Misa para la reconciliación

LECCIONARIO VI. MISA PARA LA RECONCILIACIÓN

Lecturas Misa para la reconciliación.

LECCIONARIO VI. MISA PARA LA RECONCILIACIÓN

El Leccionario VI incluye una Misa especial conocida como la Misa para la reconciliación, en la cual se ora por la sanación, la unidad y la restauración de las relaciones rotas. Durante esta Misa, se leen lecturas específicas que nos invitan a reflexionar sobre la importancia de la reconciliación en nuestras vidas y nos animan a trabajar por la restauración de la armonía y la paz en nuestras relaciones personales y comunitarias.

Las lecturas seleccionadas para la Misa para la reconciliación nos ofrecen enseñanzas y orientaciones fundamentales para promover la sanación y la unidad. Estas lecturas nos recuerdan la importancia del perdón, la compasión y la humildad en el proceso de reconciliación y nos animan a buscar la paz y la armonía en nuestras relaciones con los demás.

Además, las lecturas de la Misa para la reconciliación nos invitan a examinar nuestras actitudes y a asumir la responsabilidad de buscar la paz y la sanación en nuestras relaciones. Nos desafían a dejar de lado el orgullo y el rencor, y a abrazar el perdón y la misericordia como camino hacia la reconciliación. También nos animan a buscar la restauración de la justicia y la equidad en nuestras relaciones rotas.

La Misa para la reconciliación es una oportunidad para unirnos en oración y acción por la sanación y la unidad. Nos invita a orar por aquellos que han sido heridos y dañados en sus relaciones, y nos desafía a ser instrumentos de reconciliación y paz. También nos anima a examinar nuestras propias actitudes y a tomar las medidas necesarias para buscar la reconciliación y la restauración en nuestras vidas.

Que en esta celebración, podamos unir nuestras voces en oración, pidiendo al Señor que nos otorgue la gracia de la reconciliación y la sanación. Que podamos ser agentes de paz y reconciliación en nuestras relaciones personales, familiares y comunitarias. Que el amor y la compasión de Cristo nos guíen en el camino de la reconciliación y nos lleven a experimentar la plenitud de la paz y la unidad. Amén.


MISA PARA LA RECONCILIACIÓN

LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

1. Buscad al Señor

Lectura del libro de Isaías 55, 1-3. 6-9

Así dice el Señor:

«Oíd, sedientos todos, acudid por agua,
también los que no tenéis dinero:

venid, comprad trigo, comed sin pagar
vino y leche de balde.

¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta,
y el salario en lo que no da hartura?

Escuchadme atentos, y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.

Inclinad el oído, venid a mí:
escuchadme, y viviréis.

Sellaré con vosotros alianza perpetua,
la promesa que aseguré a David.

Buscad al Señor mientras se le encuentra,
invocadlo mientras esté cerca;

que el malvado abandone su camino,
y el criminal sus planes;

que regrese al Señor, y él tendrá piedad,
a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes,
vuestros caminos no son mis caminos
—oráculo del Señor—.

Como el cielo es más alto que la tierra,
mis caminos son más altos que los vuestros,
mis planes, que vuestros planes».

Palabra de Dios.

2. No recordaré sus pecados

Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34

«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—.

Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días —oráculo del Señor—: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: «Reconoce al Señor». Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande —oráculo del Señor—, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados».

Palabra de Dios.

3. Buscad el bien y viviréis

Lectura de la profecía de Amós 5, 4. 14-15. 21-24

Así dice el Señor:
«Buscadme y viviréis».

Buscad el bien y no el mal, y viviréis,
y así estará con vosotros

el Señor, Dios de los ejércitos,
como deseáis.

Odiad el mal, amad el bien,
defended la justicia en el tribunal.

Quizá se apiade el Señor, Dios de los ejércitos,
del resto de José.

«Detesto y rehúso vuestras fiestas,
no quiero oler vuestras ofrendas.

Aunque me ofrezcáis holocaustos y dones,
no me agradarán;

no aceptaré los terneros cebados
que sacrificáis en acción de gracias.

Retirad de mi presencia el estruendo del canto,
no quiero escuchar el son de la cítara;

fluya como el agua el juicio,
la justicia como arroyo perenne».

Palabra de Dios.

LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

1. Arrepentíos y convertíos

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 3, 13-15. 17-19

En aquellos días, Pedro dijo a la gente:

—«El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos.

Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados».

Palabra de Dios.

2. Reconciliaos con Dios

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17 — 6, 2

Hermanos:

El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.

Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.

Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice:

«En tiempo favorable te escuché,
en día de salvación vine en tu ayuda»;

pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios

3. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 1-5

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis.

Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.

Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.

Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.

Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él.

Palabra de Dios.

SALMOS RESPONSORIALES

1. Salmo responsorial: Salmo 50, 3-4. 12-13. 14-15 (R.: 12a)

R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.

2. Salmo responsorial: Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8 (R.: 7)

R. Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuenta de los delitos,
Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R.

ALELUYA Y VERSÍCULOS ANTES DEL EVANGELIO

1. Aleluya Ez 33, 11

No quiero la muerte del malvado
—dice el Señor—,
sino que cambie de conducta y viva.

2. Aleluya Mt 5, 9

Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

3. Aleluya Mc 1, 15

Está cerca el reino de Dios:
convertíos y creed en el Evangelio.

EVANGELIOS

1. Estad alegres y contentos

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

—«Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.

2. ¿Qué hacemos nosotros?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 7-18

En aquel tiempo, muchos iban a que Juan los bautizara; y les decía:

—«¡Camada de víboras! ¿Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Producid el fruto que la conversión pide y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro padre», porque os digo que de estas piedras Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán.

El hacha está tocando la base de los árboles, y el árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego».

La gente le preguntaba:

—«¿Entonces, qué hacemos?».

Él contestó:

—«El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:

—«Maestro, ¿qué hacemos nosotros?».

Él les contestó:

—«No exijáis más de lo establecido».

Unos militares le preguntaron:

—«¿Qué hacemos nosotros?».

Él les contestó:

—«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga».

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:

—«Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

Palabra del Señor.

3. Padre, he pecado

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

—«Ése acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:

«Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo:

«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino a donde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo:

«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».

Pero el padre dijo a sus criados:

«Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies, traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo.

Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Este le contestó:

«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud».

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre:

«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».

El padre le dijo:

«Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado»».

Palabra del Señor.


II. POR LAS NECESIDADES PÚBLICAS

Misa por la patria o por la ciudad, por los que gobiernan…

Misa por la paz y la justicia

Misa para la reconciliación

Misa en tiempo de guerra o desorden


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