Misa del Misterio de la Santa Cruz

LECCIONARIO VI. MISAS VOTIVAS. MISA DEL MISTERIO DE LA SANTA CRUZ

Lecturas Misa del Misterio de la Santa Cruz.

LECCIONARIO VI. MISAS VOTIVAS. MISA DEL MISTERIO DE LA SANTA CRUZ

El «Leccionario VI. Misas Votivas. Misa del Misterio de la Santa Cruz» es una celebración litúrgica que se centra en uno de los símbolos más poderosos y significativos del cristianismo: la cruz. Esta misa votiva tiene como objetivo profundizar en el misterio de la cruz, no solo como un instrumento de tortura y muerte, sino como el emblema de la redención y la salvación para los creyentes. La cruz, que en su origen era un símbolo de sufrimiento y humillación, se transforma en el cristianismo en un signo de esperanza, victoria y amor divino.

Las lecturas seleccionadas para esta misa están diseñadas para resaltar diferentes aspectos teológicos y espirituales de la cruz. La primera lectura, tomada del libro de los Números (Nm 21, 4b-9), narra el episodio de la serpiente de bronce, donde Moisés, siguiendo las instrucciones de Dios, levanta una serpiente de bronce en un asta para que aquellos que habían sido mordidos por serpientes venenosas pudieran mirarla y ser sanados. Este pasaje prefigura la elevación de Cristo en la cruz, como un medio de salvación para todos los que creen en Él.

En conjunto, estas lecturas ofrecen una profunda meditación sobre el misterio de la cruz, invitando a los fieles a contemplar su significado y a vivir a la luz de su mensaje de redención y esperanza. La Misa del Misterio de la Santa Cruz no solo celebra este símbolo central del cristianismo, sino que también llama a los creyentes a abrazar su propia cruz y seguir a Cristo en su camino de amor y sacrificio.


MISA DEL MISTERIO DE LA SANTA CRUZ

PRIMERAS LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO. Fuera del tiempo pascual

1. Prescripciones sobre la cena pascual

Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

—«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.

Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas.

Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.

Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.

La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis; cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto.


Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones»».

Palabra de Dios.

2

Lo condenaremos a muerte ignominiosa

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1a. 12-22

Se dijeron los impíos, razonando equivocadamente:

«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo:
se opone a nuestras acciones,

nos echa en cara nuestros pecados,
nos reprende nuestra educación errada;

declara que conoce a Dios
y se da el nombre de hijo del Señor;

es un reproche para nuestras ideas
y sólo verlo da grima;

lleva una vida distinta de los demás,
y su conducta es diferente;

nos considera de mala ley
y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras;

declara dichoso el fin de los justos
y se gloría de tener por padre a Dios.

Veamos si sus palabras son verdaderas,
comprobando el desenlace de su vida.

Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará
y lo librará del poder de sus enemigos;

lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura,
para comprobar su moderación

y apreciar su paciencia;
lo condenaremos a muerte ignominiosa,

pues dice que hay quien se ocupa de él».

Así discurren, y se engañan,
porque los ciega su maldad;

no conocen los secretos de Dios,
no esperan el premio de la virtud

ni valoran el galardón de una vida intachable.

Palabra de Dios.

3

No me tapé el rostro ante ultrajes

Lectura del libro de Isaías 50, 4-9a

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los iniciados.

El Señor me abrió el oído; yo no resistí
ni me eché atrás:

ofrecí la espalda a los que me apaleaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;

no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.

Tengo cerca a mi defensor,
¿quién pleiteará contra mí?

Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí?
Que se me acerque.

Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios.

4

Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Lectura del libro de Isaías 52, 13 — 53, 12

Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.

Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,

así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,

al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.

¿Quién creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?

Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.

Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,

como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.

El soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;

nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;

pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.

Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;

y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.

Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;

como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,

aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;

verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.

Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.

Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,

él tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.

5

Mirarán al que atravesaron

Lectura de la profecía de Zacarías 12, 10-11; 13, 6-7

Así dice el Señor:

«Derramaré sobre la dinastía de David
y sobre los habitantes de Jerusalén
un espíritu de gracia y de clemencia.

Me mirarán a mí, a quien traspasaron,
harán llanto como llanto por el hijo único, y
llorarán como se llora al primogénito.

Aquel día, será grande el luto en Jerusalén,
como el luto de Hadad-Rimón
en el valle de Meguido.

Le dirán: «¿Qué son esas heridas
entre tus brazos?».

Y él responderá: «Me hirieron
en casa de mis amantes».

Álzate, espada, contra mi pastor,
contra mi ayudante
—oráculo del Señor de los ejércitos—.

Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas,
volveré mi mano contra las crías».

Palabra de Dios.

PRIMERAS LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO. Tiempo pascual

1

Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

—«Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios.

2

Dios ha cumplido la promesa resucitando a Jesús

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 26-33

En aquellos días, habiendo llegado Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:

—«Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las profecías que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:

«Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»».

Palabra de Dios.

3

El primogénito de entre los muertos, que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8

Gracia y paz a vosotros de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra.

Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Mirad: Él viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa.

Sí. Amén.

Dice el Señor Dios:

«Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso».

Palabra de Dios.

4

Con tu sangre nos compraste para Dios

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 6-12

Yo, Juan, vi delante del trono, rodeado por los seres vivientes y los ancianos, a un Cordero en pie; se notaba que lo habían degollado, y tenía siete cuernos y siete ojos —son los siete espíritus que Dios ha enviado a toda la tierra—. El Cordero se acercó, y el que estaba sentado en el trono le dio el libro con la mano derecha.

Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante él; tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume —son las oraciones de los santos—. Y entonaron un cántico nuevo:

«Eres digno de tomar el libro
y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado y con tu sangre
compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra».

En la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente:

«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza».

Palabra de Dios.

SALMOS RESPONSORIALES

1

Salmo responsorial: Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R.: 2a; o bien: Mt 26, 42)

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

O bien:

R. Padre mío, hágase tu voluntad.

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere». R.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R.

2

Salmo responsorial: Salmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25 (R.: Lc 23, 46)

R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios».
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor. R.

3

Salmo responsorial: Salmo 54, 5-6. 13. 14-15. 17-18. 23 (R.: 23a)

R. Encomiendo a Dios tus afanes, que él te sustentará.

Se me retuercen dentro las entrañas,
me sobrecoge un pavor mortal,
me asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto. R.

Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario se alzase contra mí,
me escondería de él. R.

Pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de Dios. R.

Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz. R.

Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás que el justo caiga. R.

4

Salmo responsorial: Salmo 68, 8-10. 15-16. 17-19. 20-21. 22 y 27. 31 y 33-34 (R.: 14c; o bien: 21cd)

R. Que me escuche tu gran bondad, Señor.

O bien:

R. Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí. R.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos. R.

Estás viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro. R.

En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
Porque acosan al que tú has herido,
cuentan las llagas del que tú has lacerado. R.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestros corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R.

5

Salmo responsorial: Salmo 117, 5-7. 10-12. 13-15 (R.: 1)

R. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

O bien:

R. Aleluya.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios. R.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé. R.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R.

O bien:


Salmo responsorial: Salmo 117, 16ab y 17-18. 19-21. 22-24 (R.: 1)

R. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

O bien:

R. Aleluya.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

SEGUNDAS LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

1

Nosotros predicamos a Cristo crucificado

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 18-25

Hermanos:

El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación —para nosotros— es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces». ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?

Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados —judíos o griegos—, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.

2

Él es nuestra paz, derribando con su carne el odio

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 13-18

Hermanos:

Ahora estáis en Cristo Jesús.

Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos.

Él es nuestra paz.

Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio.

Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo.

Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca.

Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

Palabra de Dios.

3

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;

al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

4

Para conocer a Cristo, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 8-14

Hermanos:

Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.

Para reconocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos.

No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí.

Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

5

Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado.

Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios.

ALELUYA Y VERSÍCULOS ANTES DEL EVANGELIO

1

Aleluya Flp 2, 8-9

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».

2

Aleluya

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu cruz has redimido el mundo.

3

Aleluya

Por un árbol nos hicimos esclavos
y por la santa cruz hemos sido liberados;
el fruto de un árbol nos sedujo,
el Hijo de Dios nos redimió.

EVANGELIOS

1

El Hijo del hombre tiene que padecer mucho

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 31-34

En aquel tiempo, empezó Jesús a instruir a sus discípulos:

—«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:

—«¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:

—«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

Palabra del Señor..

2

Agarrando al hijo querido, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos:

—«Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron.

Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron:

«Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia».

Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros.

¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?».

Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.

Palabra del Señor.

3

Mirad mis manos y mis pies

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:

—«Paz a vosotros».

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:

—«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

—«¿Tenéis ahí algo que comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:

—«Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:

—«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Palabra del Señor.


4

Cuando sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 31-36a

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

—«Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí».

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

La gente le replicó:

—«La Escritura nos dice que el Mesías seguirá aquí para siempre; ¿cómo dices tú que el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto? ¿Quién es ese Hijo de hombre?».

Jesús les contestó:

—«Todavía os queda un rato de luz; caminad mientras tenéis luz, antes que os sorprendan las tinieblas. El que camina en tinieblas no sabe dónde va; mientras hay luz fiaos de la luz, para que seáis hijos de la luz».

Palabra del Señor.

LECTURAS DE LA HISTORIA DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

1

¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido?

Lectura del santo evangelio según san Mateo 26, 47-56

Todavía estaba hablando Jesús a sus discípulos, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

—«Al que yo bese, ése es; detenedlo».

Después se acercó a Jesús y le dijo:

—«¡Salve, Maestro!».

Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

—«Amigo, ¿a qué vienes?».

Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.

Jesús le dijo:

—«Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? El me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar».

Entonces dijo Jesús a la gente:

—«¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis».

Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas.

En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Palabra del Señor.

2

Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu

Lectura del santo evangelio según san Mateo 27, 33-50

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo.

Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos».

Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:

—«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».

Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:

—«A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?».

Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

—«Elí, Elí, lamá sabaktaní».

(Es decir:

—«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)

Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:

—«A Elías llama éste».

Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían:

—«Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo».

Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Palabra del Señor.

3

Me muero de tristeza

Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 32-41

Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo Jesús a sus discípulos:

—«Sentaos aquí mientras voy a orar».

Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:

—«Me muero de tristeza; quedaos aquí velando».

Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:

—«¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz.

Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».

Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:

—«Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil».

De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras.

Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle.

Volvió por tercera vez y les dijo:

—«Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores».

Palabra del Señor.

4

Todos lo declararon reo de muerte

Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 55-65

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo:

—«Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres»».

Pero ni en esto concordaban los testimonios.

El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:

—«¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?».

Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:

—«¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?…».

Jesús contestó:

—«Sí, lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo».

El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:

—«¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?».

Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:

—«Haz de profeta».

Y los criados le daban bofetadas.

Palabra del Señor.

5

¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos? ¡Crucifícalo!

Lectura del santo evangelio según san Marcos 15, 1-15

Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.

Pilato le preguntó:

—«¿Eres tú el rey de los judíos?».

Él respondió:

—«Tú lo dices».

Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:

—«¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti».

Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.

Pilato les contestó:

—«¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

—«¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».

Ellos gritaron de nuevo:

—«¡Crucifícalo!».

Pilato les dijo:

—«Pues ¿qué mal ha hecho?».

Ellos gritaron más fuerte:

—«¡Crucifícalo!».

Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Palabra del Señor.

6

Lo vistieron de púrpura y le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado

Lectura del santo evangelio según san Marcos 15, 16-20

En aquel tiempo, los soldados se llevaron a Jesús al interior del palacio —al pretorio— y reunieron a toda la compañía.

Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:

—«¡Salve, rey de los judíos!».

Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa.

Y lo sacaron para crucificarlo.

Palabra del Señor.

7

Eloí, Eloí, lamá sabaktaní. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado

Lectura del santo evangelio según san Marcos 15, 33-39; 16, 1-6

Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:

—«Eloí, Eloí, lamá sabaktaní».

(Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

—«Mira, está llamando a Elías».

Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:

—«Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».

Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

—«Realmente este hombre era Hijo de Dios».

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:

—«¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?».

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:

—«No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron».

Palabra del Señor.

8

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

Lectura del santo evangelio según san Lucas 23, 33-34. 39-46

Cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», crucificaron allí a Jesús, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Jesús decía:

—«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

—«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro le increpaba:

—«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada».

Y decía:

—«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le respondió:

—«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

—«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

Y, dicho esto, expiró.

Palabra del Señor.

9

Le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua

Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 28-37

Sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

—«Tengo sed».

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

—«Está cumplido».

E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.

Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron».

Palabra del Señor.


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