San Beda el Venerable

LECCIONARIO V. 25 de mayo. San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia

Lecturas San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia.

25 de mayo San Beda el Venerable

El 25 de mayo, la Iglesia Católica celebra la memoria de San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia. Este día, según el Leccionario, nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la vida y las enseñanzas de este destacado santo que contribuyó significativamente al desarrollo del pensamiento teológico y a la preservación del conocimiento en la Edad Media.

San Beda nació en el año 673 en Inglaterra y desde joven mostró un profundo interés por el estudio y la vida monástica. Ingresó al monasterio de Wearmouth a la edad de siete años, y más tarde, continuó su formación en el monasterio de Jarrow. Fue un erudito prolífico, destacándose por sus escritos en áreas como la exégesis bíblica, la historia, la teología y la música.

Uno de sus trabajos más conocidos es «Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés», una crónica que abarca desde la llegada de los romanos a Gran Bretaña hasta su tiempo. Su obra proporciona una valiosa visión de la historia de la Iglesia y la sociedad en la Inglaterra medieval.

Además de sus contribuciones a la historia, San Beda destacó por su profunda espiritualidad y devoción. Su vida monástica estuvo marcada por la oración constante y la búsqueda de la santidad. Se le atribuyen numerosos escritos teológicos y comentarios bíblicos que reflejan su profundo conocimiento y amor por las Escrituras.

En este día, al reflexionar sobre el legado de San Beda el Venerable, podemos inspirarnos en su dedicación al estudio, la oración y el servicio a Dios. Su vida nos recuerda la importancia de cultivar una profunda relación con Dios a través de la búsqueda del conocimiento y la práctica de una vida espiritual auténtica.

Que la memoria de San Beda el Venerable nos impulse a seguir su ejemplo, comprometiéndonos con el crecimiento espiritual y la búsqueda incansable de la verdad, para que, al igual que él, podamos ser testigos de la presencia de Dios en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea.


25 de mayo: San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia

PRIMERA LECTURA

Nosotros tenemos la mente de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 10b-16

Hermanos:

El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Pues, lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que tomemos conciencia de los dones que de Dios recibimos.

Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. A nivel humano, uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre de espíritu tiene un criterio para juzgarlo todo, mientras él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién conoce la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 118, 9. 10. 11. 12. 13. 14 (R.: 12b)

R. Enséñame, Señor, tus leyes.

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus palabras. R.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R.

En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. R.

Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes. R.

Mis labios van enumerando
los mandamientos de tu boca. R.

Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R.

Aleluya y versículo antes del evangelio Jn 6, 63b. 68b

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;
tú tienes palabras de vida eterna.

EVANGELIO

Jesús enseñaba con autoridad

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Aquel día, muchos dirán:

«Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?».

Yo entonces les declararé:

«Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados».

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente».

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Palabra del Señor.


Lecturas del Leccionario V para el mes de mayo


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