios para casarse con una prostituta llamada Gomer y tener hijos con ella. A través de esta relación, Dios quiso mostrar a su pueblo Israel su amor fiel y su misericordia, a pesar de la infidelidad y el pecado de los israelitas.

El libro de Oseas se divide en dos partes principales: la primera (capítulos 1 al 3) describe la vida personal de Oseas y su matrimonio con Gomer, que simboliza la relación entre Dios e Israel. La segunda parte (capítulos 4 al 14) contiene los mensajes proféticos de Oseas, que denuncian el alejamiento de Israel de Dios y sus consecuencias, pero también anuncian la esperanza de restauración y salvación para los que se arrepientan y vuelvan a Dios.

El libro de Oseas nos enseña sobre el amor incondicional de Dios por su pueblo, que no se basa en el mérito o el comportamiento humano, sino en su propia naturaleza y fidelidad. También nos muestra la gravedad del pecado y sus efectos destructivos en la vida personal y social. Finalmente, nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con Dios y a renovar nuestro compromiso con él, reconociendo su bondad y su perdón.

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